Hace dos semanas comenzó el nuevo ciclo de “La Calandria”, uno de los programas distintivos de la radiofonía entrerriana, en especial porque no es nada sencillo recorrer las propuestas -a través del dial pero también de los años- y encontrar alguna opción comparable a lo que fue, es y va hilvanando, con claridad, exactitud y delicadez, la voz de don Mario Alarcón Muñiz.

Don Mario tiene 83 años y ha resuelto que este nuevo ciclo del programa, que cumple 25 años, quede un poco más en manos de sus hijos, Lautaro y Lisandro. Se aleja un paso o dos, pero está, claro, no solo en la concepción histórica de “La Calandria”, sino en el aura misma del programa, en la artística y en las salidas que realiza para hacer su aporte, que mantiene ese bagaje inestimable de erudición entrerriana y mansa sabiduría.

Mario Alarcón Muñiz conoce la provincia en todos sus detalles. Lo admite, sin aires de viajero y ajeno a toda vanidad. Ha sido efectivamente así. “Puede ser que algún lugar me quede por conocer, pero creería que no y no ha sido por paseo, siempre por trabajo y por la inquietud de vincularme con gente”, dice. Cada lugar de Entre Ríos tiene historias que conoce y ha contado, por radio, por escrito o sobre alguno de los tantos escenarios. Cada lugar de la provincia, también, remite en su memoria a personajes, artistas, creadores, que ha conocido, que ha escuchado.

Don Mario lleva encima una mirada profunda de Entre Ríos y la transmite tanto en el contenido de sus palabras como en su modo de decir, de frases que vibran entre las lomadas de sus tonos que hacen más atractivo el paisaje de sus palabras. Habla, don Mario, como se ve Entre Ríos en el camino y es un don notable. Lo hace, sin ninguna pretensión de dar a conocer lo mucho que sabe, sino más bien todo lo contrario, lo hace en el afán de compartir y entrar por ese diálogo a nuevos hallazgos.

Hace algunos años, cuando le preguntaban cuál de sus facetas periodísticas elegía, don Mario optaba por la radio y explicaba que “hay una respuesta inmediata de los oyentes y una mística que te permite estar en lugares que ni te imaginás”, aunque concedía que “lo que se escribe trasciende en el tiempo, como también te permite hacer un trabajo de reflexión constante”.

Hoy, a los 83, lo que quiere es escribir. “Tengo muchas cosas para escribir y otras que he escuchado y me han interesado. Andar tanto me ha dado la facilidad de enterarme de algunas cosas”, dice. Piensa, en voz alta, en todos esos personajes que ha conocido en el camino, surge el nombre del poeta Marcelino Román, de Santos Tala, de su amigo Víctor Velázquez. Pero son muchos más. Alguna vez don Mario pensó en organizar aquellas entrevistas con Juanele Ortiz, que conserva y representan un archivo extraordinario del periodismo de esta provincia.

Alarcón Muñiz es en esencia, además escritor, narrador de historias y presentador de festivales, un periodista. Y uno que creó medios, dirigió otros y mantuvo una alianza absoluta con la honestidad, el rigor y la búsqueda de la verdad.

En una escueta y rápida biografía se dirá que Don Mario participó de la creación de LT 38 de Gualeguay, dirigió los diarios “Concordia” y “El Día” (de Gualeguaychú); fue jefe de programación de Canal 9 de Paraná, trabajó en Radio Nacional Gualeguaychú y fue jefe de noticias de la agencia APF, entre otros. Pero también se debería incluir que fue censurado en “El Diario” de Paraná cuando la empresa periodística más importante de la provincia quedó en manos de empresarios vinculados al urribarrismo y habría que añadir que el Ministerio de Cultura de Pedro Báez -durante el segundo mandato de Urribarri- hizo esfuerzos tendientes a quitarle micrófonos y escenarios, en una clara identificación sobre el rival cultural elegido. En concreto, durante el urribarrismo, Alarcón Muñiz dejó de conducir el festival de Diamante luego de más de 30 años y perdió su espacio en la radio pública, LT 14, sin ninguna explicación.

Lo que hubiera provocado escándalo, movilizado por el propio damnificado, en cualquier otro caso, en don Mario pasó de largo sin que se refiriera prácticamente al asunto. Siguió su programa en la radio de la Universidad Nacional de Entre  Ríos (UNER) y volvió al año siguiente a Diamante, una vez que la censura de Báez había caducado junto a su mandato. No hizo lecturas, ni se sintió víctima de nada, aunque habían ido de modo muy concreto no solamente contra él, sino contra un modo de conocimiento y de práctica periodística, fundada en la pluralidad y el trabajo a conciencia en la observación y la escucha atenta. El contrapunto pretendido por la gestión era la militancia, la repetición de consignas, el enfoque uniformado y los argumentos dados.

La mala época no le dejó huella, don Mario siguió haciendo del mismo modo y a los 83 pirulos planea hacerlo, especialmente, a través de la escritura. Hay una segunda parte de sus “Entrerrianías” (libro publicado por LT 14) lista para salir y otras tantas historias que se debaten entre sí para que el autor las elija y finalmente les de la gracia de la eternidad.

Algunas de esas cuestiones me cuenta esta mañana don Mario, en su departamento de calle Irigoyen, atiborrado de libros, de discos, de cosas. Un lugar modesto, tranquilo, de persianas bajas ahora y luz menguada, que cuenta también otra parte de un periodista que es ejemplo sin proponerse nada de eso.

Yo le pregunto y lo trato, claro, de usted, pero en la conversación siempre sucede que disuelve tan fácil las distancias, que a veces lo tuteo y a veces no. Pero don Mario no repara en el asunto, se ríe con frecuencia y coloca la voz, con esos vaivenes de lomada que inauguran los paisajes de esta tierra, como sucede cada vez que don Mario cuenta algo de todo eso que tiene por contar.

 

 

Julián Stoppello

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.