El arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, es, a qué dudarlo, un gran pragmático, y aunque hace bandera con su credo y tiene como libro de cabecera la Biblia, emplea con asiduidad una cintura política que más de un legislador envidiaría.

El martes 7, celebración de san Cayetano, llegó al barrio San Roque y logró imprimirle un nuevo perfil a la tradicional festividad religiosa en la que se pide por pan y trabajo: Puiggari sumó a las letanías el reclamo por las dos vidas. En el templo de san Cayetano había un cartel que  decía: “Pan, vida, trabajo”.

Y aunque cargó contra el ajuste y la falta de trabajo  -“Lamentablemente, una vez más vivimos una situación precaria en la Argentina”, dijo-, se ocupó de fustigar el tratamiento en el Senado de la ley de interrupción voluntaria del embarazo. “Estamos en momentos muy decisivos de la patria. Los que creemos, creemos en Dios y confiamos en Dios. El que cree en dios tiene que apostar a la vida”, sostuvo, y pidió después: “Por eso, pedimos a san Cayetano que ilumine a los señores senadores, que mañana (por este miércoles) tendrán esta tarea tan difícil, para que legislen pensando en el bien común, y en el mandato que le ha dado su pueblo. Como decía en Luján el presidente del Episcopado (Oscar Ojea), el aborto no es un derecho, es un drama”.

Puiggari se movió entre la muchedumbre que asistió a san Cayetano acompañado por un ladero que no lo deja ni a sol ni a sombra: su secretario privado, el cura Mario Gervasoni.  Puiggari no dice ni mu de su adlátere, complicadísimo en la Justicia con una causa por falso testimonio.

En la última semana de junio último, el fiscal Juan Francisco Ramírez Montrull firmó el pedido de remisión a juicio de la causa por falso testimonio que involucra al cura Mario Gervasoni.

La causa, un desprendimiento de la investigación sobre los abusos y corrupción de menores del cura Justo José Ilarraz en el Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora del Cenáculo, se había abierto en 2015, y avanzó en forma paralela: el Ministerio Público Fiscal sostiene que, cuando fue citado a declarar, no contó todo lo que sabía de los abusos de Ilarraz-.

La Fiscalía había demorado la remisión a juicio de la causa Gervasoni al aguardo de la resolución de la investigación Ilarraz. El 21 de mayo último, Ilarraz fue condenado a 25 años de prisión al hallarlo culpable un tribunal de los delitos de corrupción de menores agravada (cinco hechos) y abuso deshonesto (dos hechos), aunque mientras ese fallo condenatorio no quede firme, cumple prisión preventiva bajo la modalidad de arresto  domiciliario.

El fiscal Ramírez Montrull estuvo al frente de la causa Ilarraz entre 2012 y 2018, y ahora se abocó de lleno a lo que en Tribunales ya se denomina como la “Causa Ilarraz II”. Un primer desprendimiento es la investigación sobre el cura Gervasoni, a quien se le endilgó el delito de falso testimonio por no haber contado durante la etapa de instrucción todo lo que sabía.

Gervasoni fue citado como testigo en el juicio a Ilarraz el 4 de junio, pero luego fue desistido por disposición del tribunal -que integraron Alicia Vivian, Carolina Castagno y Gustavo Pimentel- a pedido de los abogados defensores del sacerdote, Miguel Cullen y Guillermo Vartorrelli.

 

El secretario privado de Puiggari primero declaró en la investigación diocesana que encargó el ahora cardenal Estanislao Karlic, en 1995.

En Tribunales, Gervasoni dijo que supo que se hicieron actuaciones diocesanas. “Si mal no recuerdo las fechas, se comenzaron en el año 1995, creo. Es lo que sé. Lo sé porque en el año 1995 se me pide a mí un testimonio de si había visto alguna conducta inusual o algo raro que haya visto en ese tiempo, a lo cual yo respondo que no, que no percibí nada inusual o fuera de lo común.Me pidió que declarara en esa época el padre Puiggari y la declaración la hice en el Seminario, porque yo en esa época todavía estaba allí”.

“La declaración la hice por escrito y  se lo di al padre (Juan Alberto) Puiggari. Se nos  nos pidió que seamos reservados. Por mi manera de ser, nunca lo comenté porque no me parecía que correspondiera comentarlo”, contó.

La Justicia le abrió una causa a Gervasoni después de que el 8 de abril de 2015 acudiera a Tribunales a prestar testimonio como testigo en la causa que investiga los abusos en el Seminario.

Esa vez, Gervasoni no contó todo lo que sabía, según entendió la Fiscalía.

Ahora, el cura espera que en Tribunales se fije fecha para las audiencias, cuando deberá estar en el banquillo de los acusados.

 

 

Foto: Arzobispado de Paraná
De la Redacción de Entre Ríos Ahora.