El primer  aviso ocurrió el 10 de agosto de 2015, a las 10,45.

Un mensaje de texto que llega a un teléfono celular de Nogoyá. El teléfono de  Daniela Z.

El mensaje de texto le decía que, oh sorpresa, había ganado un TV Led de 42″, y un “premio sorpresa”.

Debía responder con un llamado de voz. Llamó. La atendió un hombre, la voz dijo llamarse Marcos Marcelo del Vequio, representante de la empresa Arsat Comunicaciones Argentina, que la firma había realizado diez sorteos en cada una de las provincias, y “que yo había sido la segunda persona en salir sorteada”.

¿Por qué el sorteo? Por el primer aniversario de Arsat1, el primer satélite argentino lanzado al espacio el 16 de octubre de 2014, desde la Guayana francesa.

Bueno: la historia era así, prometedora, y entonces, cuando recibió la primera comunicación, Daniela Z. no sospechó la estafa.

Le hablaron de un “premio sorpresa”. Que el “premio sorpresa” era nada más y nada menos que una suma de $155.000.

Pero, siempre hay un “pero”, para continuar adelante con el proceso de obtención de ese premio debía comprar tarjetas prepagas de telefonía celular “y pasarles el número de esas tarjetas telefónicas que yo compraba y ahí me pasaban el código de autorización de premio”.

La mujer compró “5 o 6 tarjetas telefónicas, de todas las empresas de telefonía celular: Personal, Claro, Movistar. Y pasó a Arsat el código de cada tarjeta, como le habían solicitado. Cada tarjeta, un valor de $50.

Eso se lee en el expediente judicial que se abrió en la Justicia de Nogoyá.

Hubo otro pedido, menos modesto. “Luego de eso me pidieron que hiciera un depósito de $5.000 por Pago Fácil”, eso le dijeron, y que le dijeron también que ese era el costo de “traslado” de los premios. Que debía depositarlo a nombre de Graciela Alejandra López, de Buenos Aires.

La historia no terminó ahí.

Al día siguiente, 11 de agosto de 2015, volvieron a llamar de Arsat.

Apareció un “escribano”, Juan José Toro, y le pidieron un nuevo depósito, esta vez de $10.000, ahora a nombre de Analía Luciana Ruiz, domiciliada en San Salvador de Jujuy. Otra vez, debía hacer el depósito por Pago Fácil. No pudo concretar la operación. Fue entonces a la segunda opción que le dieron: efectuó un depósito en el Banco Nación.

El mismo día que efectuó el depósito recibe un llamado. Que por el Día del Niño le otorgaban un premio extra: una orden de compra por $20.000 en Musimundo. Que la familia que había resultado adjudicada con el primer premio, más abultado, de $505.000, no había cumplimentado con los requisitos, y que por esa razón le correspondía a ella.

A Daniela Z.

A esos $505.000, se sumaba la posibilidad de amoblar toda su casa con muebles de El Mundo del Algarrobo; más todos los electrodomésticos; más una orden de compra para El Mundo del Bebé.

Todo eso le dijeron por teléfono.

Pero como ella no tiene bebé, Daniela Z. preguntó si podía transferir ese premio al Hospital San Blas, de Nogoyá.

Del otro lado de la línea se emocionaron con el gesto, le dijeron que era la primera persona de todos los sorteados que resolvía donar parte del premio, y que por eso mismo su premiación sería televisada por la Televisión Pública, que en el acto de premiación estaría el presidente de la productora televisiva Endemol, pero para que toda esa magia se hiciera realidad debería dar otro paso: comprar tarjetas prepagas de telefonía celular por valor de $1.000.

El día 13 de agosto  debía resultar ser un día mágico.

Ese día todo eso que le habían prometido por teléfono debía convertirse realidad: que los premios llegaran a su casa.

No llegaron ese día. Ni el día siguiente. Ni los días que vinieron después.

El 15 de agosto recibió una llamada, finalmente. Pero entonces le dijeron que se había tratado de un ardid: “para vengarse de mi esposo que se había metido con una tal Lorena no sé qué y que en algún momento me iban a devolver ese dinero”.

La denuncia, que recibió el fiscal Rodrigo Molina, de la Unidad Fiscal de Nogoyá, tiene anexada una prueba: dos servilletas de papel, material en el que la mujer fue anotando los datos de los depósitos que efectuó “así como un sobre Manila con los datos de los códigos de seguridad que me iban pasando y 34 tarjetas telefónicas de la empresa Claro, 12 tarjetas de la empresa Personal y 4 tarjetas de Movistar”.

Nunca recibió ningún premio, perdió $16.000 en depósitos a través de Pago Fácil, Banco Nación y compra de tarjetas de telefonía celular prepaga.

Y nada de nada.

Ni el premio de $155.000. Ni los $505.000. Ni los muebles de algarrobo. Ni el ajuar de bebé. Nada.

Fue entones cuando decidió ir a la Justicia  presentar una denuncia por estafa.

Dos años después, nada se ha podido conseguir.

La causa, sin imputados ni sospechados, está a punto de archivarse en la Justicia.

 

 

 

De la Redacción de Entre Rïos Ahora.