La Escuela Secundaria de Adultos N° 12 “25 de Junio”, de Concepción del Uruguay, tiene una población escolar de 400 alumnos, y de estos, 40 alumnas-mamá. Cada día, entre las 19 y las 22,40, las clases se desarrollan con una peculiaridad desacostumbrada: en las aulas, en el patio, en los alrededores de la escuela, asisten, además, no menos de 60 chicos.  No van a estudiar esos chicos: van con sus madres.

Las madres reparten su tiempo: de a ratos atienden al profesor que da clases, de a ratos, se ocupan de sus hijos. No tienen otro modo de estudiar que no sea llevando a sus hijos a la escuela. Y aunque la ley obliga al Estado a dotar a los establecimientos educativos de adultos de jardines maternales, la ley, hoy, es letra muerta.

Romina, de 23 años, y madre de mellizas de 2 años, es alumna en los ratos que puede; el resto del tiempo, cuida a sus hijas. “Se me complica bastante poder estudiar –dice–.  Yo quiero terminar la secundaria, por mis hijas y por mí,  y después poder seguir una carrera universitaria. Pero cuesta estar atenta en clase, y a la vez cuidar  mis mellizas. No puedo estar permanentemente prestando atención a lo que explica el profesor, porque tengo que cuidar de ellas. Algunos días, mi marido se queda con ellas; pero cuando no puede, tengo que traerlas a la escuela”.

La Ley Provincial de Educación N° 9.890, en su artículo 43°, fija: “El Consejo General de Educación garantizará en escuelas secundarias de adultos el funcionamiento de jardines maternales con el propósito de asegurar la permanencia y egreso de los alumnos y alumnas”.

Pero la ley, dice Víctor Hutt, rector de la Escuela Secundaria de Adultos N° 12, no se cumple. “Necesitamos que la ley se cumpla, y eso es lo que hemos pedido en un expediente que iniciamos hace dos años en el Consejo de Educación –expresa–. Es un gran esfuerzo para las mamás, para sus compañeros y para los profesores dar clases con los chicos al lado. Muchas completan el ciclo, con todo el esfuerzo que significa. Pero otras abandona, y en su caso es un doble abandono: dejaron la escuela diurna, y también la nocturna”.

Paula tiene 28 años y dos hijos, una nena de 9 años y un nene de 2 años.  Todos los días va a la escuela con sus hijos. “Antes me los cuidaba mi hermana, pero ella empezó un curso y ya no pudo. Ahora, los tengo que traer conmigo a la escuela –revela–. Yo trato de estar, con todo el esfuerzo que significa, pero hay días en los que no puedo atender lo que dice el profesor porque estoy más atenta a qué está haciendo el chiquito. Y por eso estoy bastante atrasada. Hay días que vengo a la escuela pero ni estoy en clase: estoy todo el tiempo en el patio, cuidando a mi hijo”.

–¿Tu idea es concluir la secundaria o seguir un estudio universitario?

–Primero quiero terminar la secundaria, para tener un mejor futuro. Pero también después quiero seguir, me interesa enfermería, que dura 4 años. Yo me separé hace poco tiempo, y necesito un ingreso. Pero me fijo mucho en la duración de las carreras por los chicos. En la Universidad de Entre Ríos hay jardín maternal, así que no tendría problemas. Pero acá sí es ahora un problema porque no tenemos un jardín maternal para que se ocupen de nuestros hijos.

Abigail tiene 23 años y tres hijos: un bebé de 1 mes; un chico de 2 años, otro de 4 años. El bebé está todos los días con ella en clase. “Y es complicado. El bebé a veces duerme, a veces llora, y hay que atenderlo”, cuenta.
La Justicia, de momento, ha negado resolver el tema de la falta de jardines maternales en las escuelas nocturnas a través de un recurso judicial.

En marzo último, la Sala de Procedimientos Constitucionales y Penal del Superior Tribunal de Justicia (STJ) de Entre Ríos revocó la sentencia del exjuez de Familia Nº 1, Tulio Rodríguez Signes, que obligaba al Estado a disponer jardines maternales en las escuelas secundarias nocturnas para que las alumnas mamá puedan estudiar y a la vez dejar a sus hijos en un sitio donde estén contenidos.

A esa resolución se llegó tras la apelación del Consejo General de Educación (CGE), que pidió revocar la sentencia de Rodríguez Signes por considerar que el amparo no era la vía idónea para el reclamo. El fallo revocatorio que le dio la razón al CGE fue dictado por los vocales Eduardo Carbó y Marcela Davite, mientras que Bernardo Ignacio Salduna se abstuvo de votar.

 

El fallo del juez Rodríguez Signes fue dictado el 1° de diciembre de 2016, haciendo lugar a un recurso de amparo presentado por un grupo de 21 alumnos de ocho escuelas nocturnas, cuya causa se caratuló “Godoy Gisela Elena y Otros c/Consejo General de Educación s/Acción de Amparo”. En esa sentencia, que ahora fue revocada, el magistrado había ordenado a Educación “dar efectivo cumplimiento a lo dispuesto en el artículo 43° de la Ley 9.890 y en los artículos 128/134 de la resolución N° 3.945 con la modificación introducida al artículo 128 por Resolución N° 4.148”.

Romina, 29 años, es mamá de una nena de 5 años y un nene de 9 años. Y con ellos dos asiste a clases todos los días. “Fui la primera que empezó a traer a los chicos a clase. Me organicé, y les traía actividades que hicieran mientras yo estaba en clases. Después que yo lo hice, se sumaron otras mamás, que empezaron también a traer a sus hijos”, cuenta.

–¿Cómo te organizas?

–Por obligación, me tuve que organizar. De mañana trabajo de empleada doméstica, y de tarde llevo a mis chicos a la escuela, que salen a las 5 de la tarde. Unos días, el nene tiene fútbol, y otros días, la nena va a danza. Así que vamos todos juntos para una u otra actividad, y después que terminan, nos venimos a la escuela. Salimos a la 1 de la tarde, y volvemos a las 11 de la noche.  A los chicos no les molesta, al contrario, me apoyan mucho. En invierno, les traía una frazada, se las tendía en el piso, y ahí jugaban.

–¿Y después qué vas a seguir?

–Mi idea es enfermería. Y para eso voy a tener que ponerme las pilas. Quiero empezar en la Uader, pero ahí también hay problema porque tampoco tienen guardería. Ya veré cómo hago.

Joana, 28 años, y Mario, 28 años, son pareja, y los dos van a clase a la misma escuela. Son papás de tres chicos: de 12, 4 y un bebé de 9  meses. “Traigo a los tres –cuenta–. Y por eso estamos en clase siempre pendientes de ellos. Nos habían dicho de la posibilidad de tener un jardín maternal, que iba a estar listo a mitad de año, pero todavía no sabemos nada. Es difícil estar en clase con el bebé porque es inquieto, y a veces se quiere dormir, pero es imposible con el ruido que hay en el aula.

–¿Y después, qué?

–Mi idea es seguir estudiando. Mi marido también, pero va a ser complicado que los dos podamos seguir. Vamos a tener que decidir quién de los dos sigue estudiando.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.