Por Jorge Daneri especial para ERA Verde

No lo queremos como Monumento Natural Nacional, ni en los libros de historia, ni en los de bichos extinguidos. Menos, todavía, en un papel de billete. Lo necesitamos vivo, en el chaco americano o Walamba y en la Selva Misionera, en el Pantanal de los países hermanos, en Sudamérica toda.

Esta conciencia ambiental grabada en el dinero es muy pobre: una máscara. Si no va acompañada de contenido y acción, de ideología, o mejor, de ecología política, no es cierta. No es verdad.

La conciencia ambiental nace desde políticas serias y en marcha. Y las vigentes, no son ni serias y tampoco están en camino alguno de concreción.

El mensaje presidencial, de aspirar a ser el supermercado del mundo, es un relato que habilita a terminar con las áreas de montes y selvas de la Argentina. La profundización del modelo extractivista, de la mano del paquete tecnológico, del agronegocio vigente, sumado a la mega-minería y la expansión de la ganadería exiliada a nuevos territorios, sean humedales o áreas periféricas a las originarias, lleva inexorablemente a consolidar el monumento en el bronce y el homenaje en un billete para este animal hermoso y nuestro.

Lo que está sucediendo en Salta, Formosa, Santiago del Estero, Tucumán, Chaco y Misiones, es la más grave expresión de un mercado salvaje y en pocas manos, que se lleva todo puesto. Lo hace primero con los pueblos originarios, los pequeños campesinos y productores de la agricultura familiar y con ellos, sin duda, con el yaguareté. La única experiencia interesante, además de la existencia de la Red Yaguarté conducida por seres humanos de la sociedad civil, es la experiencia que se lleva adelante en Corrientes de reinserción de la especie en los Esteros del Iberá.

Pero la conciencia ambiental no es una mirada y política focalizada en un mensaje lineal destinado a comunicar la necesidad de salvar algunos de estos seres que en dos o tres centenas aún sobreviven, por medio de un billete. La conciencia se brinda desde un cambio radical de la política que impulsa descaradamente el modelo extractivista y productivista ilimitado y sin retorno, expuesta, desarrollada y profundizada tanto por el del nuevo como el saliente gobierno y sus feudos provincianos en los territorios del tigre americano.

El modelo supermercado del mundo, sobre la base de la política amarrada al acuerdo estratégico integral con China, con sus retoques, para que nada cambie y simultáneamente recorriendo el camino hacia la Alianza del Pacífico, determinante para la desintegración de las soberanías  y la identidad Sudamericana, nos va a dejar, claramente, sin Yaguareté en la tierra y solo como símbolo vacío y triste en el papel y monumento en alguna plaza de pueblo nuestro.

Es el escenario que asoma, de una Sudamérica devorada por las corporaciones globales que están llevando al mundo a la mayor crisis civilizatoria de su existencia. con la patética complicidad de estas políticas “Titánic”, directamente hacia el vacío, es decir, el vaciamiento de la diversidad ecológica, cultural y económica de nuestro pueblos, aquí, en esta Sudamérica aún posible.

Así no será posible conciencia alguna, ni con papel moneda ni monumentos. Solo es posible con los reinos de vida, conviviendo.

Como nos enseña Eduardo Galeano en “Ser como ellos y otros artículos” (1992′ pág. 129) “… sobre los altares de la Diosa productividad. Al Sur, estamos todavía a tiempo de preguntarnos si esa diosa merece nuestras vidas”.