Gustavo Acosta es juez de Garantías de Nogoyá desde marzo de 2015, y desde entonces está a cargo de la causa que busca desentrañar uno de los más grandes misterios desde la recuperación de la democracia en Entre Ríos: la desaparición de toda una familia, los Gill, que fueron vistos por última vez en un velatorio en Viale, en el verano de 2002.

Después de eso, la más oscura incertidumbre. ¿Qué fue de todos ellos -Rubén “Mencho” Gill, en 2012 de de 55 años; su esposa Margarita Norma Gallegos, de 26, y sus hijos María Ofelia de 12, Osvaldo José de 9, Sofía Margarita de 6 y Carlos Daniel de 2-, qué destino tuvieron, están vivos o muertos?

De los Gill nada se sabe, todo se ignora.

El último que pudo haber aportado una pista, Francisco Goette, patrón de los Gill, dueño de la  Estancia La Candelaria,  en Crucesitas Séptima, murió en un accidente de tránsito en 2016.

Sólo queda en pie el tesón de María Adelia Gallegos, la mamá de Margarita Norma Gallegos, para intentar dar con ellos, con su hija, con su yerno, con sus nietos.

María Adelia encontró en el juez Acosta un aliado para la búsqueda.

Juntos han ido, han recorrido los campos, hablado con puesteros, con vecinos, con maestras de escuela, han recorrido de palmo a palmo el último sitio donde estuvieron los Gill y no han podido dar con nada, de momento.

La última esperanza es la búsqueda que empezó el lunes en La Candelaria: Armando Nanni, un contratista rural que supo trabajar para Goette, dio la pista: que antes de que desapareciera “Mencho” Gill y los suyos, lo vio cavando dos pozos. Uno, detrás del casco de la estancia; el otro, sobre el lecho de un arroyo que entonces estaba seco.

La Justicia contrató a una empresa, y eso es lo que se lleva adelante ahora en La Candelaria: la búsqueda de restos óseos enterrados bajo tierra.

La búsqueda de los Gill se inició en 2002 y continúa hasta ahora.

La causa judicial tiene 16 cuerpos -de 200 fojas cada uno-, y de momento está caratulada como averiguación de paradero. “No tenemos ningún elemento como para imputar un delito. Mientras no aparezca un cuerpo no podemos hablar de homicidio, por ejemplo”, dice el juez Acosta.

La investigación judicial se sostiene por el empuje de María Adelia Gallegos. Y el acompañamiento del juez.

Acosta y María Adelia han recorrido, desde 2015 hasta aquí, una vez por mes los campos vecinos a La Candelaria en busca de una pista. Han golpeado puertas, escuchado teorías, seguido pistas, y nada. Uno de los testimonios clave es Quito Villanueva, el vecino de enfrente de La Candelaria: la llave para llegar a cada una de las personas que podrían haber aportado un dato.

Con todos hablaron.

El último al que llegaron fue Armando Nanni, en Tabossi, que aportó los datos de los dos pozos sobre los que ahora avanza la búsqueda de los restos de los Gill.

Del primer pozo, han surgido más de una docena de restos óseos, que todavía no se ha podido determinar si corresponden a humanos o animales. El juez Acosta es cauto, y prefiere aguardar el momento en que comience la tarea de excavación en el lecho del arroyo, que ocurrirá la próxima semana.

-Ojalá -responde el juez cuando se le pregunta si ésta última pista podría arrojar un poco de luz al misterio de los Gill.

 

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.