El cardenal Estanislao Esteban Karlic afirmó en la Justicia, como ya lo había hecho en 2014, que el cura Justo José Ilarraz estuvo al tanto de la investigación diocesana que ordenó en 1995, tras conocer las primeras cuatro denuncias por los abusos en el Seminario. También, dijo que reconoció su autoría en los hechos y que pidió perdón de dos modos diferentes: a través de una carta pública que redactó en Roma, lugar en el que residió entre 1993 y 1997, y también ante el propio cardenal Karlic.

“El pedido de perdón lo hizo en relación a los hechos que se le imputaban sobre su relación con algunos seminaristas. Reconoció su culpabilidad en los hechos”, respondió Karlic a la pregunta número 13 del pliego de consultas que le formuló el Ministerio Público Fiscal en el juicio a Ilarraz, declaración a la que accedió Entre Ríos Ahora. “Tengo la seguridad de que ello ocurrió por cuanto hechos posteriores así lo confirman. Uno de ellos es que nunca volvió a la Arquidiócesis, lo que es expresión del cumplimiento de la sanción”, escribió Karlic al responder las 30 preguntas que le formuló la Fiscalía.

Karlic, el arzobispo Juan Alberto Puiggari y el obispo de Concepción, Tucumán -último destino de Ilarraz-, José María Rossi, declaran por escrito en el juicio, y este miércoles se conocerá lo que respondieron a los pliegos de preguntas de la Fiscalía, los querellantes y el defensor de Ilarraz.

Ilarraz había desmentido una aseveración brindada por Karlic durante su primera declaración, en 2014, en la etapa de instrucción de la causa Ilarraz, el sacerdote a quien siete víctimas denunciaron por graves casos de corrupción de menores que ocurrieron en el Seminario Arquidiocesano de Paraná, y cuyo juicio oral empezó en Paraná el lunes 16 de abril. En su declaración indagatoria del 24 de junio de 2015, el exprefecto de disciplina del Seminario –desempeñó esa función entre 1985 y 1993- negó haberle pedido perdón a Karlic, y aseguró que nunca fue notificado de la investigación que se ordenó en 1995.

En el expediente de la causa “Ilarraz Justo José s/Promoción a la corrupción agravada” se lee el siguiente párrafo de la declaración de Ilarraz: “Yo le dije a monseñor Karlic que, si sin querer pude haber hecho un daño, no tomando esta actitud más rápida y que le pedía perdón porque nunca fue mi estilo de hacer un daño a una persona, nunca hubo en mi corazón dañar una institución y convencido de que jamás hubo en mí algún tipo de patología relacionada al abuso o al sexo. También recuerdo en esa charla con monseñor que analizamos un aspecto negativo hacia mí que decían los estudios o pericias psicológicas, que había logrado o hecho una fascinación al alumnado o a algunos alumnos, no recuerdo si era concreto hacia estas personas o era más genérico y que yo nunca quise hacer. Le dije a monseñor y que pedía perdón porque siempre los sacerdotes tenemos el hábito, la costumbre de pedir perdón antes de cada misa, antes de dormirnos, por aquellos que hicimos involuntariamente y aquello que pudimos ocasionar de modo involuntario. Y recuerdo que monseñor Karlic me dijo dos cosas: `Te pido que por ahora no tengas contacto con los seminaristas hasta que yo te diga`,  o una expresión parecida, y que tampoco vaya a Paraná, hasta que él me avise (…). Jamás monseñor me dijo: `Estás excluido, estás desterrado o no podes pisar nunca más la diócesis de Paraná`. Y jamás me dijo que tenía que hacer como penitencia un mes de retiro espiritual ni de palabra ni por escrito, nunca me contó, me pidió, me solicitó. Nada”.

 

También negó Ilarraz haber sido notificado de la investigación diocesana. Al respecto, ante la jueza Susana María Paola Firpo sostuvo que “jamás, jamás se me informó de que se estaba haciendo una instrucción diocesana, jamás. Dieciséis años después me entero por la prensa de que fueron llamados testigos sacerdotes y seminaristas para realizar esta instrucción”.

Sin embargo, Karlic desmintió todas y cada una de esas aseveraciones de Ilarraz en su segunda declaración como testigo en la Justicia. Las respuestas del ahora cardenal Karlic, que serán leídas en la audiencia de este miércoles, antes de los alegatos del jueves, incluye como aporte una carta que firmó Ilarraz en Roma, el 18 de enero de 1997.

“Los hechos ocurrieron cuatro o cinco años antes de que los denunciaran. Y tomé la determinación de que se hiciera la investigación inmediatamente después de conocer las denuncias, en 1995. La confesión pública de Justo Ilarraz admitiendo los hechos tuvo lugar en enero de 1997. Y en marzo de ese año fue sancionado. Actué en lo que era mi competencia. Considero que en la denuncia ante la Justicia civil tenían prioridad los padres y el interés superior de los jóvenes, dada la naturaleza de los hechos”, respondió Karlic a las preguntas de los fiscales Álvaro Piérola y Juan Francisco  Ramírez Montrull.

Ilarraz hizo un pedido de perdón ante el cardenal y también de forma pública, a través de una carta.

En esa carta de 1997, Ilarraz dice:“A continuación quisiera pedir a su Excelencia, tenga a bien, recibir mi confesión pública a la Iglesia de los hechos que acontecieron durante mi desempeño como perfecto del Seminario Menor. La historia no comenzó desde el momento de mi llegada al mismo. Tampoco este tipo de situación morbosa puede ser localizada como la aparición concreta de un hecho que yo pueda señalar. Sin lugar a dudas que fue la concatenación de pequeños hechos de afectos desordenados que fueron dando a lugar a una familiaridad que no condice con la condición del hombre, ni menos de un cristiano y ni qué decir de la condición de sacerdote. Esta actitud descalificante que realicé con varios seminaristas, se centra alrededor de los años 1990-1991-1992”.

En su declaración por escrito que entregó en la Justicia, Karlic respondió a una consulta del defensor de Ilarraz, Jorge Muñoz. “Me reunía con él (con Ilarraz, NdelR) en mis frecuentes viajes a Roma durante esos años y conversábamos mucho. No apliqué, según recuerdo, un protocolo, sino que actué sobre la base de una relación propia de un obispo con un sacerdote de su diócesis. Él estaba ciertamente al tanto de lo que acontecía aquí y de hecho respondió a los requerimientos que se le hicieron desde el Vicariato de  Roma y accedió a hacer la pericia psiquiátrica que allí aconsejaron. También luego escribió la confesión pública conocida”.

Y aclaró que durante la investigación que ordenó en 1995, y que concluyó en 1996 con la sanción de la expulsión de la diócesis al hallarlo culpable de los abusos en el Seminario,  dijo que Ilarraz pudo ejercer su derecho de defensa. “Sí, tuvo derecho a defensa –le contestó Karlic al abogado Muñoz-. Tanto es así que durante un período prolongado no reconocía su autoría, lo que indica que es un acto de defensa”.

“El Pbro. Ilarraz no fue sancionado en base a las solas denuncias. Lo fue ante la admisión de su culpabilidad”, contestó Karlic a la pregunta número 15 formulada por el defensor de Ilarraz. Respecto de la sanción, explicó que en el decreto que firmó en 1997  “se le pedía que realizara ejercicios espirituales, nunca conocí que los hubiera hecho, según ahora recuerdo”.

¿Por qué Ilarraz siguió siendo sacerdote después de la investigación eclesiástica, la sanción aplicada y la admisión de su responsabilidad en los hechos?

Se lo preguntaron los querellantes Marcos Rodríguez Allende, Victoria Halle, Santiago Halle y Lisandro Amavet. Y  Karlic contestó que “así lo aconsejaron desde el Vicariato de Roma después de la pericia psiquátrica. Ello fue conforme a la disciplina eclesiástica vigente entonces y al espíritu de la Iglesia Católica de permitir a un hacerdote el hacer el mayor bien espiritual posible. Entiendo que en las etapas posteriores, cuando retomó el ejercicio ministerial luego del período en que abandonó el ministerio, no hubo ninguna denuncia sobre su comportamiento. Las normas vigentes en la Iglesia en la actualidad son diferentes a ese respecto”.

 

 

 

 

Ricardo Leguizamón

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.