Emilia Cersofio tiene 26 años y muchas cosas por decir. Entonces hace canciones. Letra y música, de expresiones fuertes, como ella cuando canta. “La música es la que impulsa lo que yo digo, lo que quiero decir”, explica una de las compositoras más interesantes de la escena local en la actualidad.
Antes de hacer sus temas, Emilia tocó con una banda de cuatro chicas y antes de eso estudió guitarra y bajo. En el medio o en el tránsito, participó de otros proyectos, compartió los deseos de otros, hizo su parte y aprendió con Gary Di Pietro, vivió la experiencia del rap con G Fonk y sintió la vibración del contagio.
Le encantó la verborragia del género, decir, decir y recontra decir.
Hay videos de Emilia en la web (https://www.youtube.com/watch?v=Q8BRAVIqeRQ y https://www.youtube.com/watch?v=WP2dWIHn8pk) y un disco con once canciones en camino que se llama “Un viaje”. Ella hizo presentaciones en La Hendija el año pasado con un puñado de canciones y lo hará otra vez. Entre tanto, el 17 de junio mostrará algo de su material en la presentación del libro de Selva Almada, “El desapego es una manera de querernos”.
TRÁNSITO.
Las cosas casi siempre tienen un principio. En las canciones de Emilia, en su música, el origen tendría la figura de un padre cantor de entre casa y una madre creativa en los detalles de la vida. Esa creatividad que le añade belleza y sentido a las horas parecidas.
La hermana mayor de Emilia es arquitecta y artista plástica. Ella, de niña eligió la música y se lo tomó tan en serio que fue a cursar a un instituto en Santa Fe, aunque se aburrió al tiempo y continuó su formación con profesores de bajo y guitarra en Rosario y también en Paraná.
En 2010, con tres amigas, formó Neyade, una banda de rock fusión que hacía temas propios y algunos covers de Janis Joplin y Franck Zappa.
“Siempre intenté hacer canciones, pero no hace tanto encontré una beta, un recorrido, me empezó a representar más lo que hacía, empezó a salir de la manera en que quería”, explica.
G Fonk fue una influencia y el rap un modo de contar, entre otros sonidos. “Querés escupir una cosa, sale un rap, otras veces salen canciones con mucha melodía”.
Las canciones de Emilia nacen, dice, de tantas cosas por decir, de “una verborragia necesaria”.
“Son las emociones aplicada a la vida, a partir de mi experiencia pude ver otras y sentirme representada en otras vidas también, las emociones nos unen, porque en realidad son muy similares”, se anima y piensa en voz alta: “Por lo general las canciones se disparan en los desbordes. Te desborda una emoción, sobrepasa los límites y sale una canción”.
La canción es una vuelta, un viaje, un regreso al centro, después del desborde. “Hay cosas que son violentas para uno, o por lo menos bruscas y como salvavidas está la canción”.
Emilia, además de tocar canciones, da clases particulares y también enseña en la orquesta de gurisitos de la escuela Alvarez Condarco y en otro coro de jóvenes en Viale.
¿Puede un músico de veintipico, una cantautora en este caso, proyectarse en una carrera desde Paraná, hoy promediando el 2016? Ella dice que sí, definitivamente.
“Pienso que existe la posibilidad de irse a otro lado, está al alcance de la mano, pero una de las cosas que me pregunto es por qué me tendría que mover si Paraná está hermosa y podés ir recorriendo lugares sin tener que salir de modo permanente. La ciudad se hace con uno. Estoy por grabar un disco y lo quiero hacer acá. Cuando uno se abre y se muestra no tiene el control. No podes controlar como llegás a otras personas. Yo elijo día a día lo que hago, confío mucho en el devenir, entre mis decisiones y lo que se va presentando”, dice Emilia.
Julián Stoppello
De la Redacción de Entre Ríos Ahora.