Una crónica policial, puesta a pie de página en un diario de provincia, podría titularse así: “Reyerta sin mayores consecuencias”.

O también: “Pelea en un partido de paddle”.

Así: con la sequedad de las informaciones que no son ni fu ni fa.

Nadie, sin embargo, reparó en el incidente.

No hubo tal crónica.

El incidente ocurrió, sin embargo.

Tuvo lugar en la localidad de Hernández, a 85 kilómetros de Paraná, menos de 2.000 habitantes, en el departamento Nogoyá.

Un día después del día de la primavera, ya al cerrar el día después de la primavera, cuando la noche había caído en Hernández, y nadie pensaba que algo grave podría ocurrir –nada grave puede ocurrir en un pueblo de 2.000 habitantes, en primavera—los oficiales de la comisaría del pueblo se sorprendieron cuando vieron ingresar a Gastón F, que llegó decidido a presentar una formalísima denuncia penal.

Así les dijo: que iba a presentar una denuncia penal.

Eran casi las diez y media del 22 de septiembre cuando el oficial Luciano Mayer se sentó a la computadora dispuesto a tipear lo que el hombre tenía para denunciar.

El oficial Mayer abrió el Word.

Clickeó en la pestaña del formulario para denuncias y reescribió sobre el modelo de denuncia.

Arriba del formulario se lee, en letras mayúsculas: “Acta de Denuncia”.

“En la localidad de Hernández, departamento homónimo (?), Nogoyá, Provincia de Entre Ríos, a los 22 días del mes de Septiembre del año 2017, siendo la hora 22,25, encontrándose en su despacho el funcionario de policía que suscribe comparece ante su presencia en forma espontánea una persona de sexo masculino, que manifiesta deseos de radicar un Denuncia Penal en esta Dependencia Policial (lo que sigue no tiene relación gramatical, pero así está escrito), se continua la presente ajustándose a lo normado en el artículo 166°, Título V, Capítulo VI del C.P.P.E.R: en vigencia”.

Gastón F. se presenta y expuso sus datos particulares. Lo normal. Lo corriente. Lo rutinario.

Todo eso quedó asentado en el “Acta de Denuncia”.

La maquinaria judicial/policial de Entre Ríos se activó por un incidente ocurrido en un partido de paddle en el que el ganador se llevaba como premio máximo una Coca Cola.

Una Coca. Ni cien pesos. Ni un cajón de cerveza. Ni un lechón. Ni siquiera un par de medias de fútbol. No: una Coca.

El raqueteo del partido, los sudores, las angustias, los dolores y el cansancio, todo eso por una Coca.

Los datos de rigor ocupan más de media carilla. El resto de la carilla es texto de la denuncia por aquel incidente en el partido de paddle que se jugó por una Coca.

“Que me hago presente –denunció Gastón F—en esta Dependencia policial debido a que en la fecha, siendo las 22 horas me encontraba jugando al padel (sic) en la única cancha que hay en la localidad, siendo en el Club Deportivo y Cultural, jugando de compañero con N A, y la pareja contraria eran C S y FF, que mientras disputaban el tercer partido, el cual jugaban por una Coca Cola, en un momento dado, íbamos ganando y de pronto, FF comenzó a insultarme directamente, diciendo barbaridades a las cuales no recuerdo bien y de inmediato este muchacho se cruzó a mi cancha y me dio un empujón con ambas manos, tirándome contra el tejido de la cancha, golpeándome en la cabeza y salí de la cancha ya fuera de esta, FF me agarró con ambas manos del cuello y me levantó en el aire y me volvió a tirar contra el tejido cayendo fuerte y me doblé la muñeca izquierda, haciendo constante que este muchacho me duplica en contextura física y en peso, desconociendo el porqué de esta reacción, siendo testigos de lo sucedido los antes nombrados y la señorita JA que es la encargada de la cancha. Que es todo cuanto tiene por denunciar”.

Que es todo eso: una denuncia penal, una instrucción policial, la instrucción policial que fue derivada a Nogoyá, y ahí en Nogoyá, a los Tribunales, y en los Tribunales, lo corriente: ¿dormir el sueño de los justos en algún cajón?

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.