El jueves 6, a las 9, ocurrirá una audiencia muy peculiar en el edificio de Tribunales: una jueza de Garantías, Marina Electra Barbagelata, escuchará el pedido del fiscal Juan Francisco Ramírez Montrull para elevar a juicio oral una causa por falso testimonio que involucra al cura Mario Javier Gervasoni, secretario privado del arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari.

Gervasoni, miembro privilegiado del clero paranaense, siempre a la sombra de Puiggari, quedó ubicado en un lugar incómodo para su función. El profeta de la verdad y la moral cerrada está acusado de retacear información a la Justicia en una causa por abuso y corrupción de menores que tuvo como protagonista al sacerdote Justo José Ilarraz, ya condenado a 25 años de cárcel.

El secretario de Puiggari quedó complicado  luego de que se presentara como testigo a brindar su testimonio en el marco de la causa “Ilarraz Justo José s/Promoción a la corrupción agravada”, el 8 de abril de 2015.

El cura acudió a Tribunales para aportar su testimonio, pero la evaluación que hizo entonces el Ministerio Público Fiscal de esa declaración fue que hubo más silencios que palabras. Y que no contó todo lo que sabía, y por eso se impulsó la investigación por falso testimonio.

En realidad, el  secretario privado del arzobispo de Paraná ya había tenido un primer contacto con la causa Ilarraz en 1995, cuando el entonces arzobispo Estanislao Esteban Karlic ordenó una investigación diocesana, al tomar nota de las primeras acusaciones por los abusos.  .

En el expediente Ilarraz, el apartado referido a la declaración de Gervasoni dice: “Sabe que se hicieron actuaciones diocesanas. Si mal no recuerdo las fechas, se comenzaron en el año 1995, creo. Es lo que sé. Lo sé porque en el año 1995 se me pide a mí un testimonio de si había visto alguna conducta inusual o algo raro que haya visto en ese tiempo, a lo cual yo respondo que no, que no percibí nada inusual o fuera de lo común. Me pidió que declarara en esa época el padre Puiggari, y la declaración la hice en el Seminario, porque yo en esa época todavía estaba allí”.

Y aclaró entonces, 2015, en Tribunales, que “no me hicieron comentarios ni me dieron motivos por el cual necesitaban mi declaración. Sabe que también declaró el padre Javier Eduardo Balcar. La declaración la hice por escrito y se la di al padre Puiggari. Se nos nos pidió que seamos reservados. Por mi manera de ser, nunca lo comenté porque no me parecía que correspondiera comentarlo. Cuando nosotros estábamos en quinto año en el último curso, lo habitual es que hiciéramos un campamento o un viaje y entonces los que querían eran común que limpiáramos la habitación o los coches de los sacerdotes para juntar dinero. Entonces, no era algo raro que alguno vaya. En segundo lugar, más de una vez si uno necesitaba algo iba a buscar a cualquier sacerdote de la casa, era lo habitual”.

Un fallo que emitió a finales de abril de 2015 la Sala Penal del Superior Tribunal de Justicia (STJ), cuando rechazó el pedido de prescripción de la causa Ilarraz, firmado por el exvocal Carlos Chiara Díaz, toma en cuenta la situación de Gervasoni.  Chiara Díaz sostuvo que es “factible asimismo que los límites de esta investigación” no sólo “podrá ampliarse con el aporte de otros damnificados y denunciantes que suministren nuevas evidencias, tal como lo afirman los representantes del Ministerio Público Fiscal, sino que podrá enriquecerse en el aspecto fáctico con el descubrimiento de otros delitos conexos a cargo de otros imputados, partícipes o encubridores, tal cual se insinúa y concreta de lo requerido por el Agente Fiscal de la ciudad de Paraná, Juan Francisco Ramírez Montrull, quien solicitó por ahora a la señora jueza de Transición medidas sólo contra Ilarraz, pero también la remisión de testimonios de algunas declaraciones ante la probable comisión del delito de Falso Testimonio por parte del sacerdote Mario Gervasoni”.

El martes 19 de junio de 2018, cuando declaró como testigo en el juicio a Ilarraz, el excura José Carlos Wendler  desmintió lo que Gervasoni sostiene con tanto énfasis: que conocía de los abusos en el Seminario mucho antes de lo que dice. Recordó Wendler una charla que tuvo con el ahora cura Néstor Pucheta -residente en Córdoba- quien supo de los abusos por testimonio de una víctima. Enterado de esos hechos, y tras tener un entredicho con el entonces rector del Seminario de Paraná, Juan Alberto Puiggari, reveló que le dijo al hoy arzobispo “que si no lo ordenaban iba a hablar”.

“En el relato que cuenta de Pucheta, estaban (los ahora sacerdotes) Ramón Zapata y Mario Gervasoni; estaba también  Ramón Galarza entre los que recuerda”, se lee en el fallo condenatorio a Ilarraz al dar cuenta del testimonio de Wendler. En la ampliación que hizo ante el fiscal Ramírez Montrull, agregó otro testigo de aquella confesión de Pucheta: el sacerdote Jorge Charreun, hoy residente en Chajarí.

Gervasoni es defendido en la causa por falso testimonio por los abogados Guillermo Vartorelli y Miguel Ángel Cullen.

 

 

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.