Por Mariana Bolzán (*)

Antes que las tetas, se vieron los mirones: unas treinta personas se acomodaron sobre la baranda de la costanera en el Balneario Municipal para observar y sacar fotos. En la playa se reunían las manifestantes en contra de la acción policial que impidió a tres turistas tomar sol en topless en Necochea  y a favor del “uso igualitario del espacio público”. Entre los mirones, hubo quienes llevaron sus sillones, como si se tratara de la mismísima Fiesta del Mate.

“Esa señora está filmando, ¿la ves?  ¿Me vas a decir que vos salís de tu casa con la filmadora? ¿Para qué? Esa señora la trajo a propósito”, dijo una de las chicas, que tenía debajo de sus pechos al desnudo, dos alas tatuadas.

“¡Yegua, te chupo las tetas!” gritó uno de los mirones, aunque del  otro lado de baranda sólo encontró indiferencia: el grupo de mujeres en tetas siguió bailando, tomando mates, jugando al hula-hula,  concentradas en lo que las convocaba.

No todas se pusieron en cueros de entrada. Algunas se dejaron el corpiño y otras se fueron animando a medida que la tarde en el Municipal fue avanzando.

La convocatoria, lanzada desde la Asamblea Feminista, fue ponerse en tetas, “en el mismo lugar a donde los hombres van en tetas”, jugar al futbol, meterse al río, “tocar la guitarra y juntarse con gente amiga”. El tetazo en la playa, a diferencia de lo que fue en otras ciudades del país, donde hubieron marchas y movilizaciones,  fue permanecer sin otro ánimo más que ese, el de pasar la tarde. Estar en tetas, sí, pero no rasgar la aletargada cotidianidad paranaense. Estar en tetas, sí, pero tomarse un mate y charlar de bueyes perdidos. Estar en tetas y no responder a los hombres que gritaban del otro lado y que esperaban vaya a saber qué espectáculo estridente. Esa es la rasgadura por donde pasó el tetazo en la playa: “no estoy acá para mostrarte las tetas a vos. Mi cuerpo es mío y yo decido qué hago con él”. Y quizá, sea la afrenta que menos se bancan los espectadores.

 

“Somos bombardeadas diariamente con imágenes de tetas que son permitidas porque son un objeto de venta. Lo que molesta en verdad es la libertad de la mujer. Yo no me pongo en tetas  para que me miren, me pongo en tetas porque tengo ganas de hacerlo”,  expresó Nadia Burgos, integrante de la Asamblea.

Un rato más tarde, otro tetazo se dio lugar en la Plaza Alvear.

Allí las mujeres se reunieron bajo la misma consigna. La propuesta fue la de encontrarse, reconocerse y conversar acerca de los tabúes, las prohibiciones y la mirada externa sobre el cuerpo femenino.

La convocatoria surgió a partir de que un grupo de mujeres paranaenses -dedicadas a la docencia, a la educación sexual y a la salud materna- identificara un hartazgo frente a la violencia hacia la mujer, coronado por el evento de Necochea.

En la Plaza Alvear no hubo tetas al aire masivamente. El grupo de mujeres se fue agrandando a medida que caía la tarde y la noche las encontró en ronda, sentadas en el pasto de la plaza. Mate de por medio, el clima fue de reconocimiento mutuo, de intercambio. “Hablemos de nuestras tetas, sí. Pero antes debemos preguntarnos qué queremos. ¿De quiénes son nuestras tetas? ¿Para quiénes son nuestras tetas?” comenzó diciendo Jimena Zeballos, una de las organizadoras.

Algunas mujeres contaban que habían llegado allí tras la repulsión que les había dado la noticia de la prohibición de andar en tetas en el espacio público, otras decían que habían sido llevadas por el odio que les generaba leer los comentarios en las redes sociales. “Yo me peleé con muchos por estar acá”, “Ya eliminé a varios de mi Facebook”, decían.

“Además de las tetas, tenemos que preguntarnos por el cuerpo de la mujer en su totalidad. Hay violencia institucional, violencia policial, violencia médica que nos dice hasta cómo y cuándo debemos parir”, expresó una de las mujeres. La ronda se extendió hasta la noche y los interrogantes circularon.

Hubo quienes se animaron a sacarse las remeras y corpiños a medida que la conversación iba moviendo el coraje. En el tetazo de la Alvear se vio un germen, un aproximarse, una inquietud por empezar a desandar imaginarios y estereotipos.

Si ponerse en tetas sirve de algo; si las tetas de las mujeres son lo mismo que las de los hombres; si son partes sexuales o no; si la igualdad de género implica que hombres y mujeres hagamos necesariamente lo mismo;  si la igualdad en cambio es tener las mismas posibilidades frente a nuestras decisiones, son interrogantes que circularon ayer, como parte de la misma noria: la de poner el sentido anquilosado en jaque, sacarlo a la plaza y verle los cueros.

 

(*) especial para Entre Ríos Ahora