La historia se despedaza de cara al río. La historia que resguardan las instalaciones de la primera planta de agua que tuvo la ciudad y que más de una década atrás se entregó en concesión a un privado para que montara un boliche bailable. El boliche hace rato que no existe, y las instalaciones quedaron a la buena de Dios. El 21 de mayo de 2013 terminó la concesión otorgada por la Municipalidad de Paraná en 2003 a grupos privados, cuyo referente era el empresario Miguel Marizza, a cambio de una inversión que rondaba los 400 mil pesos y un canon mensual considerado “irrisorio”. Durante diez años, las construcciones históricas donde funcionó en la última década del 1800 una cisterna, una sala de máquinas a vapor y una gran chimenea fueron utilizadas para la explotación de una disco –que pasó por distintas épocas, formatos y nombres: el más exitoso fue Budha- y un resto bar (en lo que fue la sala de máquinas) que duró poco: hasta 2006. Por entonces, este último edificio fue restituido a la Municipalidad por la concesionaria luego de que se desatara un gran revuelo por el riesgo de caída del terreno de la barranca donde está emplazado. Después, con el tiempo, el éxito de los boliches se fue apagando hasta terminar, en el último tramo de 2012, en un abandono total de las instalaciones. Las titular de la concesión era una UTE (Unión Transitoria de Empresas) conformada –según la información dada a conocer en 2003- por el grupo económico local MAC SA, por el que figuraba Miguel Marizza, y por dos firmas de Buenos Aires: FACO SA y M. Aramburo. Durante la década, el canon fue de entre 570 y 670 pesos por mes. Nada. Ahora todo está abandonado. De un modo muy triste.

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.