Por Jorge Daneri (*)

Hace unas horas finalicé la lectura de “El Clan”, último libro de investigación de Daniel Enz.

Vino a mi mente, apenas lo cerré, la imagen de Rubén Ghiggi, aquel militante de la Juventud Radical y Ministro de Acción Social del primer gobierno democrático en Entre Ríos, luego de la última dictadura.

Con el privilegio de formarme junto a él en los grupos de estudio de aquella juventud donde fue un maestro, luego lo pude disfrutar –sí, disfrutar- como uno de sus directores cuando se desempeñaba en la función de ministro.

Recuerdo los primeros viajes al interior de la provincia, su delicada preocupación por el cuidado de los dineros públicos. Las indicaciones al chofer del torino verde sobre velocidades, cuidado del combustible, respeto de las reglas de todos. Y en las reuniones con los directores, el imperativo de no usar o abusar de los privilegios supuestos de la autoridad de turno y de compartir algún viático para no sacar uno por uno. Cuando le solicité incorporar a una sola persona para colaborar con Carlos Asiaín en el programa de promoción de las artesanías tradicionales, su rostro de alegría porque luego de algunas consultas se podía concretar.

Caminando sin custodia o seguridad, gordo tranquilo, siempre sonriendo, sin necesidad de asesores de prensa a cada segundo, menos de imagen. Su propio presencia, entidad y entereza se sabe su mayor valor, su tesoro de cualidades, su propia mística.

Las reuniones de gabinete en su despacho sencillo del Ministerio, construyendo democracia todos juntos, paso a paso, cuidándola, tejiéndola, desde los barrios y sus primeros centros de participación social hasta los centros de artesanos o atención primaria de la salud con la locura militante del voluntariado social.

Y uno lee “El Clan” y se pregunta: qué nos sucedió en esta democracia tan herida.

A veces la competencia fue por quién era el mas democrático, el mas cuidadoso en esa ética del cuidado mutuo, del otro, del compañero peronista que debíamos respetar, del correligionario adversario, que debíamos escuchar.

Rubén Ghiggi es las antípodas de este modo de hacer, de construir poder de Clan.

Aquel fue el poder de los otros, de los que el Gordo debía atender, escuchar, servir, brindarse. No había discurso vacío, ni relato dibujado. Había convicción, coherencia, formación y visión. Y una enorme capacidad de conversación, es decir, de escucha política.

Entregado a su sentido de vida, la política desde la base de la “Contradicción Fundamental” y ese otro bichito que le hacía hervir su sangre: la honradez de sus padres, como de Alem, Yrigoyen, Illia.

Se ponía rojo cuando no era entendido, quizás comprendido, o cuando quería ratificar su posición como desde las entrañas de su propia y constante sonrisa frente a la vida. Es que llevaba la alegría de la democracia recuperada, de lo que esto implicaba, de los sueños que se nos realizaban cuando veíamos el inicio de las primeras sesiones de la Cámara de Diputados, o cuando asumía aquel Fiscal de Estado de la democracia de todos, del sentir cerca al Presidente de la Nación, de subirnos en el primer micro que nos llevara a la Plaza de Mayo para resistir frente a los golpistas de Rico o Seineldin. Y en la plaza de Mayo con el Gordo como uno mas, llorando para que no nos volvieran a secuestrar los sueños que el andar democrático posibilitaba a las mayorías y minorías republicanas.

No se aún bien cómo escribirlo. Creo que esa sonrisa de hombre simple, tranquilo, como de una calma delicada y fuertemente entregada a la paz es la mejor imagen. La paz interior y la calma solo la ejercen aquellos que no tienen nada que ocultar, que no necesitan alfiles ni títeres en los órganos de control o sentencia, para creer convertirse en monarcas con sello de demócratas.

“El Clan” si algo desnuda es el silencio existente de una sociedad cegada, la ausencia del poder de las mayorías, el inexistente equilibrio y control recíproco de los poderes de la democracia aquella, renaciente desde los libros y la militancia  del 83. “El Clan”  prueba, con inclaudicable valentía, que nuestra sociedad necesita, decenas y decenas de Ghiggi, decenas y más de esos legisladores que destaca, de esos abogados denunciantes y hartos, de esos investigadores del parecería segundo Poder y no del cuarto, que el equipo de Daniel Enz demuestra ser.

Que “El Clan” nos despierte, para que volvamos a ser el colectivo que logre pensar, ser y hacer como lo hizo así, por ser un hombre político de bien y estudioso, éste ser humano de la sonrisa de la paz y la calma, Rubén Ghiggi.

(*) abogado, especialista en derecho ambiental, ex director de Promoción Social y exconcejal de Paraná