DS se sentó de frente a los jueces Alicia Vivian, Carolina Castagno y Gustavo Pimentel y a sus espaldas lo hicieron su mamá y su hija. Con esa compañía, DS se dispuso a relatar los abusos que soportó de parte del cura Justo José Ilarraz en el Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora del Cenáculo. Fue el único de los tres que que optó por tenerlo a Ilarraz sentado al lado, en la sala Nº 1 de audiencias de Tribunales.

El Tribunal: Gustavo Pimentel, Alicia Vivian, Carolina Castagno.

 

Junto a Ilaraz, su defensor, Jorge Muñoz; enfrente estaban los fiscales Juan Francisco Ramírez Montrull y Álvaro Piérola; al lado de éstos, los siete querellantes, Walter Rolandelli, Marcos Rodríguez Allende, Santiago y Victoria Halle, Milton Urrutia y María Alejandra Pérez. Les reveló a todos de qué modo Ilarraz ingresaba a los pabellones donde dormían los adolescentes que estaban como pupilos en el Seminario, cursando la escuela secundaria.

El defensor de Ilarraz, Jorge Muñoz.

 

Walter Rolandelli, Marcos R.Allende, Ávaro Piérola, J.F Ramírez Montrull.

Ilarraz cumplía el rol de prefecto de disciplina y director espiritual de esos jóvenes: era responsable de ellos. Pero lo que hacía era corromperlos, según el relato de las siete víctimas que son el basamento de la acusación del Ministerio Público Fiscal. DS contó que Ilarraz aparecía de noche, y comenzaba a tocarlo, le tocaba los genitales, y le decía que eso estaba bien, que era parte de la confianza entre ellos. Que la amistad era así, de ese modo voraz. DS sabía que eso no debía ser así, y cuando pudo entender lo que le había pasado se propuso denunciarlo en la Justicia.

DS cerró la primera y extensísima jornada del juicio oral a Ilarraz por los abusos denunciados en el Seminario Arquidiocesano mientras ejerció como prefecto de disciplina, entre 1985 y 1993. Esos hechos fueron investigados por la Iglesia en 1995, por orden del entonces arzobispo Estanislao Karlic, proceso que se cerró al año siguiente, 1996, con la sanción del destierro para Ilarraz. Pero de todo eso nada se supo hasta que en septiembre de 2012 la revista “Análisis” reveló los abusos: la Iglesia decidió guardar todo eso en el archivo secreto.

En 2012 se abrió una investigación penal de oficio en la Justicia, que ahora llegó a juicio oral.

 

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El primero que declaró fue Hernán Rausch –no había querido revelar su identidad hasta ahora, que atravesó el proceso-: fue la primera víctima que ingresó al salón de audiencias, y lo hizo solo, a diferencia del resto, que asistieron acompañados por familiares. Fue el testimonio más contundente, sin grietas, con una altísima carga de emotividad, pero con abundantes datos.

En una pausa en las audiencias, Rausch habló con Entre Ríos Ahora. “Después de tantos años de lucha, lo que uno hace es volver a relatar lo que vivimos. No estamos ni agrandando ni minimizando nada. Contamos lo que sucedió. Esto pasó. En esos años, cuando nosotros estábamos pupilos, nuestras familias confiaron en el Seminario, nos confiaron a su cuidado, y proyectaron la educación que nos dieron: pensaron que en el Seminario iban a completar la educación que ya habíamos recibido en nuestras familias. Y esa confianza fue abusada. Abusaron de la confianza de la familia. Yo puse el cuerpo, y el tipo abusó de mí, pero también de la credibilidad de mi familia. Yo vengo de una familia muy cristiana, muy católica”, contó.

Su afán es que el juicio sirva para dar un “cierre” a una historia de abusos que empezó cuando era adolescente. Y que la cúpula de la Iglesia responda por el silencio que hubo a lo largo de los años. “Hubo silencio cómplice –dice-. Si hubiesen actuado como se debió actuar, no estaríamos pasando este trance ahora, a esta edad, con nuestros padres mayores. Nada de esto tiene que pasar con nuestros padres. Y menos con nosotros. Me aporta tranquilidad el juicio. Esto fue lo máximo a lo que pudimos llegar. Soy un hombre de fe, y digo que en la tierra es a lo máximo que pudimos llegar. La Iglesia nunca hizo nada, y lo poco que hizo, lo hizo mal. Llegar a esta instancia para mí fue una lucha agotadora, pero llegué”.

-¿Te han servido los pedidos de perdón de la Iglesia?

-Si hay pedido de perdón pero no se reconoce la culpa, el perdón no es fecundo .

 

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Mónica Sacks entró junto a su marido, Fabián Schunk. Y supo que, a mitad del relato, se quebraba. No supo qué hacer. La jueza Vivian la autorizó a acercarse: lo contuvo con un abrazo y se quedó a su lado el resto del tiempo. “Si ella no se acercaba yo no iba a poder seguir”, dice Schunk ahora, siesta del lunes, en los pasillos semivacíos del edificio de Tribunales.

Mónica Sacks acompañó a su esposo, Fabián Schunk.

 

“Es muy difícil estar ahí, responder cada pregunta. Uno solamente contesta con la verdad, pero los nervios pesan. Pero hubo momentos fuertes, como cuando me preguntaron por qué denuncié. Estuve callado tantos años y denuncio simplemente por lo que me dice mi mujer: ´Mirá si esto se lo hacen a tu hijo´. Pero cada uno de nosotros fue con verdad y justicia, fuimos a decir lo que nos pasó, y lo que nos hicieron”.

La línea del encubrimiento de parte de la jerarquía católica de Paraná resonó en los testimonios, pero fue subrayada por Schunk. No cree en los pedidos de perdón de la jerarquía eclesiástica, e insiste en la responsabilidad que tuvieron Karlic y en mayor medida el actual arzobispo Juan Alberto Puiggari en silenciar los abusos del cura Ilarraz.

“Espero de este juicio lo mismo que  todas las víctmas y la sociedad toda: verdad, justicia y condena. La condena va a traer aparejada otra consecuencia: la responsabilidad de las autoridades.  Si lo encuentran culpable a Ilarraz, van a ser culpables también quienes lo protegieron, encubrieron, o hicieron mal las cosas. Ya nadie se come el verso de que no supieron qué hacer. Después de este juicio, se viene una autocrítica, y esa autocrítica la deberán hacer las autoridades, con las consecuencias que de ello surjan”, dice Schunk.

 

“Las autoridades deberían dejar de hacer comunicados hacia afuera , y cuestionarse el rol que tuvieron y, por qué no, la pena que les cabe”, cierra.

 

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De los cuatro obispos citados como testigos al juicio de Ilarraz -Karlic, que gobernó entre 1983 y 2003; Mario Luis Bautista Maulión,  de 2003 hasta 2010; Puiggari, que asumió en 2011 hasta ahora-, más el obispo de Concepción, Tucumán, José María Rossi -último superior del cura sometido a juicio-, dos ya pusieron reparos para no asistir a Tribunales. Maulión adujo problemas de salud y envió documentación respaldatoria que será analizada por el equipo de  forenses. Y Karlic también argumentó problemas de salud, aunque en su caso será sometido a pericia médica antes de resolver si declara o no en la causa.

A Puiggari y Rossi, en tanto, se les enviarán las preguntas por escritor, y por eso el tribunal urgió a las partes a tener listo ese requerimiento antes del 23.

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Este martes las audiencias continuarán, desde las 9, con las cuatro víctimas que completan el listado de las 7 que denunciaron a Ilarraz.

Y el tribunal resolvió que anoticiará al Tribunal Interdiocesano de Buenos Aires que había citado a una de las vícitmas, Maximiliano Hilarza, para que declare en el juicio canónico el domingo 15, a la noche -lo que generó una presentación en la Justicia de Liliana Rodríguez, psicóloga de la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico-, para que se abstenga de ese procedimiento. Y que ese trámite se cumpla recién cuando hayan concluido los debates del juicio a Ilarraz.

 

 

 

Fotos: José Armando

Ricardo Leguizamón

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.