El anuncio se conoció este miércoles. La Provincia financiará los trabajos de restauración de la Capilla Norte de San Miguel, uno de los monumentos históricos de la ciudad y el templo católico más antiguo de la provincia.

“Vamos a poner en valor un edificio histórico para la ciudad y para toda la provincia de Entre Ríos. Así lo estamos haciendo también en otros lugares, es necesario recuperar nuestra historia, nuestros pasado. Para que se conozca y pueda servir de testimonio de todo lo mucho que tiene la provincia para mostrar y fundamentalmente para que las generaciones futuras encuentren un punto de referencia en nuestros edificios que va mucho más allá de lo que arquitectónicamente somos”, dijo el gobernador Gustavo Bordet.

En el año 2000, bajo la administración del ex presidente Fernando de la Rúa, la Capilla Norte de San Miguel fue declarada monumento histórico nacional, aunque quizá pocos paranaenses recuerden ese dato: no hay un indicio, una plaqueta, un dato peculiar que indique que lo que hay allí, en ese sitio, esa añeja casona a la que se accede por un pasillo que también conduce a un comedor comunitario, es eso, un monumento histórico nacional.

El templo es uno de los cinco monumentos históricos que conserva la ciudad: los otros son Casa de Gobierno, la Catedral Nuestra Señora del Rosario, el salón de actos del Colegio del Huerto —que fuera sede del gobierno de la Confederación durante el gobierno de Justo José de Urquiza— y, desde 2009, también la Escuela del Centenario, ubicada en Avenida Rivadavia y Tucumán.

La Capilla Norte fue construida por la Iglesia hacia 1822 —no existen registros ciertos sobre sus orígenes, ni tampoco los denominados “libros de fábrica” que den cuenta de sus inicios— para dar atención espiritual a lo que entonces se conoció como el Barrio del Tambor o Barrio del Candombe, habitado casi exclusivamente por población negra y mulata en la zona conformada por las actuales calles Buenos Aires, Avenida Alameda de la Federación, Ecuador, Garay, San Martín y alrededores.

La partición de la ciudad debido a los accidentes naturales dejaba a ese sector de Paraná prácticamente aislado. Una investigación que en 1997 llevaron adelante el profesor de Historia Walter Musich, y los arquitectos Alejandro Yonson, Ricardo Jaimovich y Gabriela Gallardo rescató la historia del templo. El sector norte de la población de Paraná alternaba el paisaje indómito con un núcleo de mulatos mayoritariamente esclavos liberados, de ascendencia africana, según una crónica publicada en “El Diario”, el 7 de marzo de 2010.
Se unía al Puerto a través de un viejo camino, pero su vínculo con la Plaza Mayor se interrumpía en tiempos de grandes lluvias por la existencia de un arroyo o zanjón que atravesaba, de este a oeste, todo el ejido (corría por lo que actualmente es el trazado de las calles Uruguay y Cervantes) —dice aquel informe—. En el Barrio del Candombe o Barrio del Tambor no se escrituraban las devaluadas tierras, que en un gran porcentaje pertenecían a la Curia, que las entregaba circunstancialmente a los morenos para su habitación y trabajo. La espontaneidad de su poblamiento y modestia de su trama urbana ha dificultado su fiel reconstrucción”.
La construcción del templo fue iniciativa de la propia Iglesia, y con el afán de dar atención espiritual a ese asentamiento. Pero no hay datos ciertos: se cree que fue cerca de 1822. El único “libro de fábrica” —los asientos contables de los templos al momento de su construcción— corresponde al nuevo templo, y allí consta el modo cómo se recaudaron limosnas y se establecieron diezmos para conseguir recursos para iniciar la construcción.
Lo único que se sabe es que la piedra fundamental se colocó el 14 de mayo de 1822. Y sirvió al culto hasta 1860, cuando quedó inaugurada la actual Capilla San Miguel.
De la Redacción de Entre Ríos Ahora.