Por Paola Robles Duarte (*)

 

(El viernes 2 por la noche, durante un procedimiento ordenado por la Justicia, un grupo de policías allanó un local de calle Rocamora, en Gualeguaychú, donde se sospechaba el ejercicio de la prostitución, el sargento Froilán Ceferino Pedroza, de 44 años, recibió disparos de un arma calibre 22 que le produjo la muerte este sábado. La periodista Paola Robles Duarte escribió el siguiente texto a partir de ese hecho.) 

 

 

 

Estaba todo ahí: a metros del Corsódromo, donde desfila el más importante Carnaval del País. Todo ahí: facilitación a la prostitución, merca y armas. Todo ahí, hasta tal punto que los vecinos nos cuentan: “Se veían entrar y salir mujeres en situaciones extrañas, siempre se supo que ahí vendían droga, siempre fue cualquiera, etc”.

Pero tuvo que pasar lo de anoche para que todo lo que estaba ahí explotara y doliera y fuera lo que hoy es, una inmensa tragedia.

A pocos metros de la alegría de enero y febrero, en el corazón de la ciudad, a un puñado de cuadras de la escuela de mis hijos, a dos cuadras de la casa de una amiga, todo está ahí y: ¿En cuántos lugares más de la ciudad? ¿Cuándo será que los resortes necesarios, léase personas a cargo del Estado, se van a sentar a discutir estrategias, presupuesto y sobre todo la intervención con políticas públicas consensuadas que puedan más que la miseria y la connivencia que nace de la profunda miseria e ignorancia, y el famoso Consejo de Seguridad, por ejemplo?

Estaba todo ahí, y: ¿donde están los que tienen que tomar decisiones para no llegar tan tarde?
Froilán Pedroza recibió el impacto de un arma calibre 22 cuando todo empezaba en el operativo de Rocamora y José Ingenieros. La lesión fue abriéndose paso hasta que se cobró su vida ésta tarde a las 16,15 .

Conmueve leer las palabras de sus compañeros, que ya lo extrañan y recuerdan como un policía entregado y honesto; seguramente también, la pérdida los sacude porque se piensan en su lugar. Un policía en una Policía con poca instrucción, con salarios miserables, sin los elementos necesarios para salir al laburo cotidiano. Una policía muchas veces instrumentada de acuerdo a los intereses políticos del momento, una Policía llena de pibes de los barrios que van cuatro meses a la escuela de Policía y salen con un arma a la calle que se abre ante los pedazos de un tejido social hecho mierda por la desigualdad, la falta de posibilidades, del acceso a una educación digna, de sueños que soñar.

Y la complejidad de la realidad nos paraliza y nos acostumbramos a vivir al lado del narco, del proxeneta, del perverso. Y nos acostumbramos a que los maestros y los canas tengan salarios de mierda, decimos que “hacen la plancha o laburan poco” y naturalizamos todo y también decimos “qué van a hacer, agarran porque cobran una miseria” y todo da lo mismo hasta que este tipo de situaciones nos escupen en la cara con la viva imagen de cómo la guita que se lleva la corrupción y la concentración en los amigos del poder, después de recorrer esa cadena que parece infinita en realidad pasa como por un tubo hasta esto: la maldad que se alimenta de la desigualdad, la impunidad y la falta de recursos donde tienen que estar: en la escuela, en el hospital, en las herramientas que necesitamos para hacer otra sociedad.

Todo estaba ahí, se abrió la puerta y salió como una fuga de alguna toxina y se desparramó por el aire de Gualeguaychú. Y nos miramos sorprendidos en la ciudad donde fue asesinada Susana Villarruel, Fernando Pastorizzo y Froilán Pedroza, para mencionar algo de lo que nos conmovió en estos 7 meses. Todo está ahí: el tema es qué vamos a hacer con eso.

 

 

(*)Periodista.