La estación de servicio de Buenos Aires y Cervantes cerró en 2017, y el lugar ahora se convirtió en un no-lugar. Un espacio vacío, rodeado de chapas y coronado por alambrado carcelario. La vista para el transeúnte es rara: un cerco perimetral hecho con alambre concertina, típico de lugares a los que no se puede ingresar, a los que está vedado pasar. Una triste postal en pleno corazón de la ciudad.

 

 
De la Redacción de Entre Ríos Ahora.