Fue seminarista a finales de la década de 1990. No quiere revelar su identidad. Pero quiere contar una situación de acoso violento que soportó cuando estaba en sus últimos años en el Seminario Arquidiocesano de Paraná y fue a realizar un trabajo pastoral de preparación a la parroquia Nuestra Señora de Luján, ubicada en 4 de Enero al 600, en Paraná, donde ejercía como párroco Gabriel Battello, y como vicarios, Ramón Gauna y Carlos Benavídez.

Battello quedó seriamente comprometido en el juicio al cura Justo José Ilarraz -condenado a 25 años de cárcel-, cuando aceptó que supo de los abusos en el Seminario aunque nunca dijo nada. Gauna dejó de ser cura. Y Benavídez es protagonista de un nuevo escándalo que sacude a la Iglesia de Paraná. Pero en el caso de este último, lo que se revela es que los acosos sexuales vienen de mucho tiempo aunque recién en 2019 la cúpula eclesiástica decide aplicarle una reprimenda muy a su modo: lo sacó del centro de la escena, casi en silencio.

Benavidez fue apartado de su función de párroco de San Ramón, en Nogoyá. Pero oficialmente la Iglesia no dijo nada.

¿Qué hacía Benavídez en Nogoyá? Lo que ya había hecho antes en Luján, y quizá en otras parroquias también.

“Todos los seminaristas, desde segundo de Filosofía hasta el último de Teología, hacían apostolado. Los apostolados eran los sábados, o sábados y domingos, en una parroquia de la diócesis. Íbamos uno, dos o tres seminaristas, según el tamaño de la parroquia. Era una manera de aprender la profesión de cura. A mí me tocó en la parroquia de Luján. Los seminaristas andábamos por todos lados, incluso por la casa parroquial, y cerca de las habitaciones, que estaban en el primer piso. Benavidez, que era corpulento, siempre te agarraba, te abrazaba fuerte, te manoseaba. Una vez, en su habitación, se me tiró encima, y me llevó a la cama, y empezó a manosearme. Como pude, me lo saqué de encima. Yo era un gurí flaco, y él, obeso, grandote. No me podía mover, y como pude, zafé. Para mí, era joda, de romper las bolas. Hasta que pasó lo de los billetes”, recuerda el exseminarista.

Lo de los billetes no fue un asunto menor, ni anecdótico.

El seminarista fue invitado por Benavidez a su habitación para charlar un asunto –el párroco y los vicarios debían elevar informes al Seminario sobre el comportamiento y el trabajo de los seminaristas, y eso era clave para su posterior ordenación-, pero no hubo charla: hubo un ofrecimiento. En la pieza del cura –una cama de una plaza, un roperito de dos puertas- ocurrió aquella situación.

“Me hace pasar a la habitación. Él estaba acostado en la cama. Estábamos charlando, y en un momento me pide que abra el ropero: ´Abrí, y fíjate lo que hay adentro´, me dice. Yo abro el ropero, miro y había un fajo de dólares. Billetes de 100. Entonces, dice: ´Agarrá lo que vos quieras. Saca nomás. Pero te tenés que dejar´. Me insistía con eso. Lo rechacé. Pero el acoso siguió. Seguía, siempre cuando yo estaba solo con él. Una vez me hizo saber que él podía hacer un informe desfavorable sobre mí al Seminario”, cuenta.

Frente a Entre Ríos Ahora, el exseminarista recuerda cada detalle de aquellas situaciones, el lugar donde ocurrieron los acosos, la casa de Dios: dibuja en un papel un croquis a mano alzada. Acá la cama, en este rincón el ropero, por ahí la puerta de ingreso a la habitación de Benavidez en la parroquia de Luján. Los billetes de 100 dólares que aparecían en ese fajo puesto con descuido muy estudiado.

Lo de los dólares fue la culminación de situaciones que ahora asocia con el acoso más feroz. “Benavidez pasaba, te tocaba los genitales y se cagaba de risa. Uno lo tomaba como joda, porque después te abrazaba, se te tiraba encima, y te tiraba en la cama. Uno, en su pelotudez, soportaba esas cosas. Hasta que vino lo de los dólares”, dice, y repite el mismo gesto de espanto que debió sentir aquella vez en la casa parroquial de Nuestra Señora de Luján.

-¿Por qué iban los seminaristas a reunirse con los curas en su habitación?

-Generalmente, nos reuníamos en el comedor o en la habitación de los curas y ellos nos bajaban línea sobre qué hablar, qué temas abordar con los distintos grupos, sean catequistas o ministros. Recuerdo que en Luján estaba el grupo Cristo Rey, al que Battello rechazaba. Nosotros como seminaristas íbamos y dábamos charlas a esos grupos. Y los temas de esas charlas eran coordinados antes por los curas.

 

Nogoyá


El modus operandi de Benavidez no cambió. El acoso siguió. Pero en tiempos de redes sociales, los casos estallaron públicamente de modo voraz ahora en Nogoyá.

Enterado del escándalo, el arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, aplicó la medicina de siempre: lo relevó a Benavidez de su función de párroco en San Ramón, de Nogoyá, y lo mandó a solucionar sus entuertos personales. La curia se desligó del tema y corrió al sacerdote de la escena. Pero la medida llegó tarde: en Nogoyá ya son virales los chats del cura con distintos hombres que acudieron a él por ayuda ante la falta de empleo y el sacerdote terminó acosándolos para tener sexo.

Juan –es un nombre ficticio, para resguardar su identidad- soportó un bajón de trabajo y eso lo llevó a un estado depresivo. Su mujer lo invitó para ir a la iglesia: quizá el cura te pueda ayudar, le dijo. Allá fueron: Juan, su mujer y sus hijos a la misa en San Ramón.

Así cuenta lo que le ocurrió en la casa parroquial de San Ramón:

“Después que terminó la misa, se me dio por saludar al padre. Me pareció una persona macanuda. Me preguntó mi nombre, el de todos los miembros de mi familia y me dice: ´Bueno, andá a tu casa, deja a tu familia, y venite para la iglesia, que vamos a conversar los dos´. Pensé que podía darme una mano. Nunca pensé que me iba a pasar lo que me pasó. Pensé que me iba a dar ayuda para poder salir adelante. Caí a la iglesia como a las 9 de la noche. Me hizo pasar a la casa. Y me dice: ´Estoy viendo una película porno, porque los curas, después de misa, somos personas normales. Si te animas, vení´. Le dije que no tenía problemas en que viera porno. Que si quería, que siguiera mirando la película. Mientras miraba la película, el viejo me tiraba lances: que necesitaba que le hicieran masajes. En un momento, el viejo se quedó en bolas frente a mí esperando que yo le hiciera masajes. Le digo: ´Padre, me está dejando helado con esto. Yo vine por otra cosa´. Discutí con el cura y me fui”.

Un chat que ya es viral pone al descubierto otra situación de acoso del cura a un hombre que acudió a él por problemas de empleo. “Venite, te hago un test sicológico”, invita el cura. Con ortografía resbaladiza, ofrece ayuda con cierta intencionalidad: “Negro, lo que presice, si está en mi posibilidad, contá, Dios te bendiga”. Y después siguió: “Cagón, no te animas, jajaja, a venir, qué, tenés miedo?”.

Puiggari supo de eso y mucho más, antes y después, pero recién el lunes 10 de junio decidió quitar a Benavidez de su función de párroco en San Ramón, y sacarlo del centro de la escena, “concediéndole un tiempo para la atención de cuestiones personales”, según indicaron desde la curia.

 

 

 

 

Ricardo Leguizamón

De la Redacción de Entre Ríos Ahora