Por Jorge Daneri (*)

La escala importa, pero si la construcción social es bien de abajo hacia arriba, siempre mejor.
La lucha por la vida milenaria del río Uruguay, nació chiquitita, paso a paso, y fue lo que es.
La recuperación y apropiación social plena de la totalidad del territorio de la Reserva Natural Las Piedras, tiene la frescura de esa brisa local, casi como única u original, creativa, que gente de Gualeguaychú, en cada nueva experiencia, exploración colectiva, logra trasmitir en el ejercicio cotidiano, como de un diálogo de saberes, que contagia, que regala ejemplo, que deja huella.
La nueva Constitución provincial ordena un programa político sobre preservación del monte nativo, recuperación de los corredores biológicos, conservación de las diversidades culturales y biológicas, también, de adaptación al cambio climático. La reserva no juega a las escondidas con todas estas convicciones normativas a las que quiere abrazar.
Todo el cinturón territorial que rodea a Gualeguaychú, salvo sus humedales aún -con las alertas y amenazas conocidas- necesita urgentemente un debate colectivo de diseño de áreas de amortiguación, de protección, de transición, frente a un modelo centrado sobre la aplicación de venenos para producir alimentos en tierras sin gente, sin campesinos y de manera descontrolada o con un Estado Provincial y Nacional absolutamente ausente.
El ejemplo de que otro territorio, a escala humana y en transición hacia la sustentabilidad, sí es posible, debe renacer desde la conducción municipal y su pueblo organizado en su diversidad. Esperar la solución desde Paraná o Buenos Aires, es rendirse, es la derrota definitiva.
Esta política convoca a recuperar inapelable y activamente los espacios públicos, los bienes de los comunes, de la gente y para la gente. Pero particularmente los estratégicos, todo aquello que aún guarda la memoria natural e histórica de nuestras culturas nativas, inmigrantes y sus diversidades.
Las Piedras cuenta, esculpe y regala aguas de manantiales que nos están hablando, nos están diciendo o con (Leonardo) Boff, gritando, nos cuentan historias de un privilegio que no solo no podemos destruir, sino que estamos obligados a custodiar como un milagro que debemos reconocer y socializar más que prontamente. Y es el milagro del monte y su música, del manantial en las palabras de Alfredo Galli al enseñarnos de sus escuchas y conversaciones con los reinos de vida que han marcado la suya, y gracias a él, la de ustedes, la nuestra.
Los tiempos de la sustentabilidad son los de la naturaleza. No son tiempos de una gestión política ni los de nuestra voracidad capitalista. Recuperar el respeto para con ellos, implica un cambio radical en la construcción social de un plan de gestión sustentable y decenas de programas-proyectos de creatividad luminosa que vista de arco iris a Las Piedras.
Las Piedras es la contra-Botnia. Las Piedras es poner en reinos de vida la coherencia buscada de un pueblo que sí lo puede hacer posible, que puede resistir para democratizar participativamente los nuevos y viejos conocimientos de que la agroecología no es un cuento chino, sino modelos diversos de creación de alimentos sanos para el conjunto de la ciudad y la región.
La urgencia es que el Municipio se apropie de un bien natural público que pertenece al pueblo en su conjunto, y debe honrar aquel legado y la Ordenanza luminosa que alcanzó a intentar preservar una parte de una “Estancia” de miles de hectáreas.
La construcción del plan de gestión ecológica, debería ser liderado por un diálogo de saberes transdisciplinario en igualdad con los saberes populares. Y allí el rol de la política ambiental municipal debe ser no solo activo, sino dinámico y generoso en todo su despliegue creativo.
Las Piedras no puede quedar ausente de los fondos de la ley de bosque nativo, de las compensaciones necesarias que la propia constitución provincial expone, de los convenios institucionales para acordar una categoría de tipología de Reserva que la jerarquice en su auténtica dimensión, como la Ley de Áreas Naturales Protegidas dispone. Que el presupuesto municipal pueda contemplar sus futuros.
Las Piedras, finalmente, no queda aislada ni olvidada frente al debate de la conformación de los comité de cuencas, del ordenamiento ambiental territorial, comunal y provincial y a una política de emergencia ambiental en relación a sus próximos humedales y el río Gualeguaychú.
Las Piedras, nos está tirando piedras húmedas de sus vertientes nacientes, nos interpela para reservar futuros, para poder seguir soñando sociedades sustentables, desde los ejemplos que Gualeguaychú sigue regalando a todo el país y sus cuencas.
Necesitamos de ella, de la sonrisa suave de su cuidador, sus sabidurías y como él, escuchar, porque “Las Piedras” también cantan.

(*) Abogado ambientalista y miembro de la Fundación M´Biguá, Ciudadanía y Justicia Ambiental.
Publicado en “El Argentino”, de Gualeguaychú