Por Víctor Hutt (*)

Los dirigentes del PRO y la clase a la que representan envían a sus hijos a escuelas privadas en las que la cuota cuesta más que el sueldo de un maestro de escuela pública, porque entienden que sus hijos tienen que recibir la mejor educación y, además, tienen que estudiar separados del resto del pueblo, que concurre a escuelas públicas. Ellos entienden que la mejor educación es la que más se paga, porque esa es la forma de medir los valores en sus pobres vidas.
Esos mismos dirigentes y clase social entienden que un maestro de escuela pública, un maestro de las escuelas a las que concurren los hijos de sus empleados, deben ganar un sueldo miserable, y siguiendo con su forma de pensar, deben generar una educación pública de muy bajo nivel.
Los que defendemos la escuela pública estamos convencidos que desde la misma se brinda y se debe brindar la mejor educación, una educación liberadora, inserta en la realidad del pueblo, llena de valores de igualdad y solidaridad y que debe ser el camino a la eliminación de diferencias e injusticias sociales.
Ahora bien, esos mismos monstruos sociales del PRO, pretenden profundizar la pobreza de la escuela pública, cerrando programas socioeducativos, eliminando las inversiones en infraestructura y, por supuesto, bajando los salarios de los docentes a niveles de pobreza. Ya los bajaron un 10 % en el 2016 y pretenden bajarlo otro 10 % en 2017, y seguramente esta caída continuará en los años venideros.

Este desprecio, que ya es inocultable, tenemos que entenderlo como un desprecio a la escuela pública y, en consecuencia, a los docentes de escuelas públicas, porque si los observamos en sus vidas personales, no les preocupa pagar de sus riquezas elevadas cuotas mensuales para las escuelas privadas a las que concurren sus hijos, para ellos esas escuelas si se merecen millonarias sumas de dinero mensuales.
En este contexto de clase es que debemos analizar la campaña del PRO para instalar la idea de voluntarios en las escuelas para reemplazar a los docentes que luchan por el sustento de sus familias. Implica un desprecio por los docentes y sus familias y, además, por la escuela pública a la que concurren los hijos de los trabajadores, sobre los que se piensa que pueden ser educados por voluntarios que no tienen formación para ocupar esos lugares, pero no importa, es para educar a los hijos de los trabajadores.
Pero esta campaña del PRO, como decía antes, va dirigida solamente a la escuela pública, porque seguramente jamás se les ocurriría aceptar que sus hijos, en sus costosas escuelas privadas, sean educados por voluntarios sin formación.
La agresión del PRO y la clase social a la que representan demuestra sus concepciones sobre los derechos de los trabajadores de la educación y sobre la educación que pretenden para los hijos de todos los trabajadores, por lo que sin dudas hace necesaria una respuesta de clase y no solo de los docentes, porque cada trabajador debe luchar por la educación de sus hijos.
El mensaje del PRO a los trabajadores es que se conformen con la miserable educación que tienen planificada para sus hijos y a los docentes les presenta dos opciones, hambreados o descartables.

(*) Rector de la Escuela Secundaria para Adultos N° 12 de Concepción del Uruguay. Secretario de Educación de Adultos de la seccional Uruguay de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (Agmer).