“El mono en el remolino” se llama el nuevo libro de Selva Almada que estará a la venta la próxima semana. El combo es sumamente atractivo, Selva escribe su enfoque sobre el rodaje de Lucrecia Martel que se juega su merecidísimo prestigio llevando a la pantalla grande una de las mejores novelas de la literatura nacional: Zama, de Antonio Di Benedetto. En esta entrevista con Entre Ríos Ahora, la escritora entrerriana cuenta de qué se trata “El mono en el remolino” y revela su experiencia junto al cine.

 

El 28 de septiembre se estrenará en las salas de todo el país. Como sucede con cada película de Lucrecia Martel –y tal vez más en esta ocasión- habrá una atención muy especial, focalizada y exigente, para ver de qué viene esta vez el universo de una de las grandes directoras del cine nacional.

 

“La Ciénaga”, “La Niña Santa”, “La Mujer sin cabeza”, el cine de Martel va dejando marcas, con historias hechas de climas, silencios que narran y gritan, palabras justas, miradas que murmuran. Por eso ahora tal vez el riesgo sea mayor. Martel se mete con una de las grandes novelas de la literatura Argentina: lo que estrena el 28 de septiembre es “Zama”, una película basada en la historia homónima de Antonio Di Benedetto.

 

Antes del estreno, se antepone la salida de un libro que se acopla al viaje, lo prologa y a la vez hace su propia historia. Y ese libro lo escribe y lo firma la autora de “El viento que arrasa”, “Ladrilleros”, “Chicas muertas”, títulos que han resultado centrales en la literatura argentina de la última década. Selva Almada es una de las principales referentes de la narrativa nacional que se escribe hoy. Y es ella la autora de “El mono en el remolino, notas del rodaje de Zama de Lucrecia Martel”, que Literatura Random House llevará a las bateas de todas las librerías a partir de la semana próxima.

 

A raíz de sus visitantes frecuentes a Paraná, en el marco del seminario “Usina de Letras” que dicta Selva junto al escritor Ricardo Romero, se da la posibilidad de realizar esta entrevista, nunca tan a tiempo, en la antesala de su nuevo libro. Lo que sigue es una entrevista con Selva Almada acerca de la experiencia de realizar este nuevo libro, su relación con Lucrecia Martel y con este otro camino que se afirma y la conduce cada vez de modo más firme hacia el territorio del cine.

 

-¿Cómo surgió la propuesta de escribir el libro?

-La idea del libro fue de los productores de la película, Santiago Gallelli y Benjamín Domenech, de Rei Cine. Y Lucrecia Martel les sugirió mi nombre. A mí me gustó enseguida la propuesta, sobre todo porque era muy abierta: ir, mirar y después escribir lo que se me antojara.

-¿De qué modo organizaste el trabajo y cómo lo encaraste? ¿al estilo de un cronista, de un observador, de un escritor que se mueve detrás de escena?

-Yo no podía estar los dos meses y medio que iba a durar el rodaje porque ya tenía otros compromisos asumidos. Así que de entrada deseché la idea de escribir un diario de rodaje. Cuando estuve allí tomé notas, observé, conversé con la gente (tanto los técnicos como los actores no profesionales). Una vez que empecé a pensar el libro, pasado el rodaje, fue pasando por diversas formas (un libro de entrevistas, un libro sobre la Zama de Martel y un intento anterior de hacer Zama que había tenido como director a Nicolás Sarquís, en los 80), finalmente terminó siendo esto que es: un libro con mis impresiones, con cosas que me llamaron la atención, con trazos del paisaje. Son textos escritos en tercera persona, en su mayoría. Hay uno largo que es una transcripción apenas intervenida, de una charla con una mujer qom.

-¿Qué tipo de relación, si es que se dio, tuviste con la directora y los actores?

– Con Lucrecia nos conocíamos, estábamos trabajando juntas en un proyecto que finalmente no prosperó. Pero durante el rodaje no tuvimos mucho tiempo de conversar; ella tiene una presencia central en todo el trabajo, se involucra completamente en cada escena y en cada cosa detrás de la escena, antes, durante, después… una vez que terminaba el día de rodaje, ella seguía trabajando con los técnicos o reuniéndose con los actores, planeando el día siguiente. Mi rol era de simple observadora y la verdad es que traté de interferir lo menos posible en el trabajo de los demás.

-¿Cómo es escribir sobre la grabación de una peli? ¿Habías estado antes en un detrás de escena?

– No, es la primera y única vez que estuve en un rodaje. Fue una experiencia interesante ver cómo trabaja Lucrecia y cómo trabaja todo el equipo, su entrega y su admiración hacia ella. Y también ver trabajar a personas que no tienen una formación actoral, en algunos casos ni siquiera un contacto con el cine como espectadores.

-¿Habías leído Zama? ¿Qué te había parecido el libro?

– Sí, había leído la novela hacía unos cuantos años. Recuerdo que me la regalaron, la empecé, la abandoné, luego se la presté a un amigo, a él lo fascinó y me dijo que no entendía cómo no la había leído. Así que su entusiasmo me hizo volver al libro y ya en la primera página yo también me pregunté cómo era posible que lo hubiese abandonado antes: me encantó; la escena del mono en el remolino es tan hermosa… y al mismo tiempo, ahí en la primera página, en ese mono que no se decide a irse, está la clave de la novela. Es un gran libro.

-¿Qué peli de Lucrecia Martel habías visto y cuál es tu preferida?

– Sí, yo admiro muchísimo lo que hace Martel. Vi todas sus películas, hasta un corto que hizo cuando era estudiante o apenas había terminado la carrera: Rey muerto. A mí me gustan todas sus películas. La ciénaga es la que vi más veces, nunca me canso y cada vez que la pesco en la tele no puedo cambiar el canal.

-¿Te gusta escribir para cine?

– El año pasado trabajé en un guión para una productora canadiense. Y ahora estoy escribiendo con Maximiliano Schonfeld (director entrerriano, integrante de la llamada pandilla cerspense junto a Ivan Fund y Eduardo Crespo) el guión de su próxima película.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.