El cura Leovigildo Escorcia, oriundo de Rosario, está afincado en Paraná desde 2013: es el responsable de la casa general de la Cruzada del Espíritu Santo, la congregación religiosa que da cobijo al cura sanador Ignacio Peries, y que hoy tiene como cabeza al colombiano Henry Wilson Echavarría, residente en Texas, Estados Unidos. La sede de la Cruzada es una casa de barrio, en la calle Comandante Espora al 500, cerca del Club Don Bosco, que casi siempre permanece con puertas y ventanas prolijamente cerradas.

La Cruzada tiene entre los suyos a un reo, también: el cura Juan Diego Escobar Gaviria, todavía miembro del clero de Paraná, condenado a 25 años de prisión por abusos y corrupción de menores. A finales de agosto, fue llevado a juicio en Gualeguay, y en septiembre la Justicia emitió un fallo durísimo. La sentencia no está firme -fue apelada ante la Cámara de Casación Penal- aunque de igual modo Escobar Gaviria, otrora cura sanador, está en prisión: desde el 21 de abril cumple prisión preventiva en la Unidad Penal de Victoria.

Ya condenado en una causa penal, Escobar Gaviria enfrenta ahora otra causa judicial: una demanda civil que plantearon las víctimas, y que reclaman una cifra varias veces millonaria. Previo a ir a los tribunales, el abogado querellante Mariano Navarro se allanó a una negociación en un ámbito de conciliación, con mediadores designados por la Justicia. Navarro se sentó con los representantes del arzobispado de Paraná, el abogado Mario Martínez y el contador José María Ríos; los defensores de Escobar Gaviria, Milton Ramón Urrutia, Juan Pablo Temón y María Alejandra Pérez, y el delegado de la Cruzada del Espíritu Santo, Leovigildo Escorcia.

Escobar Gaviria en Tribunales.

 

No llegaron a ningún acuerdo por lo que ahora sobrevendrá la demanda en la Justicia, y el reclamo irá contra la Iglesia de Paraná, aunque desde la curia insisten en hacer responsable a la Cruzada en el pago de las indemnizaciones. En ese enredo de acusaciones mutuas, está el cura Leovigildo Escorcia, un sacerdote que se calzó los hábitos empujado por una situación peculiar.

Se acercó a la Cruzada del Espíritu Santo en el año 2000, luego de leer en una revista del cable de Rosario una nota a quien ahora es el superior general de la congregación, Henry Wilson Echavarría, entonces formador en la casa de la orden religiosa, en Rosario. Ninguna revelación, ningún mensaje divino, nada de dios ni la virgen acercándosele en una esquina cualquiera de Rosario. Nada de eso: leyó una nota en la revista del cable, y entonces dejó el trabajo que realizaba entonces: empleado de comercio.

“Yo trabajaba en un comercio, y escuchaba a la gente que iba al padre Ignacio, pero no sabía quién era. Nunca lo había visto, no sabía nada de él. Lo llamativo es que yo estaba en el servicio sacerdotal de urgencia, en la comisión directiva, y nunca había escuchado de la fama del padre Ignacio. Pero el padre Ignacio me había llamado y yo lo había atendido por asuntos del servicio sacerdotal. Pero sin saber quién era. Nunca le di importancia. Después, con el correr de los años, me interesé por la congregación, de su carisma, y empecé a conocerlo más. Hace 15 años que estoy, y muy agradecido con él, por lo que me ha dado. Es un sacerdote de gran corazón”, declaró en 2013.

Mariano Navarro, el abogado que lleva adelante la demanda contra la Iglesia.

 

Ahora, ha dejado de lado los asuntos de Dios para entender en cuestiones muchísimo más terrenales: la negociación judicial por un reclamo de indemnización a víctimas de abuso cometidos por otro miembro del clero, Escobar Gaviria. Parece elegido para la negociación: no ha cedido al primer reclamo, ha rehusado acceder a la petición de las víctimas y quiere resolver el problema en los tribunales. Que sea un juez, no Dios, quien resuelva el reclamo.

A decir verdad, Escorcia se ubicó desde el vamos del otro lado de la vereda: en agosto pasado, cuando tuvo lugar el juicio oral al cura Escobar Gaviria, en Gualeguay, acompañó al pequeño grupo de seguidores del ahora reo y rezó con ellos en una plaza, frente a Tribunales.

La demanda civil fue presentada ante el Juzgado Civil y Comercial Nº 1 de Nogoyá, a cargo de Américo Daniel Luna. El paso previo fueron las mediaciones, a cargo de los mediadores Andrés Martín Galizzi y Daniel Alejandro Galizzi, y  Patricia Urigh. En los dos primeros casos fracasó la mediación; en el otro, habrá una segunda oportunidad, el 27 de diciembre, aunque las posibilidades de llegar a un acuerdo son nulas.

Escobar Gaviria fue párroco de San Lucas Evangelista, de Lucas González, entre 2005 y 2016, y ejerciendo ese rol cometió abusos y corrupción de menores, según probó el Tribunal de Juicios y Apelaciones de Gualeguay, que lo juzgó entre el 22 y el 28 de agosto últimos. Concluidos los debates, el tribunal encontró al sacerdote culpable y le aplicó una dura condena, 25 años de prisión de cumplimiento efectivo. Llegó a Entre Ríos de la mano del arzobispo emérito de Paraná, Mario Maulión.

También Escorcia debe su llegada aquí a Maulión. Fue quien lo ordenó sacerdote en la Iglesia Catedral de Paraná el 18 de septiembre de 2004“Ha sido como un padre para mí Maulión”, ha dicho.

Ahora, ha dejado a Dios en la puerta, y ha puesto su peor cara de negociador.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.