Sergio Urribarri debe añorar con dolor sus tiempos de gobernador en los que un equipo moderador manejaba sus redes sociales y lo mostraba como un estadista de utilería: el exgobernador se hundía en Facebook y en Twitter y sonreía, abrazaba niños, se abalanzaba sobre las vecinas, se zambullía en una playa de río, tomaba mate con peones de campo, visitaba una empresa, operaba una máquina, bajaba de un helicóptero, subía a un avión, se montaba a una bicicleta, navegaba el Paraná, y todo eso para la lente de la cámara.

El Sueño Entrerriano, justamente, tuvo una de sus patas en las redes sociales; la otra apoyatura, claro, fue en el fenomenal gasto de los recursos de las arcas del Estado entrerriano, un asunto que ahora investiga la Justicia en procura de establecer si Urribarri incurrió en el delito de peculado. Mas el exgobernador dice que nada de eso, que es una acusación “injusta”, “infundada”, y que lo que pasa es que aquí ya no tiene seguidores, y recuerda, en una copia muy torpe, aquella escena primera de “El general en su laberinto”, y el diálogo con José Palacios. “Vamonós –le dice el general a su mayordomo-. Volando, que aquí no nos quiere nadie”.

Eso piensa Urribarri: que todos le han vuelto la cara. “Mi intento presidencial, ´El sueño entrerriano´ fue efectivamente una iniciativa política que reflejaba el por entonces ascenso de Entre Ríos en la escena política nacional y que de concretarse redundaría en un innegable beneficio a los entrerrianos. Sin embargo, aunque no fue exitoso, permitió generar posicionamientos dentro del oficialismo que garantizarían una importantísima inserción en un eventual futuro gabinete. Y habida cuenta de los resultados electorales, se estuvo a apenas un punto y fracción de alcanzar tal objetivo”.

La Justicia no cree que se haya tratado de una gesta heroica sino más bien de un manoseo de los fondos públicos para fines privados.

Sus seguidores en las redes sociales también se han vuelto de corazón duro: su diatriba en contra de la imputación por peculado y negociaciones incompatibles con la función pública que le enrostran los fiscales Santiago Brugo y Alejandro Cánepa en la causa Nelly/Mercosur, no consiguió el efecto esperado. En su cuenta de Twitter, el exgobernador sólo encontró 7 retuits y 4 me gusta.
Y en Facebook, red en la que tiene más de 187 mil seguidores, su posteo tuvo un poco más de repercusión: 695 me gusta; 182 veces compartido, 128 comentarios.

Ningún funcionario o exfuncionario de primera línea, ningún dirigente de peso dentro del peronismo.

El exeterno funcionario Guillermo Federik –el de los proyectos ambiciosos y jamás concretados en la ciudad–, uno de los que dio un “me gusta” al posteo en Facebook; también el vocal del Consejo General de Educación (CGE), Gastón Etchepare; el concejal David Cáceres; la exfuncionaria de Educación Liliana Dasso, y no mucho más. Otro de los que mostró su apoyo es el abogado Juan Pablo Temón, que ejerce la defensa técnica del cura Juan Diego Escobar Gaviria, con cuatro denuncias por abusos a menores.

Sensiblero, el exgobernador dirigió su mensaje en las redes sociales con un vocativo inclusivo que, de momento, no ha surtido mucho efecto. “Queridos compañeros y compañeros”.

Quizá necesite de un nuevo CM.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.