La causa fue caratulada al principio, por el juez de Instrucción Jorge Gallino, como Averiguación de paradero.

El primer allanamiento que ordenó fue 18 meses después, el 10 de julio de 2003. Otro fue sucesivamente postergado por “inclemencias climáticas”: del 29 de julio de 2003 se pasó al 5 de agosto, y se pospuso para el 13 del mismo mes.

“En el rastrillaje toda la gente del campo vio que no se hizo nada, que Alfonso Goette les carneó una vaquilla y les dio de comer a los policías y que los perros no participaron de la búsqueda”, relató Adelina Gallego.

Elvio Garzón fue el primer abogado de Otto Gill, quien tuvo varios altercados para poder constituirse como querellante. Los familiares afirmaron que no eran atendidos por el juez.

El dueño de una gomería, José Domingo Haller, apareció luego como nuevo testigo: dijo que vio a la familia cuando le llevó un Chevrolet Súper azul a reparar una rueda, y que allí le comentaron que viajaban a Corrientes. La procedencia del auto nunca se pudo establecer, y todos sabían que los Gill no tenían vehículo y siempre se manejaron en remís.

Otro dato relevante es que el celular de la familia, de la empresa de telefonía CTI, continuó activado hasta abril de 2003, 15 meses después de la desaparición.

Ahora, la Justicia procurará destejer una madeja demasiado extensa, demasiado enredada, y buscará echar un poco de luz a un caso que en los últimos dieciséis años ha estado rodeado del más oscuro silencio.