A finales de julio de 2012, el periodista Antonio Tardelli publicó en la revista “Análisis” una entrevista al entonces ministro de Cultura y Comunicación, Pedro Ángel Báez, que debería ser leída y releída para entender varias cosas, una, entre tantas: cómo fue que Baéz se convirtió en ministro de Cultura después de una charla de entrecasa con el exgobernador Sergio Urribarri en la fiesta de casamiento del ahora ministro de Gobierno, Mauro Urribarri.
Así de simple.
“No voy a decir que llegamos con un proyecto cultural. Lo del Ministerio surgió en una conversación que tuvimos con Urribarri. Fue el día que se casó Mauro. Estuvimos conversando un largo rato y me dijo: ´Pensá esto. Tenemos que pegar un salto. Fijate si hay Ministerios de Cultura en otras provincias´. Al rato, le dije: ´No tenemos que andar mirando nada. Si vos estás convencido, vamos para adelante´”.
Así, Báez se convirtió en ministro.
En esa entrevista con Tardelli, Báez desgranó una serie de ideas que bien podrían entenderse como la columna vertebral que justificó la intromisión del poder de turno, a veces con la concurrencia de empresarios amigos, en muchas redacciones y que llevó al desprestigio más atroz a medios históricos en la provincia.
“Más allá de algunas cosas facilistas que se dicen, como que nosotros tenemos comisarios políticos (en los medios de comunicación), hay que decir que si nosotros no hacíamos algunas cosas, nos cagaban a bollos y que se perdone la expresión. Nos llenaban la cara de dedos. En términos generales, la prensa se desempeña normalmente. Si quieren criticar, nos critican y nosotros no apretamos. En la gestión anterior teníamos la necesidad de transmitir cosas que tenían un anclaje real. El Pato y el gobierno entero se rompieron todo en la pasada gestión”, contó.

“Nosotros queremos comunicar cosas –esbozó Báez su idea de la presión sobre los contenidos de los medios–. A mí no me da vergüenza trabajar una línea argumental. Y cuando trabajamos para instalarla, no lo hacemos para instalarla en una partecita. Si puedo, la instalo en todos lados. (…) Todos los medios son una herramienta que está al servicio de determinado proyecto político”.
En esa entrevista, además, negó conocer de quién era Cinco Tipos, la imprenta que fue proveedora casi exclusiva del gobierno de Urribarri, y dijo que toda contratación se hacía por licitación pública.
Raro: ahora la Justicia investiga al cuñado de Urribarri, Juan Pablo Aguilera, por presuntas negociaciones incompatibles con la función pública: fue proveedor del Estado y, se supone, a la vez funcionario.
“Lo de las gigantografías es una nimiedad. Las tres primeras que se colocaron en el Consejo de Educación, con colocación y todo, costaron 35.000 pesos. No sé quién las hace. Se hizo por licitación”, contó.
De ese modo respondió a un pedido de informes que había ingresado en la Cámara de Diputados el bloque radical.
Los legisladores de la oposición pedían conocer los costos, el origen de los fondos y las empresas que realizaron el despliegue para montar las gigantografías que desplegó el Gobierno con motivo del Día de la Memoria, en homenaje a los veteranos de Malvinas, por el Día del Trabajo, y la última expuesta estuvo relacionado con el Estado Único que se construirá en Paraná, todo eso a lo largo de 2012.
Lástima la falta de conocimiento del exministro.
Ahora, el abogado defensor de los Urribarri y los Aguilera, Marcos Rodríguez Allende, ha dicho públicamente que Luciana Almada, la mujer del cuñado Juan Pablo Aguilera, tiene el 10% de las acciones de la exCinco Tipos, hoy Tep SRL.
Báez contrató así con una empresa que tenía lazos con la familia del exGobernador, y no puso ningún reparo.
Claro que ahora las preguntas sobre ese asunto las deberá responder en la Justicia, donde también investigan los gastos que hizo durante la Cumbre de Presidentes del Mercosur, en diciembre de 2014.
Quizá entonces lo auxilie la memoria.

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.