“Es mi amigo. Pero ni loco lo voy a visitar. Mirá si se enteran que fui a verlo”.

La declaración la hizo un cura de la zona sur de la ciudad a una catequista, y pinta de modo acabado la reacción de la Iglesia Católica de Paraná ante el destino inmediato que se le presenta al cura Juan Diego Escobar Gaviria, el otrora convocante sacerdote de las misas de sanación que, hasta octubre pasado, todas las parroquias querían tener.

Pedían turnos, daban turnos, y los fieles se amuchaban para participar de misas extensísimas en las que Escobar Gaviria “sanaba” a los enfermos, “bendecía” fotografías, ropa, llaves de la casa o del auto, untaba con un ungüento que llevaba preparado. Eso era cuando los tiempos eran buenos y la fama acompañaba.

Pero el testimonio de un nene de 11 años, en octubre de 2016, empezó a correr el velo de lo que ocurría en la pieza de atrás de la casa parroquial en Lucas González, a 132 kilómetros de Paraná. “Hagan lo que tengan que hacer”, les dijo el arzobispo Juan Alberto Puiggari a las monjas de la congregación Hermanas Terciarias Misioneras Franciscanas de Lucas González, que dirigen el Colegio Castro Barros San José, cuando lo pusieron al corriente de los abusos de los que un alumno de 6º grado decía haber sido víctima.

Puiggari lo echó a Escobar Gaviria de Lucas González, lo mandó a una casa de retiros, y el cura se fue a la Casa Padre Lamy, de Oro Verde, pero cuando allí se enteraron que estaba acusado por abusos, le pidieron que se fuera. Lo acogió el cura de Oro Verde, Alfredo Nicola, ahora presentado por la defensa de Escobar Gaviria como testigo en el juicio. En Oro Verde mintió sobre el lugar en el que residía, y la Justicia le pidió que buscara otro lugar a donde parar. Se vino a Paraná.

Escobar Gaviria pensó que la tormenta pronto pasaría y siguió como si nada: enviaba whatsapp a las víctimas y a los testigos, y enviaba emisarios a Lucas González para que los que habían declarado en Tribunales se desdijeran de lo que habían dicho. El fiscal Federico Uriburu, de la Unidad Fiscal de Nogoyá, pidió que lo reprendieran, pero no fue hasta que a la causa se sumó el querellante Mariano Navarro que lograron, entre ambas partes, mandar a prisión al cura para que cesaran esos “contactos” con víctimas y testigos.

Escobar Gaviria está en la cárcel desde el 21 de abril. Y el juez de Garantías de Nogoyá, Gustavo Acosta, extendió la medida, que en principio era por 20 días, hasta el inicio del juicio. El juicio podría será en la segunda mitad de 2017. El defensor Milton Ramón Urrutia apeló esa decisión, y ahora se espera la resolución del Tribunal de Juicios y Apelaciones de Gualeguaychú.

Mientras, Escobar Garviria está alojado en la Unidad Penal Nº 5 de Victoria.
Este martes, incluso, se negó a salir de su calabozo cuando la Policía de Nogoyá fue a buscarlo para que participara de la audiencia en la que se resolvía su futuro inmediato. El informe que el Servicio Penitenciario de Entre Ríos envió al juez Acosta dice eso: que Escobar Gaviria se negó a salir del penal.

Escobar Gaviria tiene relación jurídica con el Arzobispado de Paraná aún cuando pertenezca a una congregación religiosa particular, la Cruzada del Espíritu Santo. Y está en prisión, por orden judicial.

Nada dijo de eso la Iglesia de Paraná.

En declaraciones que formuló a Canal 11, Puiggari se lavó las manos. “Prefiero que la Justicia se expida cuanto antes: prolongar en el tiempo nos hace mal a todos”, dijo, y agregó: “Espero que ahí pueda clarificarse la culpabilidad o no, y que se haga justicia, sobre todo para que tampoco sufran las supuestas víctimas. Cuando estos procesos se alargan, es mucho el sufrimiento. Esperamos que la Justicia hable”.

Puiggari lo mandó a investigar a Escobar Gaviria, lo puso al cura Silvio Fariña en esa tarea, y nada se sabe de los resultados que obtuvo tras esa pesquisa. Incluso, Fariña se entrevistó con Silvia Muñoz, la mamá de R, el nene cuyo testimonio abrió la investigación judicial sobre el sacerdote. Puiggari, además, la visitó a la mamá, y aquella charla fue grabada y desató un escándalo. Según Silvia Muñoz, Puiggari habló de Escobar Gaviria como un “pedófilo manipular”, pero el obispo después intentó desmentirla, aunque sin mucho empeño.

La Iglesia de Paraná tiene, por primera vez, a un cura en prisión. Y acusado de graves cargos de abuso a menores. Puiggari le pide a la Justicia que no alargue los tiempos. ¿Y qué pasó con el proceso que la curia le inició a los tres sacerdotes con causas por abuso en la Justicia, Justo José Ilarraz, Marcelino Ricardo Moya y Juan Diego Escobar Gaviria?

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.