“Contemporáneamente a los supuestos hechos, vale decir entre el 1985 y 1992, yo no supe nada, absolutamente nada, ni sospechaba, ni podía llegar a pensar que esto podía llegar a estar ocurriendo. Esto es importante. Entre julio del 1995 aproximadamente y 1997, monseñor Puiggari, no era monseñor, era el rector del Seminario. Ilarraz ya no estaba; estaba en Roma; él (Puiggari) informó a quienes cumplíamos distintas funciones en el Seminario de que se habían recibido algunas denuncias contra Ilarraz y de que se había iniciado una investigación eclesiástica. Eso es todo lo que supe”.

Eso declaró durante la etapa de instrucción de la causa por los abusos en el Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora del Cenáculo, que tiene como único imputado al cura Justo José Ilarraz, el sacerdote Hernán Quijano Guesalaga, actual canciller de la curia.  Quijano dijo que “a mí me tocó colaborar con uno de los abogados de la curia en el 2012, para preparar lo que se entregó al juez (Alejandro) Grippo; entonces, ahí, tomo conocimiento de lo que fue la investigación eclesiástica que se hizo entre el año 1995 y 1997; es lo que yo recuerdo, porque en el año 1997 es donde se impone la sanción de Karlic, lo que fue ese exilio. Todo eso se le mandó al juez, no lo mandé yo, había un abogado Mario Martínez que dijo que era lo que había o correspondía mandar al juez”.

Raro.

Quijano se convirtió, cuando el caso Ilarraz estalló en los medios, en 2012, en un férreo defensor del actual arzobispo Juan Alberto Puiggari, y una espada filosa del ala más dura del clero: llegó a publicar en su muro de Facebook que los medios mentían sobre lo que había ocurrido en el Seminario con los abusos.

Nunca aclaró por qué ni en qué aspectos los medios mentían: cuando “El Diario” de Paraná reprodujo su publicación, eliminó lo que había escrito.

“Los medios locales no dicen toda la verdad y están llevan (do adelante) un juicio mediático. Confío en la Justicia, no en los medios”, escribió en la red social Facebook el 6 de noviembre de 2012, pero cuando supo de la repercusión que había tenido su frase, la borró de inmediato. ¿Sabía algo más Quijano?

Quijano fue contemporáneo de Ilarraz y formó parte del equipo de superiores del Seminario.

A la renuncia del arzobispo Estanislao Karlic, en 2003, lo sucedió Mario Maulión.

Maulión asumió el gobierno de la diócesis el 9 de julio de 2003 y se mantuvo en el cargo hasta que alcanzó la edad límite para el servicio activo, los 75 años. El 4 de noviembre de 2010 el papa Benedicto XVI aceptó su dimisión, y designó en su reemplazo al entonces obispo de Mar del Plata, Juan Alberto Puiggari, que tomó posesión de su nueva función el 7 de marzo de 2011.

Cuando ocurrieron los hechos en el Seminario, Puiggari era prefecto de disciplina del Menor-Mayor, los últimos dos años del colegio secundario; Ilarraz, a su vez, era prefecto de disciplina del Menor-Menor, de primero a tercer años, el ciclo básico. Precisamente, los alumnos del Menor-Menor fueron quienes denunciaron los abusos.

La estructura funcional del Seminario, entonces, estaba conformada así: el rector, cabeza máxima y superior del cura Ilarraz, era Luis Alberto Jacob; por debajo, y como directores espirituales, estaban el finado Andrés Emilio Senger, y el arzobispo Puiggari; y como prefecto de estudios, el ahora canciller de la Curia, Hernán Quijano Guesalaga.

En una escala inferior, y como responsable de Teología, César Raúl Molaro, sacerdote agregado de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz del Opus Dei; y como prefecto de disciplina del curso propedéutico, Silvio Fariña Vaccarezza, también designado oficial de justicia, y encargado de llevar adelante, en 1995, la investigación diocesana que encomendó Karlic después de escuchar a las víctimas de los abusos.

Maulión supo de los abusos de Ilarraz por una carta que presentó un grupo de curas en 2010. Quijano también supo ese año de los hechos. Según declaró en la etapa de instrucción de la causa el cura Leonardo Tovar -que firmó aquella carta-, Quijano tuvo una actitud reprochable con él. “Quijano era el secretario del consejo presbiteral de Maulión, y fue quien redactó el acta con la respuesta de Maulión a aquella carta que presentamos. Después de la reunión del consejo presbiteral en la que Maulión nos informa de todo lo que había pasado con el caso Ilarraz, Quijano me salió al cruce cuando bajé a la Librería del Arzobispado. Me puso en un rincón, y me dijo: ´Terminala con Ilarraz. Eso ya pasó. En todo caso, el único responsable es Karlic. Puiggari no tiene nada que ver´”.

Tovar entendió que aquel incidente con Quijano fue una “apretada”.

Leonardo Tovar.

 

Quijano también pecó de incontinencia verbal en los primeros años del caso Ilarraz en la Justicia.  “El caso Ilarraz de ninguna manera puede considerarse un delito de lesa humanidad imprescriptible”, escribió en Facebook, y dijo que sólo se consideran “conductas” tales como asesinato, exterminio, esclavitud, deportación, encarcelación, tortura, violación, esclavitud sexual, prostitución, embarazo o esterilización forzada, persecución, desaparición forzada, apartheid. No el abuso de menores.

Ergo, aboga por la teoría de la prescripción, un asunto que ya dio por terminado la Justicia provincial con un fallo, en 2017, de la Sala Penal del Superior Tribunal de Jusicia (STJ). La conclusión, los delitos que se le endilgan a Ilarraz no están prescriptos.

Quijano, además de ser cura, es comisario mayor de la Policía de Entre Ríos.  En realidad, lo fue hasta el 30 de noviembre de 2017, cuando se acogió al retiro.

 

De todo lo que supo o sabe del caso Ilarraz, Quijano deberá dar testimonio en la audiencia de este lunes del juicio a Ilarraz. Está citado para las 17,30, momento en el que se retomarán las audiencias, después de la inspección al Seminario que se hará por la mañana. También está citado el cura Alfonso Frank, que participó, en 1995, de la primera investigación eclesiástica a Ilarraz.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.