En función de las notas realizadas por Daniel Enz, desde la revista “Análisis”, comenzaron a movilizarse algunas de las principales denuncias contra el exgobernador Sergio Urribarri. En especial, la causa por enriquecimiento ilícito que siguen los fiscales Santiago Brugo y Patricia Yedro, pero también algunas de las otras (son cuatro en total) que incluyen a su cuñado Juan Pablo Aguilera y a uno de sus principales armadores políticos, el diputado provincial Pedro Báez.

Urribarri está imputado, también, por peculado, negociaciones incompatibles con la función pública y fraude.

Enz reunió abundante material durante la existencia del urribarrismo. Parte de esa información fue una de las pocas adversidades que afrontó el exmandatario cuando el clima político parecía cálido y abierto para todas sus apetencias, que por cierto no eran pocas sino más bien todo lo contrario, al punto que creyó Urribarri, bien podía ser presidente. O por lo menos en eso invirtió mucho tiempo y, peor aún, dinero de todos los entrerrianos.

Tanto material reunió Enz mientras Urribarri manejaba el Estado provincial como si fuera parte de su casa, que la decisión de escribir lo que sería -y lo que es hoy- el primero de sus libros con el rostro de un exgobernador en portada, estaba ahí, a la vista. Enz no llevó a tapa a los tres mandatarios anteriores que cuenta la democracia entrerriana desde la última interrupción dictatorial. Sí, en cambio, habló de casos resonantes que ponían al descubierto maniobras de cada uno de ellos, pero no les dio la tapa. A Urribarri, en cambio sí, le dedicó una portada y este libro.

Da la impresión de que a Enz lo moviliza, en algún sentido, la indignación surgida en la observación de la impunidad. Una impunidad cruda y ofensiva. Peor aún, una impunidad que, de paso, no le importe a nadie. O casi nadie. El robo en las narices, con liturgia de gesta. Por algo el subtítulo del libro “El Clan”:  es “La familia que se apropió del Estado. Negocios corrupción y falsedad ideológica”. Para Enz, Urribarri, es corrupto pero, además, es un impostor. Y aquí lo expone.

“El Clan” es un libro que da cuenta de todo el trayecto político del actual presidente de la Cámara de Diputados de la Provincia. Enz explica su recorrido palmo a palmo, cada una de sus traiciones, sus negocios y su absoluta despreocupación por una formación política que trascienda la rosca y la ambición. En esos jugos, justamente, se fueron cociendo sus mejores armas.

Como gobernante, revela Enz, Urribarri tuvo un inicio lamentable, a tal punto que dejó antes de tiempo la intendencia de General Campos y los vecinos castigaron al PJ en la elección siguiente por la mala experiencia con el intendente. Como diputado provincial, durante la gobernación de Mario Moine, dice Enz, resultó intrascendente aún en una provincia convulsionada, con mucho por hacer y decir.

Sí supo Urribarri acomodarse debajo del ala de Jorge Busti primero y del kirchnerismo después. Sí supo Urribarri manejar los fondos de la Cámara de diputados, durante el segundo mandato de Busti, de modo discrecional. Si supo Urribarri negociar con la policía, con la Justicia, destrabar potenciales conflictos, avanzar en sociedades estratégicas con Claudia Mizawak o Julio Rodríguez Signes. Enz señala, en “El Clan”, que la actual presidenta del Superior Tribunal de Justicia fue garante de Urribarri.

El recorrido es sumamente completo y pone foco, claro, en los negocios del exgobernador y su explosivo crecimiento patrimonial, con detalles sobre bienes fastuosos, utilización de la cosa pública para fines personales y, en definitiva, la ambición imparable de “El Clan”.

El potencial lector debe saber, además, que Enz escribe un libro sobre Urribarri con la indignación que provoca la impunidad en su versión desfachatada, pero al mismo tiempo clava su mirada en la tierra fértil de la política entrerriana en la que emerge una personalidad de estas características.

Enz revisa el pasado político de Entre Ríos en detalles que ofrecen una vista tenebrosa acerca de cómo se construye poder en la provincia, con qué herramientas y de qué modo. También, en algún pasaje, hay una estimación de daños: como mínimo, se calcula, en Entre Ríos se desviaron más de 50 millones de dólares durante la gestión Urribarri.  Y todavía, aunque se investigue al respecto, no hay resultados concretos. Pero ahí está “El Clan”, de Daniel Enz. Y, desde hace unos días, está también la apurada versión urribarrista de la historia, obligada por las circunstancias y la necesidad de sostener un relato que se desmiente en la realidad que afronta hoy Entre Ríos y en la acumulación de una fortuna inexplicable.

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.