Durante tres horas, Hernán Rausch declaró en la apertura del juicio al cura Justo José Ilarraz por los abusos en el Seminario.

Ilarraz llegó a Tribunales minutos después de las 8 y se recluyó en la Oficina de Gestión de Audiencias (OGA), en la planta baja de Tribunales, acompañado por su abogado, Jorge Muñoz, y uno de sus hermanos. Ahí permaneció por varios minutos para protegerse del acoso de la prensa.

Salió cerca de las 9, momento fijado para el inicio del juicio.

No habló, de igual modo. No pronunció palabra ante los medios.

Su ingreso desde la OGA a la sala de audiencias N° 1 fue en medio de un  tumulto: lo rodearon efectivos de la Policía, cámaras y micrófono, y en todo el trayecto se mantuvo silente.

Pero no ingresó a la sala de audiencias, sino que eligió preservarse en otro salón, a resguardo de los medios.

La presidenta del tribunal, Alicia Vivian, hizo saber, antes de la apertura del juicio, que las audiencias serían sin la presencia de la prensa, y que ni siquiera va a permitir que se tomen imágenes del imputado. “Es para mantener la imparcialidad de los jueces”, justificó, y cuando se le pidieron precisiones, argumentó, de modo tajante: “Así lo hacemos en Gualeguaychú”.

Vivian es integrante del Tribunal de Juicio y Apelaciones de Gualeguaychú, y en el juicio a Ilarraz interviene junto a dos magistrados de Paraná, Gustavo Pimentel y Carolina Castagno.

También estará vedado a la prensa el ingreso a las dos jornadas de alegatos, el 10 y el 11 de mayo, aunque sí será pública la lectura del adelanto de sentencia.

La resolución de todos esos aspectos procesales del juicio demandó dos horas, aproximadamente. Durante ese tiempo, las tres víctimas que declararon este lunes se mantuvieron en una sala contigua al salón de audiencias.

Hernán Rausch quiso evitar el contacto con los medios e ingresó por la Alcaidía.

Su familia –casi todos sus hermanos- lo acompañaron y esperaron a que concluyera su declaración.

Nunca había puesto el cuerpo ni su rostro ante los medios para hablar de la causa Ilarraz, ni de los abusos que soportó, hasta ahora.

Fabián Schunk y Hernán Rausch, dos de las tres víctimas que declararon este lunes.

 

“Fue importante para mí que ellos estuvieran. En los últimos días fui hablándoles, y contándoles de este juicio. Anoche –por el domingo- estuve con mi mamá. ¿Sabés qué me dijo mi mamá? Que si esto, desde un principio, se hubiera tratado de otra manera, no estaríamos ahora acá, en este juicio. Es muy sabia mi mamá”, dijo.

Recién ingresó a testimoniar a las 11,30. Pidió que no estuviera Ilarraz en el salón de audiencia y brindó un relato descarnado de los abusos que soportó siendo adolescente en el Seminario Nuestra Señora del Cenáculo por parte de Ilarraz. Se quebró, lloró, mordió la bronca y lo cruzó la angustia. Pero sostuvo un relato sólido, sin fisuras: recordó todos y cada uno de los abusos que soportó de parte de Ilarraz.

En un momento, mostró una foto. Era la foto de su primera comunión. En esa foto, se vio a un chico rubio, adolescente, sonriente, laxo. “Este soy yo. Así llegué al Seminario. Mis padres confiaron al dejarme en ese lugar, y ahí me abusaron”, relató.

Su testimonio estuvo cruzado por la emoción.

Salió de Tribunales recién pasadas las 14.

En medio, un relato pesado, abundante en datos, con recuerdos  en videoclip de los abusos que soportó en el Seminario.

La foto que mostró le sirvió para dar cuenta de su devastación después de su paso por el Seminario. Llegó, dijo, siendo alguien, y salió siendo una persona muy otra. “Yo era un chico bien, de campo, que iba a caballo a la escuela. Vengo de una familia alemana, a los que les cuesta abrirse en la confianza hacia los demás. Y confiaron, confiaron mi educación al Seminario”, recordó.

Su familia depositó toda su confianza en el Seminario, y allí llevaron a su hijo, para que estudiara la secundaria como pupilo, y saliera siendo cura. “Yo vengo de una familia en la que las madres rezan para que les salga un hijo sacerdote”, recordó. Su hermano, Diego, sí pudo serlo; Hernán Rausch, no.

Dos horas después de haber atravesado por el proceso de testimoniar en el juicio a Ilarraz, estaba leve, sonriente. “Ahora sí”, dijo, y posó para la foto. Otra foto.

Fabián Schunk lo azuzó con un golpe nimio, y le dijo: “Hoy nacés de nuevo”.

 

 

Foto: José Armando

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.