El sábado había diluviado con la decisión que sólo tienen los aguaceros de verano.
Pero el domingo amaneció con promesa de buen sol.
En eso estaba la mañana de domingo: en un día de calor tropical, y el sol que iluminaba una ciudad semivacía.
Casi nadie.
Nadie es una exageración: algunos andaban por ahí.
Los que andaban cargaban bolsas del supermercado, el equipo de mate, vestidos de runner, dando las vueltas del perro, ceremonias rutinarias en una ciudad donde todo acaba fatalmente en una misma pregunta: qué hacer el domingo.
Era domingo, entonces.
Había sol.
El calor incomodaba.
Faltaban pocas horas para que otra vez diluviara en la ciudad.
Pero a esta hora, poco después de las 10 de la mañana, el sol estaba bravo.
A la sombra de los edificios que se levantan en el sector angosto de calle Corrientes, había tres nenes.
Los tres nenes rodeaban un contenedor de residuos.
Un muchacho –¿el padre?— había abierto la bocaza del contenedor, colocó una caja de cartón a modo de traba para que no se cerrara, y empezó a hurgar en la oscuridad de un interior que despedía el olor a desperdicios ajenos.
Parecía entrenado en la faena: le dedicó largos minutos a la búsqueda. Nada parecía apurarlo.
Alrededor, tres nenes.
Una niña en un cochecito, el cochecito rodeado de bolsas.
Un nene sentado en el piso, jugando con una tetera de plástico.
El tercero, un poco más grande, ayudaba en la tarea de arqueología urbana en el interior del contenedor.
A esa hora, otros nenes miraban televisión, estaban frente a una computadora, procuraban encontrarle la vuelta al celular, estaban yendo al Parque, metiéndose a un juego, alistándose para el almuerzo, terminando el desayuno, jugando en el patio de casa.
Pero no todos los nenes hacen lo mismo, a la misma hora: no tienen los mismos derechos.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) reveló en 2012, última medición disponible, la situación de los menores, y determinó que el 2% de los niños de 5 a 13 años trabajan al menos una hora en la semana. El índice sube al 12,2% entre la población de chicos de 14 a 17 años.
De los nenes de 5 a 13 años que trabajan, el 22,4% lo hace para un patrón; el 20,1% por cuenta propia; y el 57,6%, ayuda a los padres.
Otro diagnóstico más reciente es el que arroja el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA). La profesora Virginia Montaño dirigió una investigación que buscó establecer la situación de los niños en Paraná, y detectó, por ejemplo, un aumento en la población de nenes que va a algún comedor a recibir su ración de alimentos: en el período 2010-2011 era del 14%, pero en el período 2013-2014, subió al 19,8%:
Ahí estaban ellos, los tres, rodeando al contenedor.
Quizá esperando encontrar algo.
Buscando en desechos ajenos, estos nenes van perdiendo.
Entre 2010 y 201, el 12,8% de los nenes que trabajan soportan rezago educativo –repiten, se retrasan en la escuela–; ese índice trepó al 33,4% entre 2013-2014.
Ahora había sol.
En un rato se largará la lluvia.
Un domingo lluvioso.
Los tres nenes seguirán como cuando había sol: a la intemperie.

Ricardo Leguizamón
De la Redacción de Entre Ríos Ahora.