“La tristeza del oso polar” y “Terminal”, son dos novelas breves de Fabián Reato que Editorial Fundación La Hendija presenta en un solo libro, de dos tapas, ambas realizadas por Lorena Cabello.

El lector puede empezar por “La tristeza del oso polar”, de un lado, y la historia se termina a mitad del libro. Entonces cierra el volumen y abre del lado opuesto –lo que sería la contratapa en un libro corriente- y se sumerge en “Terminal”.  O viceversa.

En caso de empezar del modo descripto, el lector se va encontrar, en principio, con un personaje adolescente que llega debajo de un chaparrón a la casa de su amiga. Se va a encontrar con una lluvia que se toca, se respira y se siente a través de los techos, como adelanto de una escritura de imágenes sensibles, que alcanza desde una lombriz ensartada despaciosamente en el anzuelo, hasta la descripción de los diferentes modos de comer girasol o el misterio de pescar una anguila con el dedo.

Pero se va encontrar, en especial, con dos pibes que a veces se aniñan y a veces se agrandan –como en efecto sucede con los adolescentes- y con las cavilaciones y la curiosidad plena del personaje que, en adelante, va a ganar el centro de la trama. Se llama Javier y tiene un hermano gemelo.

La historia sucede en un pueblo donde lo que llega del eco de la dictadura es la patrulla aburrida que levanta gente de noche porque anda a deshora. Le dicen el suba-suba. Es un pueblo donde la novedad que puede cambiar el devenir de los días parecidos –al menos en apariencia- es la llegada de un circo. Un circo con animales, como sucedía antes. Y un circo que tiene entre sus atracciones, nada menos, que a un oso polar, agonizante por efecto del calor y la mala vida.

La novel de Reato respira una riqueza visual que conquista y tiene, por cierto, un trabajo con la palabra, de narrativa ágil y vivaz,  que acompaña el sentido del los personajes y la da altura poética a diálogos pueblerinos, bien reconocibles.

Reato se queda con el personaje y lo acompaña en tiempo de iniciaciones, peleas y desengaños, en medio de ese pueblo donde parece que no pasa nada, pero a veces pasa.

Javier está despierto para vivir las experiencias que se ofrecen, mientras busca en alguna parte la imagen licuada -por el alcohol y la muerte- de su padre. Como busca -sobre todo- un sentido entre las cosas que puede ver y tocar. A diferencia de su gemelo, Sebastián, su otra parte, su Lado A, que persigue lo suyo envuelto en sueños de putas e historietas.

El resultado de la aventura refleja el oficio y la creatividad de Reato, que en principio parece apuntar a la observación de un personaje que crece entre las pinceladas del pueblo, aunque en rigor va construyendo una historia que entre sus acciones contiene la emoción del miedo, del suspenso, del hallazgo, de la pérdida y la búsqueda del amor como impulso natural de quien respira en el mundo con la dificultad y la esperanza de un nadador que brasea en la intemperie del río.

Damos vuelta el libro entonces y leemos “Terminal”.

Hay una adolescente mujer. Una madre lejos y un padre que toma whisky y llora lo que será la pérdida inminente de un amigo. Un hermano. El cáncer, parece, va a resultar más efectivo que los torturadores y va a doblegar a un militante ejemplar. Lo va a matar. Para ella, en cambio, la destrucción de Raúl será un alivio.

El personaje femenino que construye Reato conversa interiormente de la muerte y con la muerte. No ya con la figura cadavérica que carga  la guadaña, sino con todas las ideas de la muerte. Con sus posibilidades, con sus desgracias, con sus apariciones risibles. Piensa, a cada instante, en las muertes. Y cada pensamiento de ella es una consolidación de su estupenda concreción como personaje, mientras en el afuera se suceden personas que hablan, acciones concretas y exactas, deseos ajenos que la atraviesan y que ella ya no puede atender.

Terminal es una novele sobre las huellas de un dolor tan potente e incomprensible que no se puede interpretar, pero es también una historia sobre la hipocresía, el silencio y la resistencia de los mundos interiores. Es una mirada de belleza aún en condiciones de oscuridad cerrada  y es el miedo hecho carne y convertido en una fuerza extraña.

Hay dos modos de empezar a leer este libro. Hay también una suerte de cara y contracara. Hay más oscuridad allí y más luz por aquí, pero no de un modo tan determinado, porque las emociones se habitan entre sí, coexisten, de un modo tan natural y potente que no es necesario añadir más detalles. Es hora de elegir porque lado empezar. Y empezar a leer.

Presentación

“La tristeza del oso polar” y “Terminal”, con arte de tapa y contratapa de Lorena Cabello, serán presentadas por su autor y Editorial Fundación La Hendija este martes, desde las 20,30, en el Centro Cultural La Hendija (Gualeguaychú 171).

Julián Stoppello

De la Redacción de Entre Ríos Ahora