El cura Marcelino Ricardo Moya estuvo este martes en los Tribunales de Villaguay. Fue parte de la audiencia que se desarrolló en el Juzgado de Garantías, a cargo del juez Carlos Zaburlín, en la que los querellantes Juan Pablo Cosso y Florencio Montiel y la fiscal Nadia Benedetti, argumentaron en torno al pedido de remisión a juicio de la causa por abusos que involucra al sacerdote.

En esa ocasión, los defensores de Moya,  Néstor Fabián Nicolás Paulete y Rubén Darío Germanier, solicitaron la prescripción.

Afuera, sin autorización para ingresar siquiera al edificio de los Tribunales, aguardaron los familiares y los amigos de las víctimas de los abusos del cura Moya. Hubo un cerco policial que les impidió siquiera acercarse al sacerdote, suspendido por la Iglesia desde 2015 para oficiar misas en público.

La ONG Compromiso con Voz se refirió a ese cerco policial, y a la necesidad de poner en discusión la situación en torno de los abusos, y de denunciarlos, y de proteger a los niños.

Aquí, el texto:

 

“Para cuidar a un niño, hace falta una aldea

Lo decimos una y otra vez, es uno de nuestros lemas para simplificar esta idea tan compleja de comprometernos ante la prevención del Abuso infantil.

Hace unos días, un periodista nos preguntaba acerca de esta frase, como excusa para abrir el debate. Si la leemos es tan simple… sólo con el corazón y un poco de sentido común la comprendemos: “para cuidar a un niño se necesita una aldea”.

¿Quién es esa Aldea? ¿Quiénes estamos verdaderamente comprometidos a CUIDAR de nuestros niños y niñas?

¿Las señoras que se levantan una mañana para hacer un “cordón humano” y proteger a un cura pedófilo en las puertas de un juzgado?

¿Los hombres que encubren al perverso de sotana, llevándolo en sus grandes camionetas y cuidándolo de la justicia?

¿Los muchachos uniformados que se pliegan frente a las paredes grises de la justicia y ponen su cuerpo para cuidar a un Delincuente Abusador de niños? ¿O la persona que dio la orden para que esos pibes policías se encarguen del trabajo sucio?

¿Qué pasaría si todas esas fuerzas se movieran, se accionaran cada vez que un abusador ejerce su poder sobre un niño o una niña? ¿Irían esos policías a protegerlas, a cuidarlos? ¿Harían un cerco para que las abusadoras no puedan poner una mano encima de sus víctimas? ¿Pondrían su cuerpo para que los violadores no se les acerquen?

Para cuidar a un niño, hace falta una aldea. Y para abusar de él, también.

Todos podemos elegir: asumir el compromiso o SER CÓMPLICES.”

 

 

Foto de portada: Infor Villaguay

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.