No hay drones, ni perros adiestrados en la búsqueda de personas desaparecidas. Tampoco hay grandes dotaciones de policías rastrillando el campo. Dieciséis años después, la búsqueda de la familia Gill, desaparecida en 2002, es un procedimiento que insume un puñado de hombres que buscan desentrañar la verdad. Este lunes fue ideal para el procedimiento: el cielo estaba completamente despejado y el terreno, apto para que una máquina perfore un punto en medio de un cultivo. Sin lluvias, la tierra aparecía reseca.

A más de 60 kilómetros de Paraná -y 30 de la localidad de Viale-, en medio de la nada de un campo ubicado en Crucecitas Séptima, un grupo de operarios, acompañados por cinco policías, excavan un sector de la tierra donde sobresale un pedazo de concreto, de lo que parece haber  sido una columna de alguna construcción. El trabajo es fotografiado por un policía de la División de Criminalística, y es seguido con atención por el médico forense Guillermo Descalzo.

Alrededor de ese punto está el juez de Garantías de Nogoyá, Gustavo Acosta, la cabeza del operativo. El magistrado observa y analiza cómo seguirá la búsqueda, al tiempo que responde las preguntas de algunos periodistas que llegaron al lugar.

Aquí se buscan los restos de Rubén “Mencho” Gill, que al momento de desaparecer tenía 55 años; su esposa Margarita Norma Gallegos, de 26, y sus hijos María Ofelia, de 12; Osvaldo José, de 9; Sofía Margarita, de 6 y Carlos Daniel, de 2 años.

La ubicación en el mapa de la Estancia La Candelaria. 

 

A pocos metros del primer punto que comenzó a excavarse se ubicaron Osvaldo Gill, hermano de ‘Mencho’ Gill; y Adelia Gallego, madre de Margarita, la esposa de ‘Mencho’. Ambos esperan que el terreno arroje pistas, o que la verdad finalmente salga a la luz. Cerca de todos ellos -en todo momento- estuvo el joven abogado Juan Cruz Larrat, representante de la familia propietaria del campo.

Las excavaciones en la estancia son producto de un testimonio que prendió una luz de esperanza en los familiares de los Gill-Gallego. Tras la muerte del dueño del campo, Alfonso Francisco Goette, el 16 de junio de 2016, Armando Nanni, un contratista rural de Tabossi, decidió acudir a la justicia para dar un dato que considera importante. El hombre contó al juez Acosta que poco antes de que la familia Gill desapareciera, mantuvo un breve diálogo con Rubén ‘Mencho’ Gill, quien le dijo que su patrón lo mandó a realizar dos pozos. Uno en el medio del campo, cerca de una estructura de hormigón; y otro próximo a un arroyo que atraviesa los cultivos.

Consultado por Entre Ríos Ahora, el juez Acosta explica qué hizo la Justicia durante 16 años que lleva la investigación: “Hay un expediente con 16 cuerpos. Se realizaron una diversidad de medidas: rastreo de perros, geo-radar, excavaciones en el predio y en el casco de la estancia, y todas resultaron infructuosas. En 2015, cuando asumí, hemos compartido trabajo con personas de la zona y llegamos a este testigo que nos dio estos datos respecto de estos dos puntos que pueden ser útiles para la causa”, dijo el magistrado.

En relación a la declaración del testigo, Acosta señaló que el dato que motivó las excavaciones fue dado durante una entrevista informal, en la que aseguró que no habló antes por miedo a represalias. “Dijo haber sufrido hechos de inseguridad por lo cual no quería tener que andar deambulando por Tribunales. En razón de esto demoró en contarlo. Entiendo que puede no haber querido tener complicaciones con los dueños de la estancia. Pudimos llegar a él y tuvimos esa entrevista y hoy tenemos estos datos que son una hipótesis de trabajo”, apuntó el magistrado.

Juez Gustavo Acosta.

 

A su tiempo, Adelia Gallego, madre de Margarita, esposa de ‘Mencho’ Gill, rememoró los últimos días que mantuvo contacto con su hija. “Teníamos contacto cuando trabajamos acá. Después nos fuimos porque éramos hacheros. Ahí perdimos el contacto con ella. Ella fue a Nogoyá en 2001, casi en diciembre, y le preguntamos si iba a ir para Navidad, y ella dijo que el viejo tenía muchos terneros guachos”, relató Adelia.

Y agregó: “Después los empezamos a llamar para ver, si no podían ir el 25, que fueran el 31. Ahí ya perdimos la comunicación. Nos saltaba la contestadora”.

Luego de unos meses sin respuestas, el caso llegó a la Justicia. Adelia contó que en su largo peregrinar por la búsqueda de su hija y familia, se encontró con un “nulo” accionar en los Tribunales. Tampoco obtuvo respuestas de dirigentes políticos a los que les envió cartas con pedidos de ayuda. Adelia escribió a Sergio Urribarri y al lugarteniente de la zona, al diputado provincial José Allende; además de intendentes. “Nunca tuve una respuesta”, dice.

Adelia Gallego.

 

“Fue todo nulo hasta que apareció este juez, como que Dios lo mandó del cielo. Ahí se empezó a investigar. Él no se tomó las vacaciones de julio; me buscaba a casa y me traía al campo y salía a investigar”, comentó la madre de  Margarita, y añadió que según versiones de vecinos, el trato del dueño de la estancia con los Gill no era la mejor.

En cuanto al testigo, se mostró confiada en el dato que aportó a la causa. Luego aseguró que el hombre se mantuvo en silencio durante 15 años porque recibió amenazas. “Él nos dijo que no hablo antes porque lo apuntaron dos veces con armas”, dijo Adelia, mientras sigue de cerca el trabajo de un grupo de operarios y policías que, como ella, buscan rastros de la familia Gill.

 

 

 

Gonzalo Núñez

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.