La nota está fechada el 15 de noviembre de 2012 y firmada por el entonces secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, Luis F. Ladaria, un jesuita español que en 2017 fue designado por Francisco como prefecto de ese dicasterio.

Fue enviada al arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, en respuesta a una presentación hecha por uno de los siete denunciantes del cura Justo José Ilarraz por los abusos en el Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora del Cenáculo, que ahora juzga un tribunal conformado por los camaristas Alicia Vivian, Carolina Castagno y Gutavo Pimentel.

Hernán Rausch, sobreviviente de los abusos de Ilarraz, escribió una carta dirigida a Benedicto XVI. Y el Papa, a través de un funcionario de la Congregación para la Congregación de la Doctrina de la Fe le respondió. “Hemos recibido en este Dicasterio, el 25 de octubre de 2012, una carta relativa al caso del Rev. Justo Ilarraz, sacerdote incardinado en la diócesis de Concepción, en Argentina, acusado de abuso sexual de menores. La carta, dirigida al Santo Padre, fue escrita por Hernán René Rausch, que denunció al mismo sacerdote en 1996”, dice el texto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Y enseguida recuerda: “En la carta fechada el 6 de septiembre de 2012, este Dicasterio solicitó a Vuestra Excelencia  comunicar al Sr. Rausch los resultados del proceso realizado en 1996/97. En efecto, con un decreto de 19 de marzo de 1997, emanado por el entonces Ordinario de Paraná (Estanislao Karlic, NdelR), se determinó la culpabilidad del sacerdote y se le impuso como pena la prohibición de residir en le territorio de la Arquidiócesis de Paraná y hacer los Ejercicios espirituales”.

Por primera vez sale a la luz un documento vaticano que habla de la “culpabilidad” de Ilarraz en los abusos que siete víctimas denunciaron en 2012 en la Justicia. El texto firmado por el jesuita Ladaria está incorporado al expediente de la causa Ilarraz.

En la tramitación de la causa judicial, Puiggari ha procurado mantenerse al margen de todo el proceso, y descargó responsabilidades en Karlic y en su antecesor, Mario Maulión. “Cuando Mons. Mario Bautista Maulión asumió la Arquidiócesis de Paraná, yo ya había sido nombrado Obispo de Mar del Plata, aunque todavía no había tomado posesión. Canónicamente, cuando uno es nombrado, cesa automáticamente de tener jurisdicción en la Diócesis anterior, o sea Paraná. Por lo mismo, no me correspondía darle el traspaso, no obstante, porque él me pidió (Maulión) que lo ayudara unos días antes de irme, le comenté algunos temas pendientes y le mencioné que en el archivo había un legajo sobre Ilarraz, que le convenía que lo viera”, declaró en sede judicial.

Ese “archivo” contenía, claro, la denuncia de abusos, y la sanción que le aplicó Karlic.

El 5 de julio de 1995,Karlic firmó un decreto por el que encomendó “la realización de una investigación cautelosa” sobre Ilarraz a partir de las sospechas de que hubiese cometido “delitos graves” mientras integró el equipo de superiores del Seminario Arquidiocesano.

Lo hizo con una recomendación: que una vez concluida la investigación, que debía ser hecha “con el mayor sigilo”, y resuelto cómo actuar sobre Ilarraz, todas las actuaciones se guardasen “en el archivo secreto” de la Curia. El día 24 de julio Karlic designóal sacerdote Luis Zanitti promotor de justicia y le asigna la tarea de revisar lo hecho por Fariña Vaccarezza en el caso Ilarraz; cinco días después, Zanitti informa a Karlic que se había actuado bajo normas, y recomienda elevar todo a Roma.

Claro, para entonces Ilarraz se había marchado al Vaticano. En 1993, Karlic lo había alentado a trasladarse hasta allí para cursar la Licenciatura en Misionología en la Pontificia Universidad Urbaniana; es más, el actual cardenal solicitó a las autoridades de la Iglesia Argentina en Roma un lugar de alojamiento para Ilarraz.

El decreto N° 39/93 firmado por Karlic lo autorizó a ausentarse de Paraná por un período de dos años; ese permiso después se extendió hasta 1996. El licenciado Ilarraz, sin embargo, no alcanzó a doctorarse, como tenía planeado; en los primeros meses de 1997 regresó a Argentina. Pero no a Paraná; se marchó a Tucumán. Ya el escándalo había estallado.

Concluido ese proceso interno, de forma rápida, Karlic firmó el 18 de diciembre de 1996 un decreto sin numerar por el que dispuso una sanción muy leve: sólo le prohibió al cura “venir y permanecer en el territorio de la Arquidiócesis de Paraná, así como tener comunicación de cualquier tipo con los seminaristas”.

El decreto que firmó Karlic, y por el que dispuso la expulsión de Ilarraz, es revelador. Dice que “con las declaraciones que se suceden en torno al comportamiento del presbítero Ilarraz en la época que fuera superior del Seminario Menor queda revelado el daño producido a personas e instituciones”.

Y que “ese daño producido, que debe ser reparado y evitado en el futuro, es consecuencia de la conducta del presbítero Justo José Ilarraz, ya que cuatro testimonios de forma unánime así lo afirman”. Pero ante la gravedad de los testimonios –uno de las víctimas, que entonces tenían entre 10 y 14 años, habló de acceso carnal por parte de Ilarraz—no se actuó en consecuencia, sino que le dejaron la puerta abierta para que el cura siguiera ejerciendo en otra diócesis, como de hecho ocurrió.

La disposición de Karlic sólo dejó en suspenso una eventual sanción más dura: el texto del decreto de 1996 especifica que “la desobediencia” de la disposición de no acercarse a la diócesis de Paraná “será sancionada con pena que no excluye la suspensión”. Esa medida, la suspensión en el ejercicio del ministerio sacerdotal, recién se dispuso el 7 de septiembre de 2012, hace menos de un mes.

En el ínterin, Ilarraz se mudó a Buenos Aires, dejó el sacerdocio, vivió como laico, y después volvió a calzar sotana, y un obispo, Enrique Witte, de Concepción, Tucumán, le permitió volver a la Iglesia, sin siquiera atender la investigación hecha en su contra por casos de abuso. Más todavía, el 21 de mayo de 2004 el arzobispo de  Maulión firmó el decreto N° 78 por el que le otorgó la excardinación, y la posibilidad de que se mudara efectivamente a Tucumán.

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.