El usuario sigue sin ser la razón de ser del servicio de colectivos en Paraná; todo lo contrario.  Por estos días, al menos dos cuestiones dan cuenta de la falta de consideración del pasajero. Una es la decisión de fijar el precio en $10,60 del boleto a bordo, que sólo se paga con monedas, volviendo dificultoso el pago exacto: el usuario termina abonando $11, pues la máquina está programada para aceptar  más dinero pero no menos.

El 17 de junio pasado, el Ejecutivo municipal dispuso un aumento del 25% del boleto de los colectivos urbanos. Así, por ejemplo, el pasaje  general, que se abona con tarjeta, pasó de $7 a $8,75 y el “a bordo”, que se paga con monedas, de $8,50 a $10,60. El problema en esta última opción, como se ha planteado, es que en la mayoría de los casos, por falta de cambio, el pasajero termina dejando en la máquina tickeadora $11.

“La máquina no da vuelto y es raro conseguir monedas de 10 centavos, con lo que se termina pagando 11$”, dice una usuaria, que enseguida se pregunta por qué se estableció un monto que requiere tener monedas de baja nominación, que actualmente tienen poca circulación. En conclusión, “ese boleto, en los hechos, es más caro”, afirma.

En este caso, el redondeo es para arriba, a favor de los prestadores, pese a que el espíritu vigente, de la Ley de Lealtad Comercial, da cuenta de lo contrario. Y el trato es con la máquina tickeadora que no emite el boleto si no registra el monto establecido ($10,60) o si se deposita más. Si el valor de las monedas sobrepasa el costo del pasaje, la respuesta automática del sistema es  “Sin vuelto” y ahí termina la historia.

 

La segunda cuestión que constituye un desaire al usuario es la decisión de los prestadores de bajar las frecuencias de los colectivos en las épocas de receso escolar. En esta oportunidad, una de las empresas, que contiene a la otra, hizo alusión a la medida al iniciarse las vacaciones como un “cambio de horario”. En realidad, la modificación implica frecuencias como la de los días sábados: de entre 20 minutos y hasta 40  minutos y más de espera, de acuerdo a la franja horaria.

Se suma que las esperas se vuelven más largas los fines de semana, a la siesta o a la noche, y el servicio de información por GPS, ¿Cuándo llega? funciona de forma irregular, arrojando el dato de horarios programados en algunas líneas, lo que no implica ninguna certeza.

 

Cada vez más impuesto


Como ha publicado Entre Ríos Ahora, la restricción del servicio nació como una disposición unilateral de las empresas prestadoras y tiende a naturalizarse en cada período de receso ante la inacción de la Municipalidad de Paraná, única responsable del control de la prestación del servicio público de transporte en colectivo de la ciudad.

En el período de gobierno municipal anterior, se anunció públicamente desde el Ejecutivo la aplicación de multas y demás sanciones, advertencias realizadas luego de que las quejas de los pasajeros trascendieran y ganaran las portadas de los medios. Los avisos no obtuvieron el resultado esperado, pues los cronogramas de frecuencias raleados siguieron hasta el final de las vacaciones, se informó desde esta página en 2015.

Mientras tanto, desde 1984 hasta ahora rige la ordenanza 6.723, que regula el servicio. La norma establece una frecuencia de 10 minutos –con tolerancia de 5 minutos– para los días hábiles y de 15 minutos –con tolerancia de 5 minutos- para los fines de semana y feriados.

Las demoras en las frecuencias es un reclamo histórico en Paraná, que recrudece en vacaciones escolares mediante medidas que tienden a naturalizarse. El tema ha sido motivo de innumerables compromisos de mejoras en las frecuencias entre las empresas y la Municipalidad cada vez que se producía un aumento de boleto.

 

Mientras, transcurre la última etapa del proceso de llamado a licitación para concesionar el servicio, mantenido por la Asociación del Transporte Urbano de Pasajeros de Paraná (Atup) desde 1984, aunque la conformación de la organización fue cambiando hasta el punto que en 2010 se rompió la existencia exclusiva de capitales locales: ingresó Ersa Urbano, en lugar de La Victoria, y sería poseedora de acciones de Mariano Moreno. Ese grupo fue el único oferente para operar el servicio por los próximos años.

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.