El sistema de seguridad del Hospital San Martín, de Paraná, tiene puntos muy débiles.

En 2015, y tras algunos hechos de inseguridad registrados en el Servicio de Guardia, se anunció la limitación del ingreso y el refuerzo policial.

El Hospital cuenta con un destacamento y ese año se agregó, además, el servicio de dos policías del servicio adicional.

En 2015, y ante diferentes situaciones de inseguridad, se lo dotó de un cuerpo de celadores que, en teoría, recorren los pasillos, y además se instalaron 20 cámaras en distintos sectores. Aunque últimamente, no todas funcionan.

A finales de octubre último, y tras un extraño suceso en el que un hombre intentó abusar de un menor en el sector de sanitarios, el director, Fernando Giménez, volvió a anunciar medidas de seguridad. Entre estas, la prohibición de la utilización de los pasillos como lugar adonde los sin techo pasaban la noche.

Pero este jueves ocurrió un hecho insólito, no previsto: un paciente que había desaparecido de una de las habitaciones del primer piso el 30 de marzo último apareció muerto en el hueco de uno de los dos ascensores del nosocomio.

El paciente, Walter Ignacio Guillen, había ingresado la tarde del miércoles 29 de marzo para una operación de rutina, y, según los médicos, al día siguiente le darían el alta. Pero durante la madrugada del 30 de marzo ocurrió una situación de momento poco clara: según declararon dos enfermeros ante el fiscal Juan Francisco Ramírez Montrull, Guillen mostró síntomas de nerviosismo y expresó su intención de retirarse, sin el alta médica.

Se quitó los vendajes, el suero, se vistió y se fue.

¿Qué pasó desde que salió de la habitación 104, que ocupaba, y la puerta del ascensor, es todavía un misterio?

Ahora, la Justicia ordenó una autopsia del cadáver para establecer las causas de su muerte.

El fiscal Ramírez Montrull pidió las imágenes de las cámaras de seguridad del Hospital San Martín pero se encontró con una mala nueva: los equipos ubicados en el primer piso –donde ocurrió el hecho trágico– no funcionan.

Tampoco hay explicación por ahora de cómo fue que las puertas del ascensor se abrieron, y Guillen cayó al vacío, donde encontró la muerte.

Ramona Estela Machado, pareja de Guillen, explicó, en una exposición que efectuó en la comisaría segunda la mañana del 30 de marzo, que se retiró del hospital el miércoles, aproximadamente a las 20,45, y que al llegar al día siguiente  “se encuentra con que su pareja no estaba, y comienza a preguntar y nadie le respondía, hasta que otra persona internada le manifiesta que su pareja se fue en el horario de la 1 (de la madrugada), aproximadamente, luego encuentra a la enfermera de turno, la cual se había retirado a las 22, la cual le manifiesta que el señor Guillen estaba bastante nervioso y se había sacado el suero, luego con el cambio de guardia, el enfermero que le toma la presión le había manifestado que se quería ir, a lo cual el enfermero le dice que descanse, que mañana se iba de alta, y luego siguió su recorrido”.

En su exposición policial la mujer cuenta que su pareja “no es de salir a ningún lado” y por tanto no conoce la ciudad, y aporta un dato: cinco años atrás había estado en tratamiento psiquiátrico en el ahora Hospital Escuela de Salud Mental.

Sólo el olor nauseabundo que despedía uno de los ascensores permitió dar con los restos de Guillen, que permanecieron en el fondo de uno de los dos ascensores, desde la madrugada del 30 de marzo hasta el mediodía del jueves 6 de abril.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.