El sostenimiento económico de la Iglesia Católica depende, y mucho, de las arcas del Estado, pero el clero tiene sus propias fuentes de financiamiento, y hasta idea distintas estrategias para recaudar fondos cuando la limosna en misa decae como consecuencia de la crisis económica.

A decir verdad, la compensación económica que el Estado entrega a obispos y seminarios es administrado desde la Conferencia Episcopal y distribuido desde allí, y no llega a todos. Menos, a las parroquias de barrio, que se sostienen con el aporte de sus fieles.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, detalló en el Congreso que el Gobierno gasta más de $130 millones en mantener a los obispos, al confirmar el presupuesto para 2018. Además, detalló por escrito el importe mensual que perciben obispos diocesanos, auxiliares, eméritos y los administradores apostólicos y diocesanos:

Obispos diocesanos: $ 46.800

Obispos auxiliares: $ 40.950

Obispos eméritos: $ 40.950

Administradores apostólicos y diocesanos: $ 46.800.

Entre Ríos Ahora consultó a un vocero del Episcopado respecto de cuáles de los cinco obispos que hay en Entre Ríos perciben esas remuneraciones. “A menos que alguno haya renunciado a la asignación, todos deberían cobrar esa asignación. Es un poco menos de la cifra que se dio a conocer, porque el 5% lo aportan a un fondo solidario fraterno para los obispos que no tienen la asignación o tienen algún problema. En el caso de los eméritos es un poco menos. En realidad, no es un sueldo como quien depende del Estado y firma un recibo. El monto total va a la Conferencia Episcopal, y de ahí se distribuye. La normativa dice que es el 80% de un juez federal, pero en la práctica no es así”, explicó la fuente.

Pero la Iglesia de Entre Ríos tiene sus propios bienes:  995 propiedades. Una sola está a nombre de la Iglesia Católica Argentina. El resto se divide entre tres propietarios: Arzobispado de Paraná, Obispado de Concordia y Obispado de Gualeguaychú. El Arzobispado de Paraná tiene 573 propiedades divididas así: una en Villaguay, una en Tala, 3 en Federal, 9 en Victoria y 38 en Villaguay, las restantes 521 en departamento Paraná. El Obispado de Concordia registra, en toda su jurisdicción, 250 propiedades. De ese dos y medio centenar, 41 están en el departamento Colón, 68 en Federación, una en Paraná (pese a que no corresponde a la jurisdicción), 28 en Federal, 7 en San Salvador y 105 en Concordia. El Obispado de Gualeguaychú tiene 168 propiedades, así distribuidas: 8 en Gualeguay, 11 en Islas, 36 en Tala, 21 en Uruguay, 14 en Victoria y 79 en Gualeguaychú.

Ninguna de esas propiedades paga impuestos. Tampoco los vehículos. La planta automotriz de la Curia es importante en Entre Ríos. En total, hay 217 vehículos anotados a nombre de la Iglesia Católica que, como tal, no pagan impuestos. La diócesis de Paraná tiene 181 curas y 129 autos. La diócesis de Gualeguaychú tiene 56 curas con 69 vehículos. Una situación extraña porque implica que habría más de un auto por sacerdote, aunque hay que aclarar que esa cifra comprendería a rodados a cargo de mojas y otros religiosos. En tanto la diócesis de Concordia, tiene 45 curas 19 autos registrados, según un detallado informe que realizó el periodista Jorge Riani.

 

Aún así, en los últimos años la Iglesia Católica entrerriana ha ideado diferentes estrategias recaudatorias. Una fue la que lanzó en 1998 el entonces arzobispo Estanislao Karlic: el “100×1”, una prueba piloto de recaudación de fondos que todavía sobrevive. “Pedimos a los fieles que ofrezcan el uno por ciento de sus ingresos para compartirlo con los que más lo necesitan. A las cosas no las creamos nosotros, las ha creado Dios. El propietario es un administrador de algo que no hizo él. En todo caso, lo enriqueció con su trabajo y tiene el derecho y el deber de administrarlo para bien de todos y el suyo”, argumentó entonces.

 

En 2017, la Iglesia lanzó otra forma de conseguir dinero.

“Dale una mano a tu iglesia” fue el lema de la campaña de recolección de fondos que lanzó la Iglesia de Paraná para los días 11 y 12 de noviembre del año último, colecta que tuvo lugar en todos los templos y colegios católicos de la diócesis.

Pero todo eso, al parecer, no ha sido suficiente.

Y así pues cada comunidad parroquial arma sus propias extrategias recaudatorias

Dos casos


“Bono parroquial 2018”.

Ese es el nombre que le pusieron a lo que, en realidad, es una rifa.

La rifa fue lanzada por la Parroquia Cristo Peregrino y Santo Domingo de Guzmán, del barrio San Agustín.

El “bono”, entonces, como lo llaman, tiene un costo de $500.

El sorteo será el domingo 18 de agosto de 2018, por la Lotería Nacional nocturna.

El primer premio de ese “bono” resulta apetecible para los apostadores: $50.000

El segundo premio es un TV Smart, le siguen una heladera, un Split, lavarropas, cocina, y así, hasta llegar al premio número 15, una cafetera exprés.

Desde la parroquia dicen que lo que se recaude “será destinado al mantenimiento de la casa parroquial y a continuar con la construcción del templo y la adecuación de los espacios del predio de la parroquia”.

Esa parroquia, Cristo Peregrino, surgió en los años 60, al calor de los movimientos reformistas en la Iglesia, y con la llegada a Paraná de un contingente de dominicos irlandeses que se asentaron en San Agustín y que permanecieron en la zona hasta el verano de 2001, ante del estallido social.

Uno de esos curas protagonizó, a finales de los 90, un hecho que, de haber sucedido hoy, con el alcance de las redes sociales, habría provocado un pequeño escándalo. Fue en la inauguración de la Escuela Juan Carlos Esparza, y ante la presencia del entonces gobernador Jorge Busti.

Timoteo Mulckahy, que todavía peleaba con el castellano, se hizo entender y dijo, después de la bendición y del protocolo de rigor, que muy bien con la inauguración, que había que felicitar por las obras realizadas, pero que también había que ocuparse de las urgencias de la gente, de los chicos y los grandes, de las necesidades que no esperan, como el hambre.

La orden de los dominicos llegó en 1967, por invitación de quien entonces era arzobispo de Paraná, monseñor Adolfo Servando Tortolo, y lo hizo para atender pastoralmente la Parroquia de San Agustín, entonces en sus inicios, y cuando en la zona estaba todo por hacer en materia de evangelización católica.

“A nosotros nos marcó mucho el estar con la gente, caminar con la gente. Fueron más de treinta años viviendo aquí, en esta zona”, contó uno de los dominicos, Noel Mead, cuando volvió, en 2009, a Paraná.

Llegaron de Irlanda sin una formación en el español de estas tierras y debieron hacer un curso ultra rápido para dominar las palabras básicas. Sin haber concluido esa batalla con el idioma, un buen día debieron partir de San Agustín. Fue en el verano de 2001, un año antes de que aquí estallara la crisis social más furiosa de los últimos tiempos, y que ellos conocieron a la distancia.

En más de treinta años pasó aproximadamente una treintena de frailes dominicos por San Agustín, y a su obra se debe la construcción de varios templos —San Martín de Porres, San Agustín, Nuestra Señora de Guadalupe, Cristo Peregrino— y una amplísima labor evangelizadora que acercó a muchas familias a la Iglesia. Uno de ellos, Martín Hunter, estuvo aquí toda la década de los 90. “Me tocó sufrir la época de Menem. Mejor dicho, las consecuencias del gobierno de Menem la gente las vivió después de nuestra partida, en el año 2001. Y ahora se ven los cambios que produjo todo eso”, recordó.

De todo aquello ahora se han hecho cargo curas locales. Y de la evangelización cerca de la gente, resalta modos distintos de acercamiento, como la timba.

Un mecanismo de sostenimiento del culto al que apela otra parroquia creada por los dominicos, Nuestra Señora de Guadalupe, ubicada en uno de lo sectores más pobres de la ciudad, en barrio La Floresta, en el límite con el Volcadero.

En este caso, se trata de “un bono contribución” con una serie de premios más apetecibles. El primero, es un auto 0km.

La recaudación, dicen desde el templo, se destinará a “la realización, entre otras cosas, de la modificación de la cocina del comedor parroquial, donde actualmente se está dando diariamente la comida a más de 150 personas y de ser necesario aumentar el número de porciones diarias”.
“La idea es reformar la cocina para que sea más funcional y comprar nuevos elementos de cocina”, argumentan.

Así pues, el “bono contribución” de la Parroquia Guadalupe se lanzó con 20 premios, “y los dos principales (el auto y la moto) salen o salen”. El costo es de $ 2.000, pagaderos en 10 cuotas de 200

 

 

 

De la Redacción de Entre Ríos Ahora.