Por Jorge Riani (*)

 

Yo te miento. Vos sabés que yo te miento. Yo sé que vos sabés que yo te miento. Celebremos la mentira. Eso es lo que se vivió en la noche de este miércoles en la Cámara de Diputados, donde se trató el pedido de juicio político contra la presidenta del Superior Tribunal de Justicia (STJ), Claudia Mizawak. ¿Qué fue una mentira? La posición del oficialismo legislativo. Una mentira fue la exposición del miembro informante, como presidente de la comisión, Diego Lara, y de sus socios: algunos diputados del Frente Renovador.

 

El presidente de la comisión que investigó la conducta de dos jueces de la Corte, Diego Lara, es abogado. Actuó como tal en la sesión del miércoles a la noche, al asumir la defensa de la presidenta del STJ. Sólo que no se estaba en un juicio, no debía actuar como defensor sino como diputado, y no había ningún tribunal al que convencer.

También es cierto que si Lara hubiese estado en un juicio hubiese tenido que trabajar más y mejor. En un juicio no se puede, sin más, dejar de lado las pruebas que juegan en contra de la postura defendida. No se pueden dejar cabos sueltos, ni hacer oídos sordos a lo que las otras partes aportan.

Un defensor no puede tomar las pruebas que sirven para su trabajo y hacer como que no existen las otras que presentan, por caso, un fiscal o un querellante. Y si lo hace, seguramente un tribunal le dará por la cabeza con una sentencia adversa a la esperada. Pero claro, en la Cámara de Diputados no había nadie a quien convencer. En el estrado de la Presidencia estaba el ex gobernador Sergio Urribarri, que ya tenía todo cocinado: salvar a Mizawak, del mismo modo en que había decidido mandar a juicio político al otro vocal del STJ, Carlos Chiara Díaz.

Esta nota no toma como sujeto de crítica a ninguno de los jueces porque de ellos ya hemos hablado, sino a quienes fueron los protagonistas en esta última instancia: los diputados provinciales. La posición del oficialismo se sostuvo sobre las espaldas de Lara, que leyó durante más de dos horas un dictamen que tuvo una particularidad: se refirió más a Chiara Díaz, en términos acusatorios, que a Mizawak, en términos de defensa. Defendió a Mizawak atacando a Chiara Díaz y, en todo caso, se prolongó hasta el hartazgo en la idea de que “los casos son distintos”.

El informe que leyó Lara fue harto redundante. Iba, venía, iba, venía siempre para decir lo mismo. El resto de la bancada siguió, pétreo, la lectura del tedioso informe, con la excepción del diputado multimillonario y sindicalista de trabajadores estatales, José Angel Allende.

Hay que decirlo aunque sea de paso y constituya una banalidad en medio de un asunto importante: lo de Allende es de una desfachatez que debería ofender a sus propios compañeros. Llegó tarde, como recién bajado de su yate. Pelito mojado, bronceado, con chomba de colores rabiosos a sentarse un rato. Se aburrió, se fue, volvió y estuvo al momento de terminar la sesión. Al final se montó a su enorme camioneta que dejó estacionada donde nadie puede hacerlo y se fue. Es cierto que es una banalidad la conducta desfachatada de Allende, cuando en verdad tiene que responder por otras cuestiones: de dónde sacó su fortuna siendo que, se supone, es un ex empleado público.

Bueno, pero siguiendo con la sesión, hay que decir que Lara se mostró dispuesto a contestar cada punto, excepto dos de ellos. No dijo una palabra cuando las diputadas Gabriela Lena y María Alejandra Viola le detallaron la prueba que se le había caído: las planillas que daban cuenta de la cantidad de viajes al exterior, tras pedir viáticos para ir a Buenos Aires. Solo como casos testigo, dando fechas y detalles, las legisladoras de la oposición hicieron notar que la presidenta del STJ viajó seis veces a Uruguay, una a Paraguay, una a Brasil y otra a Chile.

Frente a eso, Lara tuvo un contundente… silencio. Intentó dar una explicación y eso generó risas. Muchas risas. Risas de todos los presentes, con excepción de algunos diputados peronistas. Es que Lara dijo que habría que destacarle a Mizawak que pedía viáticos y que antes de irse en comisión pasaba por Tribunales a firmar expedientes.

Bien, lo que no pudo contestar Lara es cómo hizo la jueza para firmar tres amparos y una sentencia en una causa que involucraba a la Municipalidad de Villaguay el 30 de septiembre, siendo que se encontraba en un viaje entre el 25 de septiembre y el 12 de octubre.

Qué contestó Lara. Nada. Un saludable silencio. La diputada Lena pidió ahí que no se insulte la inteligencia. El diputado Sergio Kneeteman reforzó el concepto de que los legisladores peronistas no estaban midiendo con la misma vara los casos Chiara Díaz y Mizawak.

La exposición de la oposición se hizo en tramos, y además de las disputadas mencionadas, también habló Esteban Vitor.

Las crónicas del día profundizan sobre lo dicho de uno y otro lado. No es cuestión de abundar ni de aburrir. Para eso está el dictamen leído por Lara. Claro que las crónicas apuntan a lo dicho en la sesión, mas no en los silencios.

Y el silencio que hizo ruido en la noche del miércoles fue el de los diputados del Frente Renovador. El legislador Gustavo Zavallo votó como cualquier otro urribarrista sin dar ninguna explicación. “En la cancha se ven los pingos”, dijo a nuestro lado un colega al momento de votar. Es cierto. Ahí se vio, por ejemplo, de qué va el ex gobernador Jorge Busti, que mandó a votar a su ariete a favor del plan oficialista. ¿Qué encierra el voto de Zavallo? ¿Y el de Daniel Koch? ¿Qué acuerdo no revelado expresan estas posturas en el recinto?

El único legislador “renovador” que votó por el juicio a Mizawak fue Alejandro Bahler. Al término de la sesión, dijo a la prensa que se impuso “el disciplinamiento ciego y corporativo del bloque oficialista dejando de lado pruebas, testimonios y hechos idénticos, medidos con distinta vara, que desnudan la trama de connivencia entre el poder político e integrantes del poder judicial”.

Es evidente que a Bahler le cuesta menos hablar de su postura que a los otros diputados “renovadores”, que parecen haber emitido una suerte de voto vergonzante. Vale insistir: los diputados estuvieron frente a un hecho grave, sin antecedentes institucionales en toda la historia política entrerriana, como para pasar como si fuera cualquier otra sesión.

Otra explicación que falta en toda esta historia es la de la diputada Mariela Tassistro, que no asistió a la sesión donde se juzgaba, nada más y nada menos, que a las jueza denunciada por un grupo de abogados, entre los que están dos referentes de su espacio político: Emilio Martínez Garbino y Luis Leissa.

Desde la bancada oficialista se dijo que el sostén de la acusación contra la jueza Mizawak eran los dichos de Carlos Chiara Díaz, que cuando acudió exponer ante la comisión de juicio político dijo que una vez le escuchó decir a otro vocal del STJ y ex diputado peronista, Emilio Castrillón, que la presidenta del STJ era socia en una empresa con el gobernador Sergio Urribarri. Y el otro sostén de la denuncia, según dijo el miembro informante del dictamen absolutorio, Diego Lara, fue una publicación del diario El Entre Ríos, más precisamente una nota firmada por el periodista Osvaldo Bodeán. La alusión de Lara a la publicación fue en tono de burla.

Que desde el bloque que integra Pedro Báez se hable y se critique a la prensa es absurdo, ridículo, patético, penoso, lamentable, insultante, repugnante, repulsivo, emético, nauseabundo. Lara viene a dar clases de periodismo con Báez a su lado. Y con Urribarri en el sillón de presidente.

Hay diarios que enviaron a sus periodistas a cubrir la sesión, y que al llegar a las redacciones se vieron con el ukase propio de las épocas del comisariato que azoló las redacciones de los diarios. Hablamos de los tiempos en que gobernó Urribarri.

Esta vez los ukases mandaron a publicar a los diarios la misma nota que después apareció como crónica oficial en el sitio de la Cámara de Diputados. Y la “crónica” fue una síntesis de la postura que expuso Lara, sin alusión a las intervenciones de los diputados de la oposición, y haciéndose cargo también de la defensa de Mizawak.

Hay que dedicar un párrafo final a los abogados y abogadas, diputados o no, que se animaron a denunciar a dos integrantes del más alto tribunal entrerriano. Sabían que era una tarea difícil hacer trascender la denuncia contra la presidenta del STJ, sabían que el peronismo iba por el plan salvataje de la vocal y saben también que mañana tendrán que seguir ejerciendo su profesión. Y que muchas veces deberán recurrir a la Corte, donde Mizawak seguirán ocupando un sillón.

(*) Publicado en Análisis Digital.