Ya no está el cartel que dice “Bar Coronado”.

Ya no hay mesas afuera.

Hay un cartel, sí, pero habla de historia. de la familia Coronado. Una familia que lleva un siglo y medio viviendo allí, en ese lugar, el límite entre el Parque Urquiza y Puerto Viejo, a un costado de la Bajada de los Vascos.

Es una casa antiquísima que tiene agregados, y que ocupa parte de la base de la barranca de la Costanera media.

Los Coronado tienen una historia muy ligada a la historia de la ciudad.

Eso cuenta Jorge Riani en “Relicario. Crónicas urbanas de Paraná”.

Se fija Riani en un detalle del escudo de Paraná ideado por Santos Domínguez y Benguria: un barco. No es un barco cualquiera. Es un barco que existió amarrado en la zona de Puerto Viejo, en lo que ahora es el Club de Pescadores.

Ese barco se llamó “Gingibire”.

“Gengibire”, el barco, fue propiedad de Salvado Coronado, un inmigrante napolitano que llegó al país en el año 1865.

Riani entrevistó en el Taller Antequeda al nieto de Salvador, Pedro Coronado, que alcanzó a conocer aquel famoso barco.

El barco supo estar encallado bien enfrente de la casa de los Coronado, en lo que ahora es el Club de Pescadores.

Una gran bajante del río fue el inicio del fin para el “Gingibire”: quedó en tierra, y después, el abandono hizo el resto.

Fue deshaciéndose de a poco el barco, y según recordó Pedro Coronado, una familia de Paraná conservó un listón de madera donde se encuentra pintado el nombre del “Gingibire”.

Riani escribió la historia de aquel barco en un artículo que publicó en El Diario el 9 de julio de 2011.

El barco que aparece en la parte inferior del óvalo del escudo de Paraná, ideado por Domínguez y Benguria, “no es el fruto de la imaginación del autor, sino más bien de la nítida observación de un paisaje real. Esa nave a vela se llamaba Gingibire”.

“Santos Domínguez y Benguria, el intendente soñador, cuando creó el escudo municipal de Paraná, capturó una imagen y con ella toda su historia.

“El barco, que ocupa un lugar destacado en la pintura, era propiedad de la familia de Salvador Coronado, un inmigrante napolitano que llegó al país en el año 1865.

“´Nosotros siempre supimos que el barco que aparece en el escudo municipal es el de mi abuelo, el Gingibire. Es algo que se transmitió de padre a hijo´, contó Pedro Coronado a este cronista.

“En sus recuerdos, Coronado encierra la imagen de un barco que conoció de chico: el mismo que don Santos pintó, y que su abuelo y su padre tantas veces tripularon para llevar cales, leñas y verduras.

“´Alcancé a verlo en tierra al barco. El palo mayor estuvo hasta hace no muchos años como mástil en el Rowing”, evocó el nieto del navegante. “Era una nave muy, muy buena; seguramente traída de Italia, con piso de cinc y excelente madera”.

“El barco de Coronado trabajó en un momento en que el puerto principal tenía un movimiento acorde con el ritmo a que crecía la ciudad de Paraná. ´A mí me contaba mi padre que el Gingibire y otros barcos más iban con cerca de un centenar de hacheros a buscar leña a las islas. Los hacheros se internaban por meses y venían cargados de madera para utilizar en las caleras de Osinalde. También transportaban cal y yeso. Cuando el trabajo aflojaba, iban a las islas santafesinas a buscar verdura. Esto lo hacían, más que nada, para ayudar a la gente que la necesitaba´, cuenta el descendiente.

“Ante la inevitable pregunta que intenta indagar en la suerte que corrió la evocada nave, Pedro Coronado explicó que, siendo chico él, y estando su padre imposibilitado de trabajar, el barco quedó varado en la zona donde hoy se encuentra el Club de Pescadores. En una gran bajante, el Gingibire quedó en tierra firme, y fue ahí cuando se convirtió en el lugar preferido de juego para los gurises de la costa. Para la gente mayor, el viejo barco era el proveedor de madera buena. Coronado se alegró de saber que en una familia de Paraná conservan la tabla donde se encuentra pintado el nombre del barco, que –siendo ya veterano en la tarea de surcar el Paraná– siguió trabajando hasta los primeros años de la década de 1930, antes de entregarse a la muerte lenta.”

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.