Le pregunto al profesor –un docente entrañable que le enseñó algo más que historia a unos  25.000 mil estudiantes- si tiene memoria sobre algún debate en la ciudad respecto del asunto de los arroyos. No recuerda. Le parece francamente que no. Sí, en cambio, tiene una imagen sobre el entubamiento del Antoñico. Paraná, que no fue fundada, creció así también –me dice-, sin planes, sin mirar bien por donde, sin atender si quiera el sentido de su naturaleza.

 

Un toldo gris cubre el cielo a las 5 de la tarde. Algo así sucedía a esta altura del arroyo La Santiagueña antes de que se constituyera La Tribu del Salto: un toldo gris escondía el descenso del arroyo podrido, de plástico, de nylon y, peor que esa mugre, de olvido.

 

“Si la mano de un hombre tiró esa botella, la mano de un hombre la puede retirar”, dirá Juan Manuel Pauletti, a la hora de las palabras, para graficar el trabajo de los “indios”.

 

Los “indios” son ellos, los que limpiaron el arroyo. Los “indios” de la Tribu del Salto, constituida para sanear esa porción de verde, tierra y agua, entre Nogoyá y lo que viene de barranca precipitada y el paisaje precioso de los cañadones. Lo limpiaron, dirá Juan, a lo indio. “Pero ahora es tiempo de hacerlo de otra forma” y aceptará que “estamos adultos” o que “llegamos a la adultez”.

 

La causa trasciende las posibilidades de asociación y voluntad que lograron presentar hoy lo que puede ser un arroyo libre y cuidado. El ejemplo se ve ahora y todos los días. Ellos lo hicieron para despertar conciencia. Pero ahora es necesario que la conciencia despierte para consolidar y ampliar el alcance de la idea original: que el agua fluya, limpia, descubierta y sana en su cause natural.

 

Los puestos se instalaron al costado de la pista de atletismo del Parque Berduc, sobre calle Nogoyá. Puestos de plantas, alimentos, semillas, artesanías, jugos, información. La Tribuferia que se llama. También se montó un escenario menudo, para decir y cantar. Y la gente fue llegando, después de la cinco de la tarde, con el cielo gris arriba y un viento de otoño por adelantado. Para mirar y conversar, para prestar acuerdo en esto que se pide por los arroyos, que es sobre todo por los vecinos de los arroyos más que por el tránsito del agua, que sigue su curso aunque se esconda, como la mugre debajo de la alfombra.

 

Puentes a la Vida es el nombre de la fundación integrada para impulsar algunas razones claras, como la constitución de un consejo de cuencas que finalmente empiece a mirar a la ciudad en virtud de sus elementos naturales. También se plantea que se declare a La Santiagueña “cuenca modelo”, para tomar de esa experiencia el modo de trabajar en adelante. Y para eso, claro, se reclama, “infraestructura orientada al saneamiento”, “eliminación de cloacas clandestinas”, “cuadrillas especiales”.

 

Encuentros por los arroyos vivos se llama la ocasión que ahora, ya pasadas las 6 de la tarde, tiene una adhesión que no existió antes, nunca antes, sobre la necesidad de respetar los cursos de agua que atraviesan la ciudad. El encuentro es una invitación a mirar de otro modo y una tentativa, también, dirá Pauletti, a “construir otro mundo”, ya que no hace falta destruir lo que hay, porque se cae solo.

 

Sebastián Macchi y Carlos “Negro” Aguirre hacen una sesión de canciones, mayormente inspiradas en los paisajes de agua que aquí se conversan y defienden. Los dos, con diferentes trayectos y experiencias, son referentes de la música regional, reflejada en la trama del río, casi como un espejo. O quizás una leyenda. O tal vez un alimento.

 

La tarde se viene abajo, como apurada por el viento y los empujones del otoño que se viene. Hay un patio de tango y luego la presentación formal de las ideas: Encuentro por los arroyos vivos difunde su proyecto de Aulas Verdes del Salto. El plan es que funcione aquí una instancia de aprendizaje en una cuenca modelo, que inaugure nuevas iniciativas y una mayor participación ciudadana.

 

Paula Armándola, presidente de la Fundación Puente a la Vida, habla de la necesidad de cambiar las reglas de juegos y atender las que corresponden. En síntesis: “Hacer lo que demanda la nueva Constitución de Entre Ríos”, subraya. La joven dirigente ambiental, comienza recordando que este martes se dará tratamiento en la Cámara de Diputados de Entre Ríos al proyecto promovido desde diferentes sectores e identificado como Entre Ríos entre arroyos. Y sobre el final de su discurso reclama “verdadera voluntad política” para “dejar de entubar y esconder la mugre bajo la alfombra”.

 

“Políticos a la acción”, cierra Armándola. Sigue Fernando de la Rosa, presidente del Colegio de Arquitectos Regional Oeste Noroeste y cierra Juan Manuel Pauletti, uno de los miembros originarios de La Tribu del Salto. El encuentro va llegando a su última instancia con el toque del ensamble de percusión Vamoviendo.

 

Ya es de noche y es sábado, pero esto no termina. La movilización de ideas y esfuerzos por una mirada distinta sobre la ciudad, la encarna, en este caso, un colectivo de personas que observa el paisaje de modo muy práctico y sereno. En fin, dirá Juan, hay que construir otra cosa, porque lo que hay, está visto, se derrumba solo.

 

 

Julián Stoppello

De la Redacción de Entre Ríos Ahora