Hasta ese jueves 29 de agosto de 2013, Julieta Añazco nunca había participado de un escrache. Menos aún había imaginado que esa primera experiencia la tendría como protagonista. Le costaba pensar cómo sería el momento en que quedase cara a cara con el cura Héctor Giménez, que había abusado de ella cuando tenía 10 años durante los campamentos que, desde la iglesia Nuestro Sagrado Corazón de Jesús de City Bell, organizaba, entre los veranos de 1980 y 1982, en Bavio, dentro del partido bonaerense de Magdalena.  En 2013, Giménez seguía activo.

Así describe el periodista Julián Maradeo aquel momento de quiebre en la vida de Julieta Añazco, quizá la más relevante de los integrantes de la Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico en Argentina. Es esa chica de voz quieta que cuenta su testimonio desgarrador en el documental “No abusarás. El mandamiento negado en la iglesia de Francisco”, el abuso del que fue víctima por parte del cura Giménez. Desde aquel momento, Julieta Añazco, entonces, empezó una tarea que no deja de lado un segundo: hacer visibles los casos de abusos a menores dentro de la Iglesia, y conseguir justicia. Se lo dijo al cura Giménez la vez aquella. Se lo dijo así: “Pude decirle que no se iba a olvidar de mí hasta que se muera”.

La Red de Sobrevivientes ve en el caso del cura Justo José Ilarraz un juicio emblemático al que hay que prestar atención. Julieta Añazco se contactó con Fabián Schunk, víctima de Ilarraz. “A Fabián lo busqué a partir de 2013. Ya tuvimos la idea de viajar en 2014, cuando se empezó a hablar de la causa Ilarraz. Pero el problema es que no teníamos los medios económicos para hacerlo. Pero ahora que empieza el juicio, vamos a ir. Muchos en la Red creemos que es conveniente el apoyo como Red, no como Julieta. Mis compañeros se re entusiasmaron con la idea de ir y acompañar a los chicos en Paraná durante el juicio. Hay gente que no puede dar su nombre ni mostrar su cara, como le pasó a Fabián hasta hace un tiempo. Para mí Fabián es un referente. Es muy importante la causa de Fabián y de los chicos”, dice.

El cura Justo Ilarraz fue prefecto de disciplina en el Seminario de Paraná entre 1985 y 1993, y durante ese tiempo ocurrieron los abusos que investigó la Justicia entre 2012 y agosto de 2016, cuando la causa fue elevada a juicio oral. Ya hay un tribunal, que aceptó pruebas y testigos, y sólo resta que en breve se ponga fecha para sentar al cura Ilarraz en el banquillo de los acusados. Estará frente a los jueces Alicia Cristina Vivian, vocal del Tribunal de Juicios y Apelaciones de Gualeguaychú; Edwin Ives Leonardo Bastian, vocal del Tribunal de Juicios y Apelaciones de Concordia; y Darío Ernesto Crespo, vocal del Tribunal de Juicios de Gualeguay.

Y se empezará a correr el velo de la más grande causa de abusos en la Iglesia Católica de Paraná.

Un juicio clave. Sentados, observando todos, viendo de qué modo actúa la Justicia, estarán muchos otros sobrevivientes de abuso de distintos puntos del país.

El viaje, ese viaje de la Red, ese encuentro en Paraná de todos, los muchos o los pocos, será, además, iniciático: será la primera vez que puedan verse las caras unos a otros. De momento, el conocimiento es virtual.

Corrientes, Mendoza, Santa Cruz, Mendoza, Córdoba, Buenos Aires, Tucumán, Catamarca, Salta, Entre Ríos. De esas provincias son las víctimas que integran la Red.

“El juicio es una muy buena excusa como para encontrarnos en un sostenido abrazo de lucha”, dice Julieta, en una entrevista, también, por chat.

“Lo que sucede es que algunos de nosotros no contamos con medios económicos para trasladarnos, y eso se hace difícil. Pero vamos a intentar ir al juicio. La idea es mostrar que estamos unidos los sobrevivientes, y no estamos solos, y nos acompañamos entre nosotros. Queremos estar cerca del tribunal viendo cómo los jueces realizan su trabajo”, sostiene.

Julieta dice que la causa Ilarraz es clave. Que es relevante en el marco de lo que resolvió el Comité de Derechos de Derechos del Niño de la ONU de comparar a los abusos como delitos de lesa humanidad, comparables con la tortura. Eso le indicó al Vaticano pero el Vaticano no está tomando debida nota de esa recomendación.

Pero frente al olvido, el ninguneo, el encubrimiento y la prescripción judicial, está el trabajo silencioso y sostenido de la Red.

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.