Por Víctor Hutt (*)

 

Lo primero que tenemos que considerar es que existen diferentes tipos de sindicalistas, como también existen diferentes tipos de políticos y algo que nos hace muy mal es la generalización.

Por un lado existen en nuestro país una gran cantidad de militantes sindicales honestos, comprometidos con una causa, que trabajan por sus ideales y se mueven regidos por principios de solidaridad y compromiso con los derechos del conjunto de los trabajadores, muchísimos de ellos realizan su tarea sin percibir nada a cambio sino entregando parte de su vida a la causa. En este texto no me voy a referir a esa clase de sindicalistas, absolutamente imprescindibles para la construcción de una sociedad igualitaria con justicia social.

En este texto quiero reflexionar sobre ese otro tipo de sindicalista, el más buscado y promocionado por los medios hegemónicos de comunicación funcionales a la explotación de las clases patronales.

Hablamos de doble o triple traición y pasaremos a describir estas traiciones, que se profundizan ante un gobierno como el de Macri, que viene a destruir derechos de los trabajadores que fueron conseguidos con décadas de lucha y hasta con la muerte de varios de aquellos sindicalistas imprescindibles.

Una primera traición es la que se ha venido dando en el quehacer diario de estas mafias sindicales, desde hace muchos años. En principio vemos en varias conducciones de grandes sindicatos a personajes que llevan muchos años en el poder, que no realizan elecciones democráticas y que se han enriquecido desde esos lugares, que han dejado de ser trabajadores, que han dejado de vivir y pensar como trabajadores y se mueven como verdaderas mafias que se apropian de los sindicatos como lugares de poder, como fuente de enriquecimiento ilícito y se han rodeado de guardias reales violentas que son capaces de masacrar a todo trabajador que pretenda democratizar esos sindicatos. Para entender esta traición nos tenemos que preguntar ¿cómo es que han construido sus fortunas?

Si observamos sus accionares veremos que lo han hecho negociando salarios a la baja con retornos de los empresarios, frenando luchas a cambio de beneficios personales, vaciando las arcas de los sindicatos, vaciando arcas de las obras sociales, consiguiendo negocios personales a cambio de entrega de derechos.

Todo este aceitado funcionamiento de corrupción ha estado facilitado por la complicidad de del sistema judicial, que como poder conducido desde siempre por la clase alta, por la derecha más recalcitrante, prefirió siempre este modelo sindical, y que ante actos evidentes de corrupción, durante muchos años, han mirado para otro lado y con la inacción de los gobernantes que no se atrevieron a enfrentarse con las mafias que los sostenían, pues muchos de ellos se transformaron en verdaderos capo mafia que muchas veces utilizaron la fuerza de la clase trabajadora para defender sus intereses en lugar de defender los derechos de los trabajadores y que prefirieron tener en frente a mafiosos que se pudieran comprar con favores antes que tener a la clase obrera organizada democráticamente.

Pero todo este accionar se ha llevado adelante dejando rastros de corrupción por todas partes, que solo con la decisión de investigar un poco, van apareciendo de a montones. Esa corrupción que durante mucho tiempo se mantuvo oculta, con una simple mirada desde el poder judicial pone en riesgo seguro de cárcel para muchos de estos capos.

Con esta realidad inocultable de  gran parte de los sindicatos grandes de nuestro país y ante la llegada de la oligarquía explotadora y corrupta a los poderes ejecutivo y legislativo, que se suman al control histórico del poder judicial y el alineamiento de las fuerzas armadas y de seguridad a los sectores explotadores, como ha sucedido en otros momentos de la historia argentina, la mafia sindical siente que ha perdido parte de su poder, conocedores que están flojitos de papeles y que pueden venir por ellos y encarcelarlos, luego de la demostración de poder que se ha hecho con el procesamiento del Pata Medina es que entienden que aún pueden negociar con este poder concentrado de la clase explotadora.

Es luego del análisis de este cuadro de situación que podemos entender la segunda traición, la que necesita en estos momentos la clase dominante para avanzar sobre derechos consagrados de la clase trabajadora.

Hemos visto que existen varios factores para que desde el gobierno nacional se pueda avanzar sobre los sindicatos, ¿pero qué tipo de avance pretenden?, ¿observamos intenciones de democratizar los sindicatos?, ¿de garantizar que los trabajadores tengan sindicatos que verdaderamente los representen, que representen sus intereses y que puedan ser elegidos por voto directo? No es eso precisamente lo que observamos sino todo lo contrario, el gobierno nacional se reúne permanentemente con los capos sindicales, con los líderes de la CGT y lejos de instruir al poder judicial que avance con las investigaciones, como si lo hace con políticos opositores, negocia.

Sin lugar a dudas las reuniones entre sindicalistas corruptos y los representantes de la clase explotadora tienen que ver con entrega de derechos de los trabajadores cautivos por las mafias sindicales a cambio de la impunidad de estos mismos corruptos que se apropiaron de los sindicatos.

Toda esta negociación, esta coerción del gobierno hacia los sindicatos es acompañada por una campaña mediática de descalificación de los modelos sindicales, pero que, lejos de apuntar a su depuración, está dirigida a crear un cerrojo a la clase trabajadora ante la destrucción de derechos planeada desde este polo dominante.

Precisamente la segunda traición de los sindicalistas corruptos consiste en entregar los derechos de los trabajadores a cambio de garantizar su impunidad, en un nuevo ejercicio del individualismo de estas mafias, de la utilización de los sindicatos en beneficio y resguardo de sus oscuros intereses personales.

La tercer traición estaría surgiendo luego de la clarificación de un proceder desde el gobierno, de que el gobierno de la clase explotadora entienda que puede avanzar sobre los derechos de millones de trabajadores activos, jubilados, niños y por nacer, seguramente considerará necesario reactivar los beneficios para ese sector parasitario que se apropió de los sindicatos y hará llegar nuevos aportes a sus riquezas indignas y en un país que empeora su economía para la inmensa mayoría, volverán a sacar provechos nuevamente los traidores.

Ante esta cruda realidad de la clase trabajadora, algunos entenderán que la opción es terminar con los sindicalistas para salvar a los trabajadores y sin dudas que esta no es la salida a la miseria que nos espera como trabajadores con el actual proyecto de ultraderecha.

La salida pasa por más y mejor sindicalismo, que cada trabajador se convierta en militante sindical y de esa forma vayamos corriendo a los traidores funcionales al poder dominante, no tenemos que alejarnos del sindicato sino apropiarnos de él, porque la historia nos demuestra que si los trabajadores no defendemos nuestros derechos otros no lo harán por nosotros, que nuestros logros han sido por la lucha y nunca un regalo de la clase dominante y que la herramienta de organización de la lucha de los trabajadores por sus derechos han sido, son y serán, los sindicatos, pero conducidos por los trabajadores y no por corruptos traidores que nunca debieron haber ocupado nuestros lugares de representación.

 

 

(*) Docente, militante de la seccional Uruguay de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (Agmer).