Antes de terminar el secundario, Larisa Chausovsky escribía notas periodísticas, a modo de colaboración, que se publicaban en el entonces semanario “Análisis”. La facilidad para tratar con las palabras y una mirada curiosa y atenta sobre lo que sucedía a su alrededor, promediando los  90´, hacían presumir que se estaba gestando allí una periodista de altísimo nivel. Larisa lo hacía muy bien. Sin embargo, si bien profundizó su interés por la escritura, los textos y el amplio universo del lenguaje, fue otro el camino que eligió.

Larisa Chausovsky es hoy una referente nacional en su especialidad: la promoción de la lectura para niños y jóvenes. Ella coordina la versión infantil del Filba (Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires),  que concentra algunas de las propuestas más importantes del universo literario, no solo  en Argentina sino en toda la región. Larisa dirige el Filbita y también el Filba Escuelas, donde lleva toda la experiencia de trabajo en promoción a la lectura al lugar de los hechos.

Larisa es de Paraná, estudió y se licenció en la carrera de Comunicación Social, hizo periodismo y se encontró con su vocación, justamente, en una entrevista en el marco de un trabajo académico. La charla era con el psicólogo Solidario Romero y tenía como eje el trabajo infantil, porque se venía encima la efeméride sobre el tema y Larisa debía entregar un texto al respecto. En ese encuentro, Solidario dijo algo que le llegó de un modo profundo, decisivo.

Palabras más o menos, el psicólogo le habló de la importancia de contarle cuentos a los chicos y analizó cómo a un niño al que no se le contaban cuentos, carecía de la capacidad de hipotetizar, por lo que limitaba su mirada al mundo de lo concreto. El planteo no sólo le pareció cierto, sino que lo sintió como una pérdida imposible, como un abismo. Eso, sin contar otras cuestiones que hablaron con Solidario, como las limitaciones del lenguaje en el marco de esa carencia sobre todo afectiva y de la inigualable fuerza del acto mismo de sentarse a compartir un cuento. Para Larisa, ese hecho, aún hoy, ante toda la competencia virtual habida y por haber, no tiene competencia. Contar una historia, frente a frente, siempre gana. Siempre va a ganar.

Desde entonces, Larisa orientó todos sus esfuerzos profesionales en ese camino, que ella define como  el campo del lenguaje, la literatura y las infancias y todo lo que significa ese vínculo. Las oportunidades para avanzar por allí se dieron a partir, en primer lugar, de la pasantía para la Facultad de Ciencias de la Educación, realizada en la casa de los chicos en situación de calle y, posteriormente, también en promoción de la lectura, en el proyecto Baúles Andariegos.

La estupenda idea de una biblioteca itinerante que cabía en una serie de baúles fue el espacio ideal para terminar de perfilar su horizonte profesional. “Para mí fue una experiencia fundante, tengo alma de baulera, siempre lo menciono y me acompaña en el corazón”, dice.

Los baúles pasaban por escuelas, centros de salud, penales, hospitales. Y en realidad no era solo pasar y compartir libros, sino también y fundamentalmente contar historias. Vivir y revivir el rito encantado de narra una historia, frente a frente.

Luego de un noviazgo a la distancia con quien es hoy su marido y papá de sus dos hijos, Larisa se casa en 2004 y resuelven la mudanza a Buenos Aires. Un tiempo antes ya había comenzado a realizar algunos trabajos importantes que tenían sede en Ciudad de Buenos Aires y en su especialidad: en 2003 lo hizo para la Sociedad Argentina de Pediatría en un programa de promoción de la lectura, integrado el tema ya como eje central en el desarrollo del niño.

Al poco tiempo de vivir en Buenos Aires, comenzó a trabajar en el área infantil y juvenil de una de las editoriales más importantes de Argentina. En Alfagura continuó su formación y se abrió al campo del universo editorial sin dejar de lado una vocación muy clara respecto al trabajo en promoción de lectura.

“Trabajé en el departamento de literatura infantil, en promoción y prensa, fue un pantallazo inicial espectacular. Al año siguiente, seguí pero más orientada a comunicación y marketing, prensa de autores, agendas, visitas de autores en las escuelas, lo que sucedía en la Feria del Libro, trabajando con un montón de interlocutores, lo que fue súper rico como experiencia”, recuerda.

Desde Luis María Pescetti a Ricardo Muriño, Gustavo Roldán o Elsa Borneman, Larisa trabajó con los principales referentes de la literatura infantil y juvenil de Latinoamérica que publicaban en Alfagura. También y quizás como punto culmine de su labor en la editorial, tuvo el grandísimo honor de acompañar los pasos de María Elena Walsh en las dos últimas obras de literatura infantil que publicó en el sello.

“Fue súper emocionante, en el 2008 salieron los tres últimos libros que publicó en la editorial. Fue increíble, ella estaba contenta. Fue un honor enorme y una emoción desbordante, fuimos a tomar el té a su casa, porque hicimos un video, la grabamos allí, hablamos con ella, vimos su biblioteca, Sara Facio cuidaba todos los detalles. También trabajamos en la presentación de los libros”, recuerda.

Un poco antes del nacimiento de su primer hijo, Larisa dejó la editorial para dedicarse a Tobi en sus primeros años. Un tiempo después fue reconectando, hizo trabajos freelance de prensa para editoriales y en 2011, ya cuando su niño cumplía dos años, lanzó un proyecto de narraciones y de meriendas. Al poco tiempo la convocan, primero a la Feria del Libro Infantil, luego al Filbita (Festival Intenacional de Literatura Infantil y Juvenil) y posteriormente ya se hace cargo y dirige la propuesta. Cosa que realiza desde entonces y a la que se añade el Filba escuela, siempre con la idea de contribuir al desarrollo de comunidades lectoras.

“El paso por Alfaguara me formó en lo que es el mundo editorial. Pude trabajar en un espacio donde más allá de que fuera una empresa se podía pensar la lectura como práctica social y sobre lo que implica en el desarrollo de la sociedad.  Ahora en Filba se trata de cómo generar los espacios de encuentros y de algún modo me devuelve al alma baulera”, sostiene.

Como especialista de promoción de lectura, Larisa analiza que de un tiempo a esta parte, todo lo que tiene que ver con la lectura y la promoción de ese ejercicio “encuentra un espacio en el debate, hay interés e inquietudes de mucha gente que está pensando cómo hacer para acercar a los pibes y que la literatura resulte accesible”. Ahora bien, el desafío central, dice ella, sigue siendo “volver al contacto con el otro”. En definitiva, al encuentro, sostiene Larisa, que no tiene competencia posible: a sentarse juntos y contar una historia.

 

Julián Stoppello

De la Redacción de Entre Ríos Ahora