Lleva en la mano un puñado de hojas en blanco.

Esas hojas en blanco después se cubren con los apuntes que Justo José Ilarraz toma durante el juicio que se desarrolla en el salón N° 1 del edificio de Tribunales.

El juicio lo tiene como único imputado en siete denuncias por abusos y corrupción de menores, hechos ocurridos en el Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora del Cenáculo. Allí, Ilarraz fue prefecto de disciplina y director espiritual de un grupo de adolescentes que cursaban la secundaria como pupilos entre 1985 y 1993.

A ese grupo pertenecen los chicos, ahora hombres de cuarenta y pico, que se convirtieron en denunciantes de los abusos de Ilarraz en el Seminario.

Ya declararon seis de las siete víctimas -el séptimo declara este martes-, y de los seis, sólo uno aceptó que Ilarraz permaneciera en la sala durante su testimonio.

DS declaró con Ilarraz a un par de metros de distancia. Fue el único.

La mayoría de los testigos se enfrenta por primera vez con Ilarraz. “Nunca lo había visto; lo vi hoy por primera vez. Y no lo miré en todo el momento que estuve adentro de la sala”, dijo el excura José Francisco Dumoulin. “No lo miré porque no me interesaba hablarle a él; me interesaba hablarle al tribunal y aportar los datos que tenía para dar”, agregó.

Leonardo Tovar, el cura que en 2016 dejó San Benito para radicarse en Buenos Aires, tras una pelea con el arzobispo Juan Alberto Puiggari que fue pública, en cambio le sostuvo la mirada durante las dos horas que duró su declaración frente al tribunal que juzga los abusos, y que conforman Alicia Vivian, Carolina Castagno y Gustavo Pimentel.

No tenía por qué: los testigos siempre declaran de frente al tribunal, y aún cuando las partes -Fiscalía, querella, defensa- hagan preguntas, la repuesta siempre se dirige al mismo lugar.

Tovar, no: quiso mirarlo de frente a Ilarraz. Eso hizo.

Los testigos se sientan de frente al tribunal: a la izquierda y al fondo están los fiscales Juan Francisco Ramírez Montrull y Álvaro Piérola y los querellantes Walter Rolandelli, Marcos Rodríguez Allende, Santiago y Victoria Halle, Lisandro Amavet, Milton Urrutia y María Alejandra Pérez; a la derecha, muy cerca, el defensor Jorge Muñoz, e Ilarraz.

De modo que Tovar lo miró en todo momento. Le habló directamente. Inmutable, el imputado en siete denuncias por abuso y corrupción de menores, bajaba la vista y anotaba.

Hubo dos momentos de honda conmoción en el tribunal. La primera vez, cuando Tovar se dirigió a Ilarraz y preguntó como pudo hacer para llevarse consigo a un chico de 15 años de viaje, pupilo en el Seminario, de viaje por Europa, sin la autorización del arzobispo Estanisolao Karlic. “Se necesitaba un decreto de Karlic para viajar. Pero Ilarraz se lo llevó igual, sin ese decreto. Eso demuestra el poder que tenía en el Seminario. En ese viaje también estuvo Hernán Quijano -el canciller de la curia, NdelR-, pero después Ilarraz y este chico siguieron viaje solos, rumbo a Grecia”, contó.

Y recordó también el momento cuando falleció la mamá de José Riquelme, otro de los denunciantes. “Antes de morir, le pidió perdón a su hijo por haberlo mandado en el Seminario, donde lo abusaron. Esa madre, se murió con culpa. Y al final, todos cargamos con culpa: las víctimas, las familias, menos el que tiene que cargar con la culpa, Ilarraz”, dijo.

Fue uno de los momentos en los que Tovar se quebró frente al Tribunal.

Ilarraz seguía con la misma rutina: bajar la cabeza, tomar apuntes.

Cuando el debate concluyó, y los jueces se retiraron, y los secretarios del tribunal acarrearon el volumionoso expediente de la causa Ilarraz, y ya nadie quedaba, el cura permaneció varios minutos sin salir. Su abogado, Jorge Muñoz, se retiró por la misma puerta por la que había ingresado junto a su defendido: el acceso que da a calle Córdoba, que siempre está clausurado y que se abrió especialmente hoy.

Sólo cuando el auto que lo llevó y lo retiró de tribunales estacionó, en infracción, sobre la acera izquierda, salió, raudo.

En su mano derecha llevaba los apuntes que había tomado durante la tercera jornada del juicio oral que se sigue en su contra por abusos y corrupción de menores.

 

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.