C, tiene 12 años; su hermana, C, tiene 10.
Hasta esa mañana hostil, la mañana del viernes 2, vivían en el barrio privado Las Colinas, una lomada serena de cara al río, junto a una pareja de abogados, Martín Navarro y Viviana Almada, que habían iniciado el trámite de adopción en el Juzgado de Familia de Diamante.
C y C venían de una historia dura: perdieron contacto con su familia biológica y habían sido alojados en un hogar de menores. De ese hogar de menores salieron rumbo a esa casa del barrio Las Colinas. El proceso de vinculación se inició en octubre de 2013.
La vinculación fue aprobada por la entonces jueza de Menores de Diamante, María Eleonora Murga. Lo había dispuesto aún contra las recomendaciones de los equipos técnicos, que lo desaconsejaron.
Entre otros, por la defensora oficial Noelí Bahllorst.
Allá fueron, entonces, los hermanos: a dar con una familia postiza. Tan postiza que nunca lograron congenear del todo. El nene, menos que la nena.
La convivencia, ahora se sospecha, fue tortuosa.
Aquella mañana del viernes 2, C, de 12 años, fue encontrado solo adentro de la camioneta Toyota que Navarro había dejado estacionada sobre calle Alem. Dejó estacionada la camioneta y se fue a cumplir funciones en la Defensoría del Pueblo, una rutina corriente.
Después explicó –el defensor del Pueblo, Luis Garay, lo hizo—que el chico tenía sueño, que se quedó a dormir en el auto, pero que lo hizo con la recomendación de que, cuando despertara, se bajar y fuera hasta la Defensoría. El chico estuvo, dijeron los testigos, cuatro horas adentro de la camioneta.
Los testigos, empleados de una dependencia municipal, llamaron al 911 y al Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia (Copnaf), y los técnicos de ese organismo enseguida se enfrentaron a la seria sospecha de que era víctima de violencia.
Pusieron al tanto a la defensora Lorena Calí, que formuló una denuncia penal.
Esa causa ahora está en manos de la fiscal Natalia Tafarel.
El Copnaf pidió una medida excepcional por 60 días y apartó a los chicos del hogar de los Navarro/Almada, y los derivó a una familia guardadora. Pero desde hace una semana fueron enviados a un hogar de menores de Concordia, adonde ahora permanecen.
Mientras, la Justicia dictó una medida de protección: por 90 días, el matrimonio tiene vedado poder acercarse a los niños.
Esta semana hubo una audiencia en el Juzgado de Familia de Diamante, ahora cargo de la jueza Ana Cristina Quinteros Fagetti. La jueza debe resolver qué sucede con el proceso de guarda preadoptiva, que se inició el 11 de diciembre de 2014 y que aún está vigente.
Resolvió no resolver nada. Esperará, dijo, hasta que se resuelva la causa penal.
Mientras, C y C, los dos hermanos, seguirán en ascuas, alojados en un hogar de menores de Concordia.
Seguirán asistidos de cerca por el Copnaf, que es el organismo que se puso al hombre la dura historia de los hermanos.
Hay dos caminos posibles: que disponga que no hay razones para cortar el lazo con el matrimonio Navarro/Almada, y dar curso al proceso de adopción.
O resolver dejar sin efecto la guarda preadoptiva.
En ese último caso, a los hermanos les espera un futuro que ya conocen: ingresar otra vez a la lista del Registro de Adoptantes, esperar que un grupo de psicólogos entrevisten a familias que pretendan adoptarlos, esperar que alguna familia pretenda adoptarlos, y ver pasar los minutos, las horas, los días.
Todo ese destino atado a una resolución judicial, que todavía una jueza demora en tomar.
Mientras, ellos seguirán alojados en un hogar.
En ascuas.
La jueza de Diamante espera que la fiscal de Paraná resuelta un expediente.
Mientras, C y C esperan allá en Concordia.
Para ellos la Navidad será una escena que ya conocen, y se repite.

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.