El lunes 22 de julio, en el Colegio María Auxiliadora, de Chajarí, se desarrolló una charla que se convirtió en una diatriba contra la aplicación en las aulas de la Ley de Educación Sexual Integral, sancionada en 2006 por el Congreso. Disertaron dos médicos, Daniel Benítez, cirujano, auditor del Consejo General de Educación (CGE), la pediatra Natalia Delbies, y el cura Jorge Charreun, bajo el lema: “Dios nos creó varón y mujer”. 

“Esto es una guerra del demonio con Dios”, sintetizó la pediatra Delbies a la resistencia que encabezaron las escuelas católicas para aplicar la Ley de Educación Sexual. 

El texto que sigue lo escribió la docente Candela Caballaro, quien ejerce en escuelas de Chajarí y desarrolla contenidos de la Educación Sexual Integral.

 

Por Candela Caballaro (*)

Los comentarios sobre la charla que llevó adelante el médico auditor del Consesjo de Educación en Chajarí me hicieron pensar bastante, porque más allá de sus creencias, que obviamente deben ser respetadas, se pone en juego una mirada subjetiva sobre los pacientes, su salud y lo que él entiende por “sano”.

Entiendo que un médico es un sujeto también, y por ende, con una mirada sobre el mundo. El problema aquí tiene que ver con la función que cumple: distinto sería si los/las y les docentes pudiéramos elegir quién nos atienda… digo ésto porque no creo que una persona que tenga una idea tan errónea sobre la sexualidad esté preparada para trabajar con la salud de quienes creemos que la sexualidad es integral, donde la libertad de elección y la construcción de la identidad no nos venga impuesta sino que sea de verdad acorde a lo que queremos ser, a lo que sentimos y hacemos.

De verdad no creo que una persona que esté tan cerrada en su discurso pueda atender a une compañere trans, lesbiana, gay o bisexual, homosexual, intersex etc; porque no creo que tenga las herramientas para entender que la vida y la salud no son 2 +2 =4.

Tampoco creo que pueda atender a una compañera heterosexual que quiere abortar, o que ya abortó y quiere hacerse una ecografía para saber si todo esta bien.

Tampoco creo que pueda atender a un compañero que haya sentido por primera vez amor por otro hombre y eso lo tenga angustiado…. menos aún atender a alguien que se declare feminista… y la lista podría seguir…

¿Qué nos hace pensar que en Chajarí o en el departamento Federación no conviven estas realidades? ¿Qué les hace suponer que les docentes somos todes heterosexuales? ¿Quien nos convenció de que el único género posible es femenino o masculino? ¿Quién te impuso que seas hombre o mujer?

Considero que, como educadores o simplemente como profesionales en todas sus formas, tenemos la responsabilidad de hacer cumplir las leyes y de abordar, tratar, atender, educar a todes en igualdad de condiciones y si no tenemos esa capacidad, entonces dedicate a otra cosa. Porque de lo contrario seguimos siendo cómplices de la clandestinidad, de la invisibilización, de la discriminación y del silencio.

 

 

(*) Candela Caballaro es docente de Educación Sexual Integral en Chajarí.