La fecha se reubicó en el calendario. Será el domingo 15, en octubre ahora, como en 2016, ya no en agosto, como fue hasta 2015, y durante tantísimos años.

La edición 2017 de la Fiesta de Disfraces ingresó en la cuenta regresiva, y los preparativos del predio que recibirá a miles de personas se alista a toda prisa. El predio está ubicado en el Acceso Norte a Paraná, entre calles Jorge Luis Borges y Juan Morath.

La foto aérea muestra cómo se ve todo desde el cielo; acá, en la tierra, la logística se ve más cercana: pero la escena es la misma. En el cielo, en la tierra.

Allí, durante la tarde noche del 15 de octubre se congregarán miles y miles de personas, en la fiesta pagana más monumental que se haya convocado nunca en esta ciudad. ¿Cuántos? ¿Cincuenta mil? ¿Sesenta mil? ¿Más? La cifra es siempre una incógnita: es sólo una estimación, nunca una certeza.

Es parte de la ¿mística? de esta fiesta, y de sus hacedores, siempre con baja exposición, que dan pistas e información por cuentagotas. Un ejercicio muy bien aprendido.

Como fuere, la organización y la logística, a esta altura aceitadísimas, están moviéndose con la celeridad de la urgencia.

La 19º edición de la Fiesta de Disfraces se desarrollará, claro, en el mismo predio que el año pasado, ubicado sobre Acceso Norte República de Entre Ríos al 3.500, entre  Juan Morath y Jorge Luis Borges, un espacio de 10 hectáreas ubicado a pocos kilómetros del centro Paraná. Enfrente de ese predio, se ubica el “campamento”, un dispositivo que busca sortear las siempre escasas plazas hoteleras para el fin de semana largo de la Fiesta.

Como en las ediciones anteriores, sobre esa gran superficie se construirá un complejo mutiespacio con grandes carpas temáticas, acondicionadas con piso y equipadas con tecnología de última generación en lo que respecta a sonido, video e iluminación.

El Main Stage será, una vez más, el corazón de la Fiesta de Disfraces.

En lo que respecta a servicios, habrá diversos puestos gastronómicos y numerosas barras. Los baños químicos estarán distribuidos estratégicamente en todo el predio.

Una puesta monumental, DJ, artistas de envergadura, luces, fuegos artificiales, música, diversión y la quintaescencia de todo esto: los disfraces.

Ya nada queda de aquello que arrancó en 1999, que creció en silencio y que explotó con la decisión de un boom. Ahora, es un espectáculo grandilocuente, estratégicamente ubicado en el calendario turístico de la ciudad, que espera a miles.

Una abecé histórico de este espectáculo masivo debería empezar así: seis cumpleaños en uno. Ioy, Jota, Nacho, Julián, Rulo y Marote decidieron poner 50 pesos cada uno, comprar algunos cajones de cerveza y hacer una fiesta en el Club Ciclista. Fue en agosto de 1999.
De movida la convocatoria resultó un éxito y ya quedó establecido que se repetiría al año siguiente y todos los años que fuera posible.

En su segunda edición, la fiesta estuvo al borde del naufragio: el lugar que se había conseguido, a través del padre de uno de los interesados, era el Círculo Católico Obrero, pero una vez que el comedido supo que no se trataba de una fiestita de 30, sino de un baile de disfraces para más de 100, rápidamente quitó la reserva y la fiesta quedó en ascuas. A último momento se consiguió un salón en calle Santa Fe, donde fueron más de un centenar de invitados y hasta un gaucho que entró pisando fuerte con su caballo.

La tercera edición ya tuvo algo más de producción y la sede fue el salón de Fatsa, atrás del Seminario, cerca del predio que ocuparon más adelante en Don Bosco y Circunvalación. La entidad, el gremio que agrupa a los empleados de la sanidad, facilitó el lugar sin conocer muy bien de qué se trataba el asunto. Por eso la sorpresa del cuidador, cuando uno de los organizadores llegó vestido de Boluda Total –el personaje de Fabio Alberti- a pedirle que por favor enchufara los feezers.

Cuando resolvieron alquilar un salón del Puerto Nuevo, en 2002, la cosa ya trascendía la celebración de los seis cumpleaños y fue la primera vez que se cobró entradas: dos Federales con una consumición. A partir de entonces no paró de crecer: llenaron Excándalo, al año siguiente y tras algunas dudas avanzaron hacia La Rural donde definitivamente terminó por resultar un buen negocio para los 22 integrantes de La Banda del Palo.

En la Rural la fiesta ya cobró dimensiones extraordinarias y se convirtió en suceso.

En 2009 dio un salto cualitativo y se localizó en un predio ubicado en Don Bosco y Circunvalación, adonde estuvo hasta que en 2015 se mudó a Colonia Avellaneda. Pero allí sucedió algo parecido a un fiasco: el lugar, muy lejos, las lluvias, muy intensas. Al año siguiente, volvieron a Paraná, al predio donde este año se hará por segunda vez.

La historia, como cada año, empieza a escribirse de cero, hasta la próxima edición.

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.