El miércoles 24 de junio de 2015, el cura Justo José Ilarraz estuvo, entre las 10 y las 17, frente a la jueza Susana María Paola Firpo, y reveló que siempre estuvo cerca de niños.
Ingresó al Seminario Menor de Paraná en 1970: de 1972 a 1975 cursó la secundaria como pupilo, estudió para sacerdote, y se ordenó en 1984. Un año después, en 1985 fue nombrado por el entonces arzobispo Estanislao Karlic en la función de prefecto de disciplina del Seminario Menor.
Tuvo bajo su responsabilidad a los adolescentes que llegaban, como él lo había sido, como pupilos, ya desde el año 1980 en adelante: primero como bedel -una especie de celador, tarea que cumplen los seminaristas avanzados-; después como prefecto de disciplina. “Una vez que me ordené sacerdote, en el año 1984, recuerdo que se me encomendó la tarea de un congreso eucarístico para niños; yo tenía un año de sacerdote y era mi obispo monseñor Karlic”, recordó ante la jueza.
En su declaración indagatoria ante la jueza, jamás admitió haber abusado de niños. “Quiero contar cómo era mi relación con cada uno de los chicos. Era una relación normal de prefecto o superior o de profesor interesado en el crecimiento espiritual y humano de cada una de estas personas. La tarea era acompañar las distintas actividades organizándolos a ellos en los trabajos y cuidando la disciplina. Nunca tuve problemas de falta de respeto por parte de ellos y siempre pregoné para que ellos me vean como sacerdote que estaba a cargo de su formación”, contó.
En aquella declaración indagatoria en Tribunales, Ilarraz desmintió a las víctimas respecto de las salidas del Seminario. Muchos refieren que, ante una falta de disciplina, el castigo era privarlos de las salidas para ver a sus familias por semanas. “Recuerdo que antes teníamos los terceros domingos de salidas a nuestras casas y a partir de los años que yo estuve de prefecto con el padre Puiggari ellos salían ya el viernes a la tarde y regresaban el domingo a la noche, mensualmente”, dijo Ilarraz.
Y sostuvo que “mi relación con los chicos era natural, era buena, solía encontrarme con sus familias los domingos cuando venían a visitar, conversar cómo iban en la escuela, preocuparme de alguna cosa necesaria como ser la salud y transmitirla a los padres alguna dificultad”.
Su salida del Seminario, en 1993, no fue de modo intempestivo, aseguró. En 1992, dijo, y a pesar de que Karlic lo había vuelto a nombrar por otros tres años como prefecto de disciplina del Seminario, decidió hacer las valijas e irse. Karlic, contó en Tribunales, “me autorizó a solicitar la beca que la debía hacer él para ir en el año 1993 a Roma. Esto lo digo porque algún testigo dice que en el año 1992 me fui del día a la noche o de un día para otro y esto no es cierto porque monseñor Karlic me pide que me quede hasta casi fines del 1993 a vivir en el Seminario”.
No se quedó hasta el final de 1993. “En el año 1993, marzo o abril, marzo creo que fue, no recuerdo, le presenté la renuncia porque me di cuenta que era incompatible ser administrador del Seminario y querer ser competente y no estar viviendo las dificultades propias en materia edilicia de la misma institución. Además porque mi cabeza estaba puesta en la preparación al curso de Misionología que se realizaría en ese año en Roma. El padre Puiggari me dice en marzo o abril no más de mayo, por ese tiempo, que le sorprendía la actitud que había tomado, refiriéndose a la renuncia de la parte económica y me dice porque él le había pedido a Monseñor Karlic que sería bueno que yo siguiera en la parte económica hasta antes de mi partida”.
Viajó a Roma. “Por el año 1995, me comunican que habían hecho dos denuncias, refiriéndose a la de HR  y DC y me comentaron el tenor de esas denuncias de modo verbal. Porque el motivo era que se necesitaba, al existir esas denuncias, se necesitaba hacer los estudios o pericias pertinentes. Lo que quiero dejar bien en claro es que jamás, jamás se me informó de que se estaba haciendo una instrucción diocesana, jamás. Dieciséis años después me entero por la prensa de que fueron llamados testigos sacerdotes y seminaristas para realizar esta instrucción. Y si bien quiero hablar unas palabritas sobre esta instrucción, pido disculpas porque uno de ellos es un difunto y no podrá defenderse de los que yo diga pero tampoco me lo permitieron a mí en ningún momento. Leyendo creo que el año pasado, o el ante año, la testimonial del padre (Andrés) Senger, me sorprendió y me dolió lo siguiente: él dice que en el año 1972, es decir que no dice el año sino que cuando estaba yo en primer año, fui abusado durante seis meses, tremenda mentira, jamás ni a mí ni a ningún otro se escuchó en el año que él se refiere algún tipo o ningún tipo de abuso”.
“Mi celo apostólico fue cumplir con lo que monseñor Karlic me pidió. Ser fiel como prefecto de disciplina cumpliendo las funciones de las cuales nunca tuve una reprimenda o una corrección por parte del rector (Luis Jacob) o del mismo obispo (Karlic), además era asesor de las obras de las vocaciones, trabajaba también como misionero y muchas veces fui a evangelizar a Alcaraz, por ejemplo, en mis vacaciones de julio yendo a dedo, y comiendo de lo que la gente me podía dar, sin querer recibir nada más a cambio”, aseguró en su indagatoria.
Metió después la inquina entre dos curas, Andrés Senger y Luis Jacob, que, dijo, dieron versiones distintas en la Justicia. “Pero esto mismo que dijo el padre Senger fue refutado por mi rector el padre Luis Jacob que en su declaración en la misma instrucción diocesana dijo que se lo veía a Ilarraz con mucho celo apostólico. Siguiendo con la instrucción diocesana, me encuentro con el sacerdote Javier Balcar que dijo que en una oportunidad me vio reunido con varios chicos que estaban en paños menores en el dormitorio del pabellón y que yo estaba presente alrededor de ellos. Y sin recordar bien, creo que dijo que con mi pie o con mi dedo le tocaba el dedo de uno de ellos. Esto es una mentira tremenda”
Entonces, involucra a Juan Alberto Puiggari. Dijo que si Balcar “si hubiera visto eso, hubiera dicho qué chicos estaban presentes porque los conocía a todos y se los hubiera comunicado al padre Puiggari que era el rector del (Seminario) Menor. Segundo que es imposible que ningún chico haya estado en paños menores porque tenían prohibido salir de las duchas en calzoncillos, andar por los pabellones de la misma manera e inclusive dormir sin pijama o pantalón corto y la razón es obvia, si al dormitorio podía subir cualquier persona, madre, hermana no iban a encontrarse ellos en paños menores”.
A otro que le reprochó sus dichos fue al sacerdote Pedro Barzán, hoy radicado en Italia.
“También me sorprendió leer al padre Pedro Barzán (…)  que me veía tomar una gaseosa con un grupo de chicos, cuando era normal tanto en mi persona como el padre Puiggari, si se encontraba con un grupo y estaba tomando una gaseosa se compartían, diciendo que había privilegios o que yo sacaba del kiosco sin pagar, lo insinúa a esto, no lo dice. Sí dice que una vez me encerré en la sala de televisión con un grupo de chicos, y esto no es así, falta a la verdad, porque la llaves de la sala de televisión de tercero, cuarto y quinto año la tenían o el padre Puiggari o los bedeles, él era uno de ellos”.
De la Redacción de Entre Ríos Ahora.