Se ve el paisaje del agua, entre los corredores de tierra y verde que se elevan encrespados. El río y el monte que orillea, ya más desprovisto y claro, en la cercanía líquida.

Tres hombres que navegan, debajo del sol piadoso de octubre, en un paisaje que se agiganta, a través del ojo y de la cámara de Sebastián Ingrassia.

La primera voz que se oye, murmura en lengua chaná y se involucra en el ritmo de la escena. Fluye, sensitivamente, en un viaje que tendrá, en adelante, 800 kilómetros y 40 años. Así son las distancias.

“Soy Río” se llama el documental que realizó Ingrassia, una película romántica sobre el Gualeguay se dirá en la presentación realizada este martes por la mañana en la delegación Paraná del Consejo Federal de Inversiones (CFI).

La actriz Carina Resnisky abre el encuentro con un fragmento de Gualeguay, versión escénica de la obra de Juanele Ortiz, homónima del río y del pueblo.

Unos veinte gurises de primaria –más invitados, funcionarios, equipo de producción y algunos periodistas- observan el modo en que la poesía se amarra a los argumentos del cuerpo, de la voz, de la imagen y el aura.

Luego se oye el paisaje y se ve la voz de Blas Jaime. Después la de don Mario Alarcón Muñiz. Comienza una muestra de “Soy Río”, un adelanto de 20 minutos, parte de una historia amorosa con el agua que atraviesa la provincia como una vena poderosa que ofrece la vitalidad de los pueblos asomados. Y de eso habla, justamente “Soy Río”, de integrar el paisaje, de ser parte. Lo dice así, entre las orillas, un maestro rural: “No vamos a ser felices hasta que no volvamos a la tierra”.

La historia del documental es estrictamente cierta. De algún modo, el documental es un raid, un homenaje al río y una ofrenda de amistad.

Desde 1973, cada octubre, tres hombres se largaban en travesía por el Gualeguay para recorrer sus más de 800 kilómetros. Casi 40 años después, sus hijos le encontraron sentido a recuperar aquella historia, para hacerla en este tiempo pero de dos maneras: en la acción misma de viajar y descansar en los paisajes del Gualeguay -en cada uno de sus bancos de arena blanca-, pero también en el registro de la travesía y en la visión de hacer algo con eso. Algo que valga la pena.

De ahí viene “Soy Río”, como una película romántica sobre el Gualeguay, que cuenta con la voz de Blas Jaime y de Don Mario Alñarcón Muñiz. Que tiene textos entrañables y guitarras de Hugo Spiazzi y Nardo González.

El relato acompaña la travesía y en el camino aparecen los personajes que cuentan la relación de los pueblos y las personas con esa franja de agua amarronada que alimenta la vida en las entrañas de la provincia.

Es un viaje intenso y apasionante, un viaje que los productores de la película –con apoyo del CFI y el Gobierno de Entre Ríos- van llevando ahora a las distintas ciudades y pueblos que rodean el Gualeguay.

Hoy, sin ir más lejos, la exhibieron en Paraná y volverán a hacerlo, con el propósito de transmitir, antes que nada, una sensación que respira en la película y también en esta frase que camina en los primeros instantes, cuando se ve el Gualeguay desde arriba, como desde el vuelo de un ave: “Cuando uno navega los sentimientos del río…”

 

Julián Stoppello

De la Redacción de Entre Ríos Ahora