Por Koky Satler (*)

 

“La tristeza parte toda la pieza y estrangula mi corazón” (Ramiro Maradey)

 

Con la herida abierta y con el golpe tan presente resulta muy difícil ensayar alguna semblanza sobre Ramiro Maradey.

Su partida precoz, injusta, innecesaria, que enoja y que duele profundo, unió a los músicos de rock de Paraná en una inédita lágrima.

Estos días las redes sociales se inundaron con sus fotos y con testimonios de los que lo conocíamos y queríamos.

Es que Ramiro no pasó desapercibido por esta vida.

Sus cincuenta inmortales años significaron mucho más que cincuenta otras mortales vidas.

Tipo de inmensa sensibilidad, amigo de fierro, personaje de la ciudad, gran cantante, autor y compositor, militante social, gestor incansable de proyectos, generador de ideas, soñador empedernido, sabedor de la risa, padre afectuosísimo, genial contador de historias.

Todos tenemos una anécdota sobre él y con él; y de cada uno de todos, Ramiro tenía la suya.

Construyó, junto a su gran amigo “El Corcho” Soñez, una de las bandas que marcaron la historia de la música de Paraná (y no solo del rock).

Acólitos Anónimos pusieron la vara bien alto, consiguiendo que público, músicos y productores de otras regiones los admiraran, en base a discos con grandes canciones y sonido profesional, espectáculos cuidadísimos y ese aura mágica que ilumina a unos pocos y que viajaba sobre Ramiro.

Cuando un sueño se le ponía adelante nada lo detenía, pagando el precio que tuviera que pagar. Vaya un ejemplo de esto: llevaba a San Lorenzo tatuado en su piel y se encontraba escribiendo un guion para que Viggo Mortensen lo convirtiera en película. Recorría las casas de los que escribimos contando, con entusiasmo de niño, en qué instancia estaba su historia. Quizás presintiendo el final, hace unos días le dijo a su hija Lía que debía terminar el libro y llevárselo al actor. Porque para él su obra trascendía su existencia.

Su máximo sueño era ver una sociedad más justa, por lo que también lo regó con palabras y acciones. “Lombriz no, mojarra no”, dice una de sus canciones más recientes, y ahora rompió la última de sus estructuras: abandonó su cuerpo y se fue hacia la libertad, a pedirle un beso. A seguir trascendiendo.

 

 

(*) Músico, escritor, compositor. Especial para Entre Ríos Ahora.